The Guilty One

The Guilty One

SAMOROST 3


Samorost 3, es un juego, un viaje maravilloso que es necesario hacer en esta vida mucho antes de morirse.
Nos sirve para adentrarnos en una dimensión de nosotros donde la esencia de nuestros pensamientos regresa al cascarón, se vuelve sensible, ingeniosa y constructiva. Se siente el deseo de ser aquel gnomo y viajero espacial, un principito que abandona la flor y se abre a otros mundos en una búsqueda en la que solo valen las sorpresas y los descubrimientos.
Se disfruta sentir que volvemos a emocionarnos como niños en esta experiencia que, más que un juego, es nuestro propio viaje por el sueño que siempre quisimos vivir.
Mirar, observar, vislumbrar, sentir, intuir y deducir son el único camino posible para marcar, apretar y llenarse de gozo al descubrir.
En un solo plano de este juego fabuloso ocurren montones de cosas que requieren de nuestra más fina percepción para encontrar la conexión que las hace activarse entre sí. No es un juego para ganar  etapas ni vencer, es uno que solo nos sirve para maravillarnos.

https://amanita-design.net/games/samorost3.html




¡Ah, Las Biútiful! ¿Qué haríamos sin ellas?

por Alien Carraz


Habría que partir diciendo que nada de lo que aquí se diga está ajeno a la dolorosa realidad que viven muchas mujeres sometidas a la violencia física y psicológica o derechamente al asesinato, por hombres patológicamente incapacitados para la convivencia entre seres humanos. Sin embargo, no es de psicópatas, criminales y asesinos lo que me interesa relatar, sino de la otra parte de la rabia femenina que tiene que ver con su propio desarrollo como mujer, con su libertad y el desprecio del cartel que carga encima y que la pone como la señora de y asesora del hogar a cargo de la casa, pero sin sueldo ni fondo de pensión [para una “jubilación millonaria”...(¡já!)].
No soy científico, ni técnico ni intelectual. Apenas un tipo que escribe para reírse de sí mismo y de los demás egocéntricos que se toman muy en serio. Sin embargo, y a pesar de lo poco, también me alcanza para rendirle un homenaje a mi mujer, a mi madre, a mi hermana y, aparte, a todas aquellas muchachas divertidas que hacen de esta roca azul un buen lugar para disfrutar, reírse, conversar, brindar y revolcarse.
En casi todo el planeta -porque nunca faltan los países rabiosamente machistas- se ha celebrado el día de la mujer o de las mújeres, de las hembras, las féminas, las chicas o de las también conocidas como las "mero-machas" (que no es igual a “marimachas”) e incluso de aquellas que aún no pierden la categoría y simplemente disfrutan de ser las encantadoras compañeras de vida que nos ha tocado en suerte tener y con las cuales hemos podido construir un hogar, crear una familia, tener hijos, disfrutar del sexo y repasar el kamasutra, el vuelo del águila, el salto del ropero (¿ropero? ¡dije closet!), el submarino bestial y otras tantas batallas no aptas para cardíacos ni para aquellos que no han vivido la experiencia o aún no se enteran que una mujer es, naturalmente, el complemento de vida de todos nosotros los que hemos nacido hombres y que - a pesar de los tiempos que corren, las igualdades exóticas, las operaciones del bajo vientre, las transformaciones, los transplantes y otros maquiavelismos de la ciencia y la consciencia - sostenemos la estirpe sin aspavientos ni tanto desplante y seguimos encantados de ser los amantes, pololos, novios, maridos y demases de estas criaturas divinas, jodidas, evolucionadas, múltiples quehaceristas, maternalistas del materialismo, especialistas en la oferta y el gasto...y, simplemente, nos da por apapacharlas, quererlas, amarlas, cuidarlas...disfrutarlas tal cual son y con sus cosas tal cual vienen...
Que muchas no sepan estacionarse, es otro asunto. Lo que no me gusta, es verlas demasiado involucradas en la aburrida metamorfosis de mujer a hombre; en la competencia, en la rabia por la igualdad "a huevo", por querer parecerse al hombre en casi todo...por enfrascarse en hablar leseras de fútbol, por agarrarse a combos en los bares, por escupir al suelo o hasta por querer dirigir pelotones de fusilamiento o conquistar el mundo
De que tienen derecho ¡claro que lo tienen! Pero, ¿Qué va a pasar con nosotros, nuestra psique y perturbada emocionalidad, en relación a la pareja, cuando las mujeres se parezcan tanto a los hombres que nos demos cuenta que ya no nos gustan...y entonces nos empecemos a enamorar de otras “cosas”, androides, artilugios con patas, seres híbridos, cyborgs con pinta de mina deliciosa y piel sedosa de última generación, con un disco duro a modo de corazón que les haga ser amorosas, cariñosas, fraternales, solícitas, de risa fácil y tan o más más ardientes que las mujeres que, aún en estos días y a pesar de las resistencias, todavía se atreven a querer hacernos sentir muy hombres y con quienes disfrutamos de nuestra condición de machos alfa?
¿En qué nos transformaremos?
Hemos cambiado la selva verdadera por una jungla de cemento. Sin embargo, la naturaleza, aquí y en todas partes, mayoritariamente sostiene sus equilibrios de convivencia en todas las especies porque los roles de macho y hembra se conservan inalterables, y con ello se mantiene también la solidez de la estructura de cada grupo, familia, manada, cardúmen, bandada, rebaño o jauría (en el caso de los seres humanos).
Nuestra amiga, una mujer divertida, buena para batir la lengua, madre feliz y compañera abnegada y confiable, defiende su condición de dueña de casa, esclava de los deberes, sometida hasta las cachas en la multiplicidad de trabajos sin paga, diciéndole a quien quiera oírla que ella es feliz en tales condiciones; que ella ha elegido libremente tener su casa soplada, cocinar cosas ricas, meter la ropa sucia en la lavadora, ir a dejar a sus hijos al colegio y luego ir a buscarlos, hacerle su coctelito al marido cuando llega tarde del trabajo, aguantarlo cuando se le viene encima desde el ropero (¡dije closet!) y un larguísimo etcétera de otras obligaciones, labores, deberes, responsabilidades, compromisos, cometidos, cargos, tareas, quehaceres...(todos no remunerados).
¡Si será tonta! (exclama una dama que da susto)
Es que hay otras féminas que son unas guerreras fieras de la jungla de cemento y que llevan en la cartera más tarjetas que un dueño de banco, que manejan como si fueran las alfas de la calle, que firman al calce documentos del porte de una biblia, que cargan un perfume que no calienta a nadie pero que te hace sentir que son dueñas de un estatus tenso, pesado y dominante. Estas minas, no te lo pasan ni de broma si no eres el escalón perfecto para subir al paraíso contante y sonante que sigue.
