The Guilty One

The Guilty One

Fábulas de la Educación Chilena: Afrodita, la Diosa Griega del...¿Amor?

por Alien Carraz


Mi hijo, es un chico hermoso de 11 años. Es un burro encantador que no le hace caso a nada que tenga que ver con la lógica ni tampoco con el sobrevalorado sentido común. Nuestro “chiquillo de moledera” (como se decía en otros tiempos) es un animal soñador, un idealista con carnet de astronauta y bombero que aspira también a ser un asesino profesional o un ninja de esos que eliminan sin pudor a todo aquel que se interponga en su camino. Este enano siniestro y precioso adora a todos los animales y especialmente a los más feos y deformes. Tiene una colección de monstruos del tipo Godzilla y de enormes “héroes” transformer de plástico que pueden metamorfosearse en aviones o camiones y disparar bombas o lanzar rayos láser.

Además, es un especialista en la ciencia moderna de los asuntos cibernéticos y tiene una colección de juegos salvajes, de guerras o de policías y ladrones, en los que se mata a todo lo que se ve y se mueve, con una armas monstruosas que se pueden intercambiar por otras peores que asesinan por docenas en vez de una aburrida matanza de uno por uno.
¡Guau! Cuando empezó con estos juegos, mi mujer y yo quedamos de una pieza al ver la calidad gráfica que traen y el nivel de realismo que tienen. Primero, dijimos que ¡No, por ningún motivo! Después, tras leer un montón de cosas acerca de la conexión psicológica de un niño con este tipo de juegos más otras teorías del desarrollo cerebral infantil, le seguimos peleando a la autorización. Finalmente, decidimos aplicar la del “si no puedes vencer al enemigo, únete a él” y empezamos a jugar con nuestro adorado bebé con el fin de observar en detalle todo lo que ocurría con él durante las balaceras, las matanzas y el reguero de cadáveres.

En un principio, cuando jugábamos en pantalla dividida y nosotros contra él, nos daba unas palizas horribles en unos cuantos minutos. Poco a poco y después de muchas, pero muchas sesiones donde la metralla era lo único que se podía escuchar en medio de los gritos histéricos de mi querida señora, las imprecaciones cargadas a la saliva de un servidor más los groseros, vulgares y mediocres alaridos de triunfo del maldito abusador, fuimos mejorando en nuestras prestaciones y empezamos a matar enemigos de manera cada vez más eficiente, haciendo que el número de cadáveres aumentara progresivamente en las filas del enano, hasta el punto en que su siniestra risita burlona se empezó a transformar en una mueca de asombro...

Evidentemente, esta es una especie de novela ficción y la realidad es que, mi mujer y yo, nos aburrimos bastante rápido de ser asesinados inmisericordemente por este siniestro cabro de porquería. Nos dimos cuenta que usar todos los dedos al mismo tiempo en los controles es una tarea impropia de gente madura y responsable.

En fin, es un niño a toda regla y un pajarito que está en este planeta para divertirse de lo lindo al tiempo que nosotros, sus padres, nos vemos obligados a devanarnos los sesos buscando fórmulas y maneras de “enseñarle” las cosas de la vida para que el pájaro no se caiga del nido en su afán por volar a lo tonto y sin tomar en cuenta - para nada - las alturas desde donde se va a pegar el salto.
¡Cabro de mierda!

Mi hijo es juguetón por antonomasia. Gozó como chino cuando le dije que ¡por favor! no se pusiera tan leso (como el niño que estaba frente a nosotros en el supermercado y que le discutía a su mamá todo lo que ella le decía o le pedía) cuando le toque llegar a la edad del pavo y se le ocurra meterse para adentro, encerrarse en su pieza, no hablar con nadie, querer estar con los amigos en vez de con sus padres y todas las demás tonteras que hacen estos cabros cuando se arriman a los 12 o 13 años de edad.

Obviamente, y como es hijo nuestro, es más lindo que la cresta, más inteligente que la cresta y hasta más sano que la cresta.

