The Guilty One

The Guilty One

Los Orgullosos del Tercer Mundo

por Alien Carraz



Según algunos sociólogos muy encumbrados y sensibles a las urticarias como producto de la rotería, el Tercer Mundo es un lugar de la Tierra poblado por seres, personas y gobiernos de quinto enjuague que son el equivalente a una manada de animales humanos de medio pelo que usan el cerebro para las cuestiones apenas elementales de la sobrevivencia (sin que los demás beneficios - la cultura, por ejemplo - tengan ninguna importancia en la ecuación), y que en términos de amor propio, horonabilidad y otras virtudes, prefieren siempre apretar cachete con todos los diarios en vez de sacar solo el que pueden leer, se estacionan frente al portón de tu casa y te cagan el fin de semana, mean en cualquier parte, desbordan los basurreros con porquerías y, en general, son como una copia feliz del flaco (sin el indio) que cree que ha salido de triunfador porque un pinche monstruo solidario le tiró un par de gaviotas en vez de gritarle ¡Fome!.

Es que tras el estallido (que aún golpea, pero, mayoritariamente, en manos del lumpen y de otros antisociales que siguen reciclando las barbaries de romperlo todo) al pueblo chileno le ha dado por ser amoroso con aquellos íconos de la debilidad humana, esos pobres hombres caídos, estrellas del espectáculo que se fueron por la pendiente después de despilfarrar el lucro de una gloria corta y turbulenta.

El tercer mundo también está poblado con gente del sector oriente; grandes manadas de personas que, en el caso de nuestra angosta faja de volcanes, expresan el mismo lamento que, para ellos, define todos nuestros defectos:
¡Es una lástima que Chile no quede en el extranjero!

Es que ellos adoran todo lo que viene de alguna parte superior del primer mundo, especialmente si es de Europa o de Estados Unidos.
Uno de los males típicos tercermundistas que asola esta ínfima parte de este grano-roca que flota en una galaxia rodeado por otros 500 mil millones de planetas (O sea, de centro de la galaxia ¡nada!) es esa dolorosa falta de amor propio que vive enquistada en el confuso orgullo nacional y que nos hace doblegarnos y hasta renunciar a nuestros principios, con tal de conseguir algo, quizás una pizca de cariño o de admiración, que provenga de alguna parte del mundo superior. Así, por ejemplo, los alucinados del cada vez más decadente Festival de Viña, se trajeron a un grupo gringo musical californiano que, como muestra de su “grandeza”, se paró en el escenario con una hora de retraso. A la Quinta, llegaron 25 minutos más tarde de lo acordado, y para dar otra muestra de su superioridad manifiesta frente al populacho, tras bambalinas, el líder de la banda, un tal Levine, exigió a los presentes que no le miraran a la cara y que se dieran vuelta hacia la pared...

¿Y qué creen? ¿Que hubo protestas? ¿Que quemaron a la banda completa y al tal Levine lo colgaron de las bolas? ¡Nada! Todos mansamente a darse vuelta y contra la pared.
Me acordé de Lautaro e imaginé a Valdivia (¿O era Pizarro?) diciéndole ¡Ya indio, no oséis mirar mi rostro, daos vuelta y mirad hacia la araucaria! (en mi mente caprichosa y febril, imaginé ver la cara roja de emputecimiento de Lautaro antes de aforrarle el primer mazazo al “noble”)

Levine, el “super star”, se presentó en Viña en una facha que, si se hubiera topado con carabineros en la calle, de seguro - con el estado de nervios que hoy los domina - le hubiesen puesto unos lumazos mucho antes de siquiera perdirle el carné y lo habrían revisado entero buscando piedras, miguelitos, alguna molotov o quizás alguna antorcha (y no precisamente una de esas que regalan a cualquiera que se ponga a cantar o a contar chistes fomes en el festival).

Quiero aclarar que no soy anti-gringo. Soy anti-trump y también anti cualquier gringonada de esas que se interponen y entrometen en la vida particular y privada de los pueblos y gobiernos como si los Estados Unidos hubiese sido elegido por el Dios Universal para dictar las normas que deben regir los destinos de este planeta. No hay otro país de la Tierra con menos aptitudes, virtudes y derechos que Usa para dictar cátedras de justicia, honestidad y decoro o para arrogarse cualesquiera de las otras cualidades de excelencia necesarias para elevar exigencias y demandas morales y mucho menos para asignarse a sí mismo el derecho a querer dirigir (camuflada, solapada, disimulada o subrepticiamente) el rumbo político y económico del planeta.

Alguna vez, salió una nota de prensa en la que se leía “Empresarios estadounidenses se quejan del pobre inglés de algunos ejecutivos chilenos en las negociaciones que se hicieron en Santiago”.
O sea, nosotros, para ir a hacer negocios a Usa estamos absolutamente obligados a hablar inglés. Pero, ellos, para venir a Chile a ganar plata con nosotros, no sienten la más mínima obligación de aprender castellano...
¿Será la del burro aquel?

Los asesores de Levine asentados en la Embajada de Usa, iniciaron una especie de operación “Marron Five for Chile” para salvar las apariencias y el bochorno apenas el avispado del cantante se retiró de Viña soltando un rosario de garabatos que incluían Fucking city! (¡Ciudad culiá!, para ponerlo en contexto y tal como debería traducirse al chileno), amén de un salivante Assholes! (O sea, ¡Weones!) en dirección a todo el querido pueblo chileno que se tuvo que mamar un concierto más fome que campana de goma y con menos chispa que un esmeril de palo, y todo para ver a un Levine que no se presentó en pijamas solo porque con el desgano optó por ir como quien se viste para limpiar una fosa séptica y con su cabeza coronada con un esperpéntico corte mohicano (de esos que se hacen con tijeras para cortar el pasto).
Además, y para terminar de joderla, resultó ser más desafinado que un discurso de Pinochet con rabia.

Finalmente, los asesores y Maroon 5 se juntaron en el hotel para planificar la estrategia que los haría convertirse en buena gente, súper arrepentidos, y de paso, en amigos de Chile, enamorados de las empanadas de pino, del vino tinto, de la cazuela y dueños repentinos de varios volúmenes de Pablo Neruda, Gabriela Mistral y especialmente de Nicanor Parra, de quien pasaron a transformarse en profundos admiradores.
Después, para pasar el bochorno de los memes y las burlas que les caían como lluvia en las redes sociales, se zamparon sus buenas rondas de bourbon (whisky gringo) antes de soltar sentidas declaraciones acerca de su amor incondicional por Pablo Mistral, la Nicanora Neruda y el maravillosou Gabriel Parra.

El asesor: Repeat with me...Estábamos nerviosos
Levine: Eistavamos nervisas
El asesor: No...nerviosos...nerviosos...ner-vio-sos
Levine: Neirvoses...
El asesor: ¡Nerviosos!
Levine: ¡Nirvoses!
El asesor: ¡Putas el pendejo pa'grande!
Levine: What?
Alguien le gritó: ¡Weón, tení head of escobillón!




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