¿Será? ¿O es otro de esos mitos que inventan los hombres resentidos que no tienen colmillos, ni pachorra ni enjundia ni talento (ni menos plata) para conquistarlas?
También, están las otras mujeres, las que reniegan de su condición de hembras, que desprecian la feminidad porque la consideran una gesta de sometimiento al macho, una debilidad impropia de una persona libre, una bajeza de su condición de mujer dueña de su vida. La feminidad -dicen- es para para las mujeres que no tienen autoestima, las débiles ó derechamente... para las putas.
La otra versión de la feminidad es la biológica, aquella que la describe como un simple mecanismo de la sobreviviencia de la especie. Todas las hembras animales que necesitan a un macho en la ecuación prevista para prolongar la especie, son "femeninas" cuando se trata de atraerlos, ya sea por la vía del "perfume" o ciertas posturas y actitudes muy propias de una "chica sexy". Obviamente, los animales machos - al igual que nosotros - se ponen de lo más babosos (además de "tensos" en algunas de sus partes) y, sometidos a la emoción eréctil del momento, son capaces de hacer performances increíbles como parte de su ritual de amor y conquista.
Ahí tienen, por ejemplo, a los loros de cabeza blanca que tienen la estrafalaria costumbre de vomitarse mutuamente para refrendar todo el amor que sienten el uno por el otro.
Los monos bonobos, por su parte, se lo pasan “enchufados” con su pareja a cada rato y por cualquier motivo. Para ellos, el sexo es la liberación de todas las tensiones sociales y el delicioso camino que conduce a la tranquilidad y la siesta. Claro que la matraca entre ellos dura apenas 15 segundos...¿Y cómo andamos por casa?
O sea, la feminidad es en realidad una manifestación química y orgánica que tiene un propósito muy definido. Lo que pasa es que la mujer ha extendido esta “función” fuera del período de apareamiento o de fertilidad hasta tenerlo en modo “encendido” las 24 horas del día. Hoy en día, las chicas son sexys de una forma mucho más artificial que verdaderamente, y los hombres no descubriríamos con el olfato ¡ni de broma! si hubiera “celo” de por medio.
Lo de hoy, en el sexo y la conexión macho-hembra, es un caos de señales y mensajes físicos que hacen necesario echar mano al instinto, a la buena lectura del lenguaje corporal o a una brillante interpretación de la foto y lo señalado en la pantalla en donde aparece nuestra interlocutora de Facebook. Es decir, rápidamente tenemos que decodificar y descifrar si ella es ella en realidad, si tiene los años que dice, las gracias que cuenta y que si todas las demás cosas que aparecen descritas son siquiera parecidas a la mitad de lo que vemos en la imagen.
Vivimos tiempos turbulentos donde la interpretación es la madre del cordero. Es decir, hay que saber que uno puede hablar acerca de un hombre y decir “macho”, pero, hay que tener mucho cuidado para decir “hembra” acerca de una mujer. Inmediatamente te va a caer encima el lote de féminas que reniegan de su condición de tales porque todo lo ven desde la oscura perspectiva del sometimiento, de la inferioridad, la injusticia o de la inequidad, por aquello de ganar menos que un hombre por hacer el mismo trabajo.
El Siglo 21 ha traído consigo la alta tecnología del reemplazo orgánico, de la metamorfosis instantánea, del salto quirúrgico de macho a hembra y viceversa, como también nos provee de una variada gama de adminículos inteligentes (ronroneadores y vibrátiles) que hacen las delicias de la gente floja y/o cansada de perder el tiempo con algún(a) cómplice del ring sin ningún talento ni gracia para una sesión divertida, sabrosa y orgásmica. Es que, de estos machos...pajeros, “eyaprecoces” y aburridos - dicen ellas - está lleno el planeta.
Todo parece apuntar a un mundo super tecnologizado donde la ciencia de lo virtual y las aplicaciones cuánticas nos abrirán paso a otra dimensión de una realidad absolutamente tangible, pero, a su vez, llena de los beneficios que hoy solo aplican en nuestros más encandilados y fogosos sueños. Allí, seremos los dioses del sexo y amos del mundo por lo que dura la sesión de la máquina. En ese espacio que hace realidad todo lo que ambicionamos, también se hará de carne, hueso (y todo lo demás), la mujer perfecta que habita en nuestra psique y que nos arrebata a una cuarta del ombligo. Ahí, habrán revolcones épicos, númerologías posicionales imposibles, contorsiones impropias de nuestra condición esquelética...
Obviamente, lo mismo ocurrirá para ellas. Tendrán a su disposición al hombre perfecto o a la chica de sus fantasías o lo que sea a lo que le quieran apuntar. La imaginación no tendrá límites y... la moral...¿la moral?...Pues, imagino que continuará su inexorable camino al abandono de deberes.
En fin, hoy toca felicitar a esa concentración extraordinaria de mujeres que se reunió en nuestra capital para expresar su beneplácito de estar todas juntas, desahogar su rechazo al abuso y el feminicidio, demandar igualdades de derechos, y también, entre otras cosas, exteriorizar todo aquello tan propio de una mujer (cualquiera sea su gusto y su condición de tal).
Me atreveré a decir que dentro de las cosas que no me gustaron de esta monumental manifestación fue la exhibición rabiosa de tetas por sobre los 500 cc que hicieron algunas militantes durante la marcha para demostrar su descontento feminista y también su desaforado desprecio por la autoridad de las carabineras. Un acto innecesario que significa nada y que solo encadena la gesta con la vulgaridad y la falta de talento en la aplicación de los recursos. Es la versión femenina del ponerse la mano en las bolas que hacemos los hombres para despreciar a los demás.
Creo que nunca me acostumbraré a ver la ordinariez en una mujer. Me crié entre tres de ellas y puedo jurar por lo más sagrado que nunca me tocó ver, en ninguna de ellas, algún gesto violento que yo pudiera considerar ordinario, vulgar o derechamente ofensivo.
Si de algo sirve la cultura – y aquí me pongo entre cursi y rebuscado - es para impulsar a que nuestras mujeres no desvirtúen la delicada expresión de la esencia de su naturaleza o de aquella cualidad intrínseca de lo femenino, esa particular belleza de la que están compuestas a partir de moléculas, células, átomos y otros elementos que forman curvas, redondeces y protuberancias deliciosas...
En fin, tengo montón de razones que están en alguna parte de mi conciencia y de mis pensamientos más encandilados, con dedicación exclusiva a mi amor incondicional por las mujeres.