Cuando lo pillé jugueteando con su pirula, sudoroso y con la cara roja por la excitación, logré dominar mi arranque pajero y moralista y me dediqué a darle algunas recomendaciones de cómo hacer para que el asunto sea divertido y no se vuelva una carga de consciencia o una lucha moral de esas que cuando niño nos hacen sufrir y ver fantasmas y demonios donde hay cosas que sólo son propias de nuestra naturaleza y que se despiertan de repente, así como la sed, el hambre o las urgencias de ir al baño.
Si te vienen ganas, diviértete, pero no le des demasiada importancia. Sólo trata de deshacerte de tus ganas rápidamente y no te quedes pegado en estirar el gustito. A la turula le gusta esclavizar a su dueño y obligarlo a pensar en ella todo el tiempo…”
¡Jajijija!...Una risita nerviosa fue la inmediata respuesta que le brotó a este incipiente pajero profesional. Claro que un minuto después me miró con esos ojos locos suyos que se ponen a parpadear cuando tiene ganas de llorar y me dio un abrazo: ¡Te quiero, papi!
Por el nudo de mi garganta no pasaba ni una gota de saliva. ¡Qué lindo es creer que uno es inteligente y que sabe mucho de educación paternal! (¡Já!)

Casi no me gusta recordar mis propios días de cabro chico porque obviamente hacía más embarradas que cualquier otra cosa. Por unanimidad del directorio familiar no me libraba del mote de “oveja negra” ni aunque me portara bien los restantes 364 días del año. Estaba marcado. Era un tonto rebelde sin causa, con el tino y la lucidez de un perro nuevo. No me da ninguna vergüenza confesarlo. De hecho, esta confesión me ha servido maravillosamente para no arruinarle la consciencia a mi hijo con las típicas boludeces que uno dice como “adulto”, “amo y señor del conocimiento” y con ese afán de querer corregirlo todo y tener la razón en todo. Me he convencido que reconocer debilidades, derrotas y otras carencias es fundamental para aprender a ser menos idiota. Es decir, uno, como idiota reconocido, deja de ser el modelo angustioso a seguir de un niño, y pasa a ser un buen prospecto para simplemente confiar, conversar, discutir, pelear y querer.

Claro que hay que tener mucho cuidado, porque estos gallos son pillos como la naturaleza misma: donde ven debilidad y mucho compadrazgo con el jefe, inmediatamente inventan oportunidades para meter verso, ablandar corazones y conseguir cosas sin que importe mucho lo del código, sea este moral, ético o inclusive legal. Y si el objetivo parece que no les resulta, entonces aplican la técnica de hacerse lo que hoy se conoce como la víztima.
¡Pinches cabrones!

Por otra parte, y adentrándonos en la realidad de la Educación en Chile para estos chicos, nos topamos con la cruda realidad que algunos miembros del Ministerio de Educación, directores y directoras de colegios y educadores(as) a cargo de las aulas de nuestros hijos, viven ajenos a los tiempos que corren y a las verdaderas necesidades educativas de los niños.

Tanto así que, a mi hijo cuando tenía 9 años de edad, se le pidió en la escuela, como tarea para la casa, hacer una reseña, una especie de exposición, acerca de la Mitología Griega, y más específicamente, sobre la “Diosa Afrodita”.

Para refrescarles la memoria a algunos padres que, posiblemente, al igual que este servidor, estudiaron la mitología Griega como quien ve un capítulo de una serie de historia fantástica con seres-dioses extravagantes y otras personalidades propias de la imaginación más desbordada, les dejo retazos (Wikipedia) de esta perla educacional solicitada a un niño de 9 años:

“…Afrodita nació del mar, cerca de Pafo (Chipre) después de que Crono cortase los genitales a Urano con una hoz adamantina y los arrojase tras él al mar…Los genitales fueron luego llevados por el piélago durante mucho tiempo. A su alrededor surgía, del miembro inmortal, una blanca espuma y en medio de ella nació una doncella ya adulta…”

“…Debido a su inmensa belleza, Zeus temía que Afrodita fuera la causa de violencia entre los otros dioses. Por ello la casó con Hefesto, el severo, cojo («rengo») y malhumorado dios del fuego y la fragua… La infelicidad de Afrodita con su matrimonio hizo que buscase la compañía de otros, intimando algunas veces con Adonis, aunque su preferido era Ares…”