Estrategias para Vivir Encerrados con el Covid Rondando la Casa

por Alien Carraz


Las palabras elegantes no son sinceras; las palabras sinceras no son elegantes

Lo primero que hay que decir es que no se siente bien llegar a la tercera edad creyéndose importante, tomándose muy, pero muy en serio y andarse pavoneando con la tonta ilusión de que uno sabe más que la cresta y que todos los demás son weones.

La gente grande que se vuelve grave porque tiene un ego muy serio e intransigente, va a sufrir las consecuencias del covid-19 porque nada de esa seriedad e intransigencia va a resultar necesaria ni útil para hacer que el sistema inmune se refresque, refuerce y autoregenere lo suficiente como para minimizar los efectos o mantenernos con vida.

Las personas que reniegan del payaso que cargan dentro y aspiran a encontrar la felicidad desde la perspectiva irrestricta del pensamiento adusto, militar, irreprochable, severo y riguroso, chocarán de frente con una realidad humana muy diferente que, por naturaleza aymara-arauco-española-etc (con injertos multi-étnicos de razas superiores), se pone en modo webeo cuando el fin del mundo se nos viene encima, y lo primero que asoma en su horizonte cercano son los memes de Piñera, de Mañalich y hasta se agarran para la palanca al covid-19 y a toda su hdp parentela

A la gente que no le gusta la risa porque piensa que el webeo conduce al desorden, habría que explicarle han sido los grandes serios de la historia quienes han construido el mundo de mierda que hoy nos tiene acorralados en nuestras casas con una peste rondando afuera en los patios y en los pasillos. Aquellas mentes severas, formales, graves y urgidas han sido las de los hombres al mando ansiosos por conquistar el mundo, declarar enemigos a diestra y siniestra y siempre dispuesto a matar a millones en nombre de la patria (o de la libertad, del honor y de otro montón de mentiras), mientras los tontos útiles y los más tarados de la tierra los vitoreaban y aplaudían a rabiar (“No llores por mí Argentina”). Esos presidentes, dictadores, dirigentes, dueños, amos e H'sdP, nunca se rieron de su propia estupidez, nunca se cagaron de la risa del imbécil que llevaban dentro, como tampoco nunca sintieron vergüenza de sí mismos ni rubor por los niños-compatriotas que enviaron al sacrificio.

Como muestra del pensamiento frío, grave y meticuloso que sirve mejor a las causas sucias del dinero en una cuarentena, en la ferretería Las 2 Hermanas, de Mirasol, la mascarilla, esa que es igual a la que las señoras de la tercera edad cosen con manos temblorosas y materiales muy baratos y ofrecen en $ 60, vale $ 1.000

En mi mente se asoma la figura del cuervo negro parado en la rama. Es la imagen de la avaricia. En ella puedo sentir que esta sociedad de mercado importada que nos han replicado nuestros políticos criollos a partir de Friedman y los Chicago Boys izando la bandera del Libre Mercado adjunto a la Democracia y el Capitalismo como las panaceas del mundo feliz (con las AFP como los baluartes de la jubilación en la felicidad, el descanso, el ocio y el reposo), nos ha arrinconado en un mundo precario a punto de volverse invivible porque la naturaleza que nos sostiene ya no es capaz de seguirse regenerando. El veneno de la industria de la codicia que hemos puesto en ella supera el accionar de todos sus antídotos y de todas sus metamorfosis de adaptación y evolución.

Todo se derrumbó...” (dice la canción)

La gente tonta y seria del planeta sigue eligiendo weones inútiles para el cargo. Bolsonaro, dice a quien quiera oirlo que lo de este covid-19 es una histeria colectiva y que lo que produce no es más que un “resfriadinho”.
El gobernador del estado de Puebla en México, asegura que los pobres son “inmunes” al virus. Como una parte importante de los cuates que se agarraron el covid-19 andaban de paseo en USA o Europa, este energúmeno afirma que la enfermedad es propiedad de los ricos...
¿Se habrá enterado también de lo del barrio alto de Santiago y que los pirulos del Saint George son una manga de contagiados?

Los más graves y serios de este planeta están siempre atentos a los maquiavelismos que conducen al poder y la riqueza. Einstein, tenía mucho sentido del humor y su frase “Hay dos cosas infinitas: el Universo y la Estupidez Humana. Y del Universo no estoy seguro”, nos entrega una obra de arte del sarcasmo y la ironía que nos da a entender que nuestras posibilidades de acabar con el mundo son cada vez más óptimas, serias y concretas.

¿Cómo evitamos la catástrofe?

Lo primero es reírse de uno mismo, y tras cartón, aplicar la ley de la autodefinición vía autocontemplación. Es decir, hay que encerrarse en el baño, pararse frente al espejo y observarse muy, pero muy detenidamente. Básicamente, hay que despellejarse. Poner el modo más fino de la capacidad ocular al servicio del detalle y centrarse en analizar, por ejemplo, la frente.
En mi caso personal, puedo ver que la distancia entre mi pelo y mis cejas es de ¡5 centímetros! (¡csm!)... No es mucho (pienso)...Aunque, se puede notar que tengo una curva en el hueso frontal que lo hace ser algo prominente...Eso, es bueno, porque es un indicativo de inteligencia...
No lo digo yo (aclaro). Lo dicen las estadísticas mundiales (¿Ok?)

Lo otro que me favorece es que tengo mucho pelo. Einstein, como ven, tenía una chasca impresionante. Da Vinci, también era pelucón. Platón, tenía unos rizos increíbles. Ghandi...(siempre tiene que haber un weón que eche a perder las estadísticas favorables)...

Tengo cejas prominentes (¡Ahá!)... Un indicativo de que tengo una personalidad fuerte, agresiva y que puedo intimidar a otros con el puro movimiento o curvatura de mi entrecejo. (¡Guau, eso está bueno!)

Respecto de mi nariz, es bastante recta y termina en unas fosas nasales armónicamente separadas entre sí. Tengo lo que se llama “nariz griega”. Un modelo sumamente apetecido entre las personas que quieren hacerse una cirugía nasal o rinoplastía. Solo como un alcance informativo, debo señalar que los dioses griegos tenían este tipo de nariz. También ¡vaya coincidencia! la tienen Brad Pitt, Leonardo Di Caprio, Tom Cruise y otros colegas...

Con el resto de la anatomía no es bueno seguir porque uno se puede topar con algunas estupideces que estos científicos aseguran que son rasgos distintivos de la inteligencia, pero ya sabemos que un cuerpo robusto, firme y atlético no es la gran cosa y que Schwarzenegger nunca ha sido muy brillante que digamos. Rambo, mucho menos. De hecho, se dice que todos aquellos que cultivan el cuerpo o son maricones o son muy weones.

Mejor, nos saltaremos la parte tonta de los músculos y ahondaremos nuestra concentración en aquellos otros rasgos de la inteligencia. Pero, en otro capítulo.



Los Orgullosos del Tercer Mundo

por Alien Carraz



Según algunos sociólogos muy encumbrados y sensibles a las urticarias como producto de la rotería, el Tercer Mundo es un lugar de la Tierra poblado por seres, personas y gobiernos de quinto enjuague que son el equivalente a una manada de animales humanos de medio pelo que usan el cerebro para las cuestiones apenas elementales de la sobrevivencia (sin que los demás beneficios - la cultura, por ejemplo - tengan ninguna importancia en la ecuación), y que en términos de amor propio, horonabilidad y otras virtudes, prefieren siempre apretar cachete con todos los diarios en vez de sacar solo el que pueden leer, se estacionan frente al portón de tu casa y te cagan el fin de semana, mean en cualquier parte, desbordan los basurreros con porquerías y, en general, son como una copia feliz del flaco (sin el indio) que cree que ha salido de triunfador porque un pinche monstruo solidario le tiró un par de gaviotas en vez de gritarle ¡Fome!.