Hefesto fue informado del adulterio que su esposa mantenía con Ares por Helios. Planeó entonces atraparlos con una red de cadenas invisibles que había dispuesto sobre el lecho, capaz de inmovilizarlos. Ares sabía que Hefesto retornaría al hogar al salir el sol, así es que prevenidamente dispuso de su secuaz favorito, Alectrión, para que le avisara. Pero Alectrión se quedó dormido. Efectivamente, el sol salió, y las redes cayeron sobre Ares y Afrodita «en plena ocasión», y quedaron inmóviles. Hefesto enfurecido llamó a todos los demás dioses olímpicos para burlarse de ellos («las diosas se quedaron en casa, todas por vergüenza»); y contrariamente las burlas cayeron sobre Hefesto: algunos dioses adoraron la belleza de Afrodita, otros comentaron que con gusto tomarían el lugar de Ares.”

“…Un aspecto universal del culto a Afrodita y sus predecesoras que muchos mitógrafos de los siglos XIX y XX han omitido, es la práctica de la prostitución religiosa en sus santuarios y templos…”

¿Qué me dicen? ¿Se dan cuenta de la importancia fundamental que Afrodita puede tener en la educación de un niño de 9 años?

Si se considera a la cultura griega como la “cuna de la civilización occidental” y, a su vez, su mitología formaba parte de la religión griega ¿Qué diablos tiene que ver mi hijo de 9 años con tamaño despelote? ¿Qué educación es esa? ¿Quién dijo que Afrodita es un tema cultural para un niño? ¿Quién es el descriteriado del Ministerio de Educación que orienta las enseñanzas “culturales” hacia las aulas de los colegios para que el tema de Afrodita pueda ser abordado por un niño de 9 años?

En el año 2017, el Ministerio de Educación compró para los alumnos de 3er año básico, 250 mil copias de un libro llamado “Detectives en el Museo: Descubriendo Misterios en la Pintura” y que trae en su interior un cuadro que es un tríptico pintado por el Bosco en el año 1500 y cuyo nombre es “El Jardín de las Delicias”. En el paisaje humano expuesto en esta pintura, que puede ser una versión del infierno y el paraíso para algún experto en arte o un crítico de esos que escriben reseñas incomprensibles en los textos especializados, se puede ver todo tipo de cosas bizarras, eróticas, derechamente sexuales y no aptas para la observación, comprensión y análisis de ningún niño de ninguna edad.

fragmento del tríptico

“… La tabla central es el Jardín de las delicias propiamente dicho y mide 220 cm de alto por 195 de ancho. La pintura representa un espacio opresivo y asfixiante poblado por una multitud de seres humanos y animales. Así, aparecen muchos hombres y mujeres, blancos y negros, completamente desnudos (con una sola excepción) y con signos de indiferenciación sexual (salvo pechos femeninos y genitales masculinos muy poco marcados), que en su mayoría están en grupos, pero también aislados. De forma explícita y rotunda, se representan todo tipo de relaciones sexuales y eróticas, sobre todo heterosexuales, pero también homosexuales, onanistas y de otros tipos. Asimismo, también se representan relaciones sexuales y eróticas entre animales y plantas. Los animales son tanto reales como fantásticos y pueden presentar un tamaño normal o ser de grandes dimensiones en relación a los humanos. Algunas aves, como el petirrojo, son también símbolos eróticos. Las plantas son numerosas, algunas muy crecidas, entre las que destacan las fresas, que junto con las cerezas, las frambuesas y las uvas, entre otras, aluden a los placeres sexuales. De hecho, en la Edad Media, "coger fruta" equivalía a tener comercio carnal y al tiempo, las frutas, en su paso rápido de la frescura a la putrefacción, simbolizaban la fugacidad del placer.”

Entonces, uno se pregunta ¿¡Quién demonios es el encargado de establecer los contenidos culturales en el Mineduc que van dirigidos a las escuelas donde estudian niños que no están capacitados para recibir “enseñanzas” con Afrodita de protagonista o para tener al surrealista bacanal del “Jardín de las Delicias” como parte de su “bagaje cultural"!?