Es que tras el estallido (que aún golpea, pero, mayoritariamente, en manos del lumpen y de otros antisociales que siguen reciclando las barbaries de romperlo todo) al pueblo chileno le ha dado por ser amoroso con aquellos íconos de la debilidad humana, esos pobres hombres caídos, estrellas del espectáculo que se fueron por la pendiente después de despilfarrar el lucro de una gloria corta y turbulenta.

El tercer mundo también está poblado con gente del sector oriente; grandes manadas de personas que, en el caso de nuestra angosta faja de volcanes, expresan el mismo lamento que, para ellos, define todos nuestros defectos:
¡Es una lástima que Chile no quede en el extranjero!

Es que ellos adoran todo lo que viene de alguna parte superior del primer mundo, especialmente si es de Europa o de Estados Unidos.
Uno de los males típicos tercermundistas que asola esta ínfima parte de este grano-roca que flota en una galaxia rodeado por otros 500 mil millones de planetas (O sea, de centro de la galaxia ¡nada!) es esa dolorosa falta de amor propio que vive enquistada en el confuso orgullo nacional y que nos hace doblegarnos y hasta renunciar a nuestros principios, con tal de conseguir algo, quizás una pizca de cariño o de admiración, que provenga de alguna parte del mundo superior. Así, por ejemplo, los alucinados del cada vez más decadente Festival de Viña, se trajeron a un grupo gringo musical californiano que, como muestra de su “grandeza”, se paró en el escenario con una hora de retraso. A la Quinta, llegaron 25 minutos más tarde de lo acordado, y para dar otra muestra de su superioridad manifiesta frente al populacho, tras bambalinas, el líder de la banda, un tal Levine, exigió a los presentes que no le miraran a la cara y que se dieran vuelta hacia la pared...

¿Y qué creen? ¿Que hubo protestas? ¿Que quemaron a la banda completa y al tal Levine lo colgaron de las bolas? ¡Nada! Todos mansamente a darse vuelta y contra la pared.
Me acordé de Lautaro e imaginé a Valdivia (¿O era Pizarro?) diciéndole ¡Ya indio, no oséis mirar mi rostro, daos vuelta y mirad hacia la araucaria! (en mi mente caprichosa y febril, imaginé ver la cara roja de emputecimiento de Lautaro antes de aforrarle el primer mazazo al “noble”)

Levine, el “super star”, se presentó en Viña en una facha que, si se hubiera topado con carabineros en la calle, de seguro - con el estado de nervios que hoy los domina - le hubiesen puesto unos lumazos mucho antes de siquiera perdirle el carné y lo habrían revisado entero buscando piedras, miguelitos, alguna molotov o quizás alguna antorcha (y no precisamente una de esas que regalan a cualquiera que se ponga a cantar o a contar chistes fomes en el festival).

Quiero aclarar que no soy anti-gringo. Soy anti-trump y también anti cualquier gringonada de esas que se interponen y entrometen en la vida particular y privada de los pueblos y gobiernos como si los Estados Unidos hubiese sido elegido por el Dios Universal para dictar las normas que deben regir los destinos de este planeta. No hay otro país de la Tierra con menos aptitudes, virtudes y derechos que Usa para dictar cátedras de justicia, honestidad y decoro o para arrogarse cualesquiera de las otras cualidades de excelencia necesarias para elevar exigencias y demandas morales y mucho menos para asignarse a sí mismo el derecho a querer dirigir (camuflada, solapada, disimulada o subrepticiamente) el rumbo político y económico del planeta.

Alguna vez, salió una nota de prensa en la que se leía “Empresarios estadounidenses se quejan del pobre inglés de algunos ejecutivos chilenos en las negociaciones que se hicieron en Santiago”.
O sea, nosotros, para ir a hacer negocios a Usa estamos absolutamente obligados a hablar inglés. Pero, ellos, para venir a Chile a ganar plata con nosotros, no sienten la más mínima obligación de aprender castellano...
¿Será la del burro aquel?

Los asesores de Levine asentados en la Embajada de Usa, iniciaron una especie de operación “Marron Five for Chile” para salvar las apariencias y el bochorno apenas el avispado del cantante se retiró de Viña soltando un rosario de garabatos que incluían Fucking city! (¡Ciudad culiá!, para ponerlo en contexto y tal como debería traducirse al chileno), amén de un salivante Assholes! (O sea, ¡Weones!) en dirección a todo el querido pueblo chileno que se tuvo que mamar un concierto más fome que campana de goma y con menos chispa que un esmeril de palo, y todo para ver a un Levine que no se presentó en pijamas solo porque con el desgano optó por ir como quien se viste para limpiar una fosa séptica y con su cabeza coronada con un esperpéntico corte mohicano (de esos que se hacen con tijeras para cortar el pasto).
Además, y para terminar de joderla, resultó ser más desafinado que un discurso de Pinochet con rabia.

Finalmente, los asesores y Maroon 5 se juntaron en el hotel para planificar la estrategia que los haría convertirse en buena gente, súper arrepentidos, y de paso, en amigos de Chile, enamorados de las empanadas de pino, del vino tinto, de la cazuela y dueños repentinos de varios volúmenes de Pablo Neruda, Gabriela Mistral y especialmente de Nicanor Parra, de quien pasaron a transformarse en profundos admiradores.
Después, para pasar el bochorno de los memes y las burlas que les caían como lluvia en las redes sociales, se zamparon sus buenas rondas de bourbon (whisky gringo) antes de soltar sentidas declaraciones acerca de su amor incondicional por Pablo Mistral, la Nicanora Neruda y el maravillosou Gabriel Parra.

El asesor: Repeat with me...Estábamos nerviosos
Levine: Eistavamos nervisas
El asesor: No...nerviosos...nerviosos...ner-vio-sos
Levine: Neirvoses...
El asesor: ¡Nerviosos!
Levine: ¡Nirvoses!
El asesor: ¡Putas el pendejo pa'grande!
Levine: What?
Alguien le gritó: ¡Weón, tení head of escobillón!




De Tanto Repetir lo Mismo ¿Se Harán Realidad Nuestros Sueños?

por Alien Carraz



La teoría sentimental de algún código civil imaginario señala que debemos ser buenos para lograr un escaño en el cielo (y obviamente, una inmensa mayoría de las damas presentes, más otros gentiles de buen corazón, estarían de acuerdo con este principio ético y moral), mientras que otra de las hipótesis de corte místico y celestial, nos dice que si somos malos nos iremos directamente al infierno. Algo, que muchos del colectivo ponen en duda porque buena parte del gentío cree que tanto el diablo como el mismísimo averno hace rato que ya están instalados acá abajo y justamente sobre el mismo suelo donde caminamos todos. De hecho, hasta en los comics para nerds (o sea, una basta porción de la población presente) se representa al demonio como un popular ángel caído. Para muchos, un héroe de pacotilla, con extraordinarios poderes y un apetito voraz por el dinero, la fama, los espejos, las selfies, amén de una implacable vocación política que no conoce los escrúpulos (¿Dónde habré escuchado esto (y sobre quién) en Chile?) y una facilidad extraordinaria para poner la suela de su zapato encima de lo que sea.

Ejemplares de estos demonios hay por miles y la mayoría de ellos están en las esferas del poder económico, mientras que otros están a cargo de los destinos de la tonta gente que votó por ellos.
Nuestras madres nos señalaban que vendría el Cuco y nos comería si es que no hacíamos, por ejemplo, aquellas cosas fundamentales que los niños deben hacer. Entre las principales, ser buenos con los papis. Mi hijo de 12 años -que es un encanto y nos regala amor todo el día- tiene varios demonios pegados en la pared de su pieza como si fueran esplendorosos ídolos e invencibles semidioses.

Acá, en Algarrobo (al igual que en la Conchinchina), todos sabemos que hacer una “ciclovía” que empieza en ninguna parte y termina en ninguna otra, es una inversión propia de quien entiende cero y nada de qué se trata su pega, ni en qué hay que invertir los fondos, ni cuál es el beneficio para la ciudadanía (incluidos los visitantes), ni de qué se trata el progreso de la ciudad. Lo único que se puede concluir con tal despilfarro es que se quiere hacer un flaquísimo y técnicamente equivocado favor a los condominios presentes (San Alfonso del Mar, principalmente ) con esos ¡500 metros! de ciclovía. Cualquier pista de tales dimensiones es ya un error en sí misma porque no sirve ni siquiera para empezar a calentar. Los ciclistas de mountainbike que vienen para acá se tiran un zorral de kilómetros y siempre buscando paisajes, sitios de interés, panorámicas, amén de muchas curvas, subidas, cuestas, pendientes, bajadas y todo tipo de desafíos de ese orden. ¿Qué van a hacer con 500 metros de vía, si la idea, además del paseo, es bajar la guata, afirmar el poto, llenar los pulmones de aire puro, endurecer las piernas, sacarse la rabia capitalina y hasta deshacerse del cochino smog que traen puesto?

En un país donde los alcaldes son los que definen finalmente, en un “pueblo” como este, qué es lo que se hace para el desarrollo y el bien de la gente, nuestras posibilidades ciudadanas de sacar a Algarrobo del sub desarrollo turístico (su principal fuente de ingresos) es una tarea titánica, propia de quienes, al igual que Batman o el Hombre Araña, deben plantarse un traje de super-héroe, abandonar buena parte de sus intereses personales, dejar de lado montones de horas de amor y goce con la familia, batallar en contra de los incansables especialistas en el atornillamiento al revés, sufrir lo indecible con una burocracia demodé e intransigente, andar como los weones de puerta en puerta haciéndose pedazos los nudillos para recibir portazos en la cara...además de otros 100 impedimentos que harán de la labor de ciudadano ejemplar una especie de calvario permanente con vista al mar y las rocas (ex playa).
Un horror de trabajo que está para aquellos que tienen ardientes ambiciones políticas o para esos otros devotos fervientes y generosos que, sencillamente, son más buenos que la cresta y que deberían, en vida, estar sentados a la diestra de algún dios.
Todos los demás del colectivo, favor abstenerse.

Se me hace que la fórmula para sacar adelante una tarea como la de estimular los cambios necesarios para que Algarrobo se haga cargo de su precaria realidad y encamine sus pasos hacia una coexistencia equilibradamente agradable y atractiva entre el medio ambiente, residentes y visitantes, es la de definir, ¡para solucionar!, los principales lastres históricos, carencias, fallos, equívocos y desaciertos que hacen que este balneario se transforme en un despelote y que su futuro - ya incierto - se vea además amenazado por ausencia, déficits, incompetencias, pillerías y otros males endémicos fundamentales que tienen relación con ¡la administración!, el agua, la sanidad ambiental, las playas, la circulación y... ¡Punto!.

Agrego ¡punto!, porque la peor decisión para arreglar la casa es querer arreglarlo ¡todo y al mismo tiempo!. Mi cargante y repetida sugerencia es que hay que empezar por el principio y no parar ni un minuto sino hasta que el punto N°1 de la lista de prioridades no haya cumplido con estar debida y racionalmente solucionado. Lo de la administración de la ciudad tendrá que esperar hasta que El Inútil cumpla su mandato y tenga a bien hacer uso de su retiro permanente y sin retorno.
Para todo lo demás: Nada de parches. Nada de promesas. Nada de medio pelo como letreros, instalados por meses y hasta años, que indican “Camino en Mal Estado” para avisar la sarta de hoyos más adelante...¡No, señor! La consigna es apuntar a que los hoyos ¡se tapan apenas hayan aparecido!.

Si no hay vocación ni voluntad de hacer algo como eso, no habrá posibilidad ninguna de arreglar otras cosas que son, comparativamente, muchísimo más complejas y difíciles de abordar. Como conseguir un administrador de la ciudad con vocación de servicio, conocimiento y que tenga al progreso y desarrollo global de Algarrobo como la única misión de su trabajo (no agrego probidad, honradez y alguna de las otras cualidades imaginarias que son impropias de la gente que busca el poder para alcanzar la felicidad propia) y que sea capaz de arreglar lo de Esval y la mierda que flota en el mar, por ejemplo.

Ni qué hablar de hacer otras vías de circulación para descongestionar la Costanera y hacerla caminable, junto con tener lugares periféricos a mano donde visitantes y turistas puedan estacionar un coche... O, que se atreva a lidiar técnica y científicamente con las amenazas que vienen con el cambio global que irá paulatinamente dejándonos cada vez más secos por las faltas de lluvia e incrementando indefectiblemente el deterioro de las playas hasta hacerlas desaparecer del todo y, quizás, obligándonos a transformar el agua del mar en potable y bebestible tal como están haciendo en la VI Región, en el lago Vichuquén específicamente, donde el agua ha ido desapareciendo de todas sus fuentes.

Estamos, planetariamente, hasta las masas de señales, catástrofes (incendios, deshielos, inundaciones...) enfermedades, extinciones y otros tantos males provenientes del Cambio Global, que hay que ser el Trump de los idiotas, el Maduro de los torcidos, ciegos y obcecados, el Piñera de los incompetentes, como para no darse cuenta de lo inminente, y en consecuencia, a la velocidad del rayo, hacer los cambios imprescindibles para que podamos adaptarnos a la nueva realidad y empezar a convivir con esta metamorfoseada naturaleza que nos abre el abanico de violentos y urgentes desafíos.

Voto APRUEBO Para Que Se Arrime La Sabiduría

El estallido de Octubre, nos deja a muchos inmersos en una controversial relación con el mundo político. A sabiendas que no podemos prescindir de los políticos y que nuestra percepción intelectual y emocional con ellos es cada vez más de recelo, sospecha o desconfianza, nos toca cuestionar el tipo de personas que actualmente componen el espectro político porque son los personajes carismáticos, vendedores de sí mismos, expertos en la oratoria y el verso, con títulos de abogados, ingenieros o médicos, muchos maestros del camuflaje, artistas de las volteretas, quienes están en los sillones del Congreso creando y aprobando las leyes, dirigiendo las comisiones, interpretando a su antojo las necesidades de la gente o haciendo todo aquello que a la postre ha servido para que el estallido se haga presente, la revolución de masas se vuelva inevitable y el caos institucional nos lleve a tener autoridades que, desde el presidente y hasta los ministros, tengan un paupérrimo porcentaje de representatividad ante la mayoría ciudadana.

La metodología que nos hacer elegir a los representantes instalados en la Presidencia, en el Congreso o en las Alcaldías, está equivocada.

Me explico: nosotros, la gente, votamos por las personas equivocadas porque basamos nuestro voto en la confianza o no que sintamos sobre alguien de quien, básicamente, no sabemos casi nada, sino apenas lo que nos ha vendido con su trabajo de marketing de sí mismo, sus discursos, sus apariciones en la tele y lo que los prosélitos y antojadizos medios de (des)información escriben o cuentan de él. Todo junto, forma parte de su campaña para llegar a la meta de algún escaño en el Congreso con el fin de alcanzar a materializar propósitos que finalmente se autodestruyen en medio de la lucha de poderes, las componendas, las colusiones, las tentaciones y alguna que otra bagatela que ayude a acomodar la convivencia de pactos en el Congreso y que también pueda servir para el lucimiento personal a punta de verborreas y chanchullos.

Esta forma equivocada de elegir está regida por un principio en el cual nosotros votamos por quienes se presentan y están dispuestos a luchar por sus “ideales”. Pues, déjenme decirles que deberíamos contar siempre con aquellos otros a quienes se les debería invitar ¡por ley! a participar en todo lo que lleve a la toma de decisiones que atañen al bienestar del país y de su gente: Aquellos, son esos seres humanos cuya principal motivación en la vida está en la erudición, el conocimiento, la ciencia, el saber y también en la política, pero NO en el poder.

¿Tenemos gente sabia de esta categoría en Chile? ¡Claro que sí! Tenemos una buena cantidad de personas doctas y extraordinariamente bien preparadas para establecer principios fundamentales para el desarrollo, la convivencia, la preservación y todos los demás etcéteras que componen la política, la ciencia y la tecnología al servicio de la naturaleza, de la Constitución, del país y de la gente.
Hoy, tenemos maestros, científicos, expertos y otros profesionales que dedican buena parte de sus vidas en andar de foro en foro tratando de motivarnos para que seamos conscientes del cambio climático, de la escasez del agua, de la importancia de los humedales o de muchos otros asuntos sobre los que, como ciudadanos, debemos estar alertas . Sin embargo, este estado de crisis de recelo y descrédito al que hemos llegado, hace que estos esfuerzos personales se pierdan en la indiferencia y el desinterés porque es del sentir ciudadano que tales intentos no tienen ninguna representatividad entre la gente que toma las decisiones, en aquellos que están a cargo, y que solo les apoyan con la intención de vender una imagen de “conectado” que es solo basura mediática.
Habría que encontrar la fórmula para que estos eruditos se hagan parte de la solución y estén, repito, en el ámbito de la toma de decisiones.

Sabiduría no es igual a conocimiento. Sabiduría, está en el marco del sentido común y de la naturaleza de las cosas.

La inteligencia es la capacidad de entender y hacer las cosas correctamente.
La sabiduría es la habilidad para elegir las metas que valen la pena para hacer las cosas correctas.
La inteligencia tiene que ver con el conocimiento, con el cómo.
La sabiduría tiene que ver más con los valores, con el porqué.

Con políticos solamente “inteligentes” seguiremos tropezando con las mismas piedras y encajonados en el mismo subdesarrollo.
Necesitamos gente sabia en la política para que los principios que nos rijan y las responsabilidades propias -entre ciudadanos y Estado- sean armónicos con la misma naturaleza que nos impulsa.

Desde cuando no existían los televisores, ni los celulares, ni la internet, ni nada de estas maravillas digitales “inteligentes”, se ha venido repitiendo que los males de la humanidad estaban en la falta de educación. Se creía que con “educación” se iba a poder corregir el rumbo de las cosas, que tendríamos (en el poder) gente capacitada para trazar nuestro destino ciudadano hacia una convivencia con equidad y justicia como los estandartes del mundo feliz.

Mientras más Harvard, Oxford o Stanford entre nuestras huestes políticas estudiosas y exitosas, la meta de la felicidad social se ha mantenido inalcanzable. Y ni qué decir de otros países con vaporosos políticos egresados de las demás que copan el listado de la mejores universidades del mundo. Hay más de 70 de ellas que son rusas, casi 100 chinas, 60 brasileñas, 65 indias, 12 sudafricanas, etc.
Todos los parlamentarios egresados de ahí son “cultos” lo suficiente como para granjearse buenas vidas y dar buenos discursos.
La sabiduría ¡es otra cosa!

¿Así como vamos, estaremos fritos hasta el fin de los tiempos?



Historias Coronavíricas de Ayer y Hoy

por Alien Carraz

La Marea Roja del Weonismo Mundial



Ah, qué lindo es ser Alien-ígena.
Acabo de ir al supermercado y he hecho la tediosa cola de los giles para poder acceder a gastar mi dinero (el que voy a deber) con productos caros y manoseados por potenciales infaustos portadores del covid-19 y que también sufren de la angustia, del miedo y de los otros males emocionales que cargamos encima los mortales criollos sumidos en la incertidumbre de una vida que nos ha pagado mal y nos ha condenado a ser gobernados por una manga de incompetentes en tiempos de crisis epidémica.

Increíblemente, esta pandemia ha servido para ahogar la otra epidemia social que se nos vino encima en forma de estallido y que se medio disolvió por culpa de los confinamientos, las regulaciones y restricciones en el desplazamiento y concentración de las personas.
Si no fuera por eso, tendríamos dos despelotes en uno.
En la cola, he sido extremadamente prudente y he guardado celosamente la distancia con la gente. Nada de cercanías menores a los dos metros. Mi vista la he puesto lejos del encuentro con otros ojos ansiosos por comunicar leseras o hacer preguntas tontas con la sola intención de tener algo que decir
¿Sabe usted a qué horas cierran el super?
Yo, con mi vista fija en el suelo y sordo como una tapia
(¡Grosero!) masculló en onda murmullo la vieja, simulando hablar consigo misma
Yo, con la vista fija en el piso como buscando cadáveres de coronavirus desparramados en alguna parte.
¡Pasen! - dijo el guardia con su respectivo protector buco-nasal de última generación que le daba esa apariencia de agente a cargo del arreo del ganado.
Lo mío es grave, odio las colas.

Entramos en lotes de a 10 o algo así. Adentro, no hay mucha gente y tampoco hay mucha mercadería en los estantes. Todo está caro. Busco las ofertas de “todo a $ 1.000” y queda muy pocas cosas que puedan servirme a la tonta causa de imaginar que estoy ahorrando (¡Já!).
En el pasillo de las cosas dulces, con sus envoltorios tapizados de letreros negros que indican que a duras penas son comestibles, me topo de frente con una señora (entrada en años y en carnes) que me mira como si hubiese visto al violador más degenerado de la historia. 
La doña se detiene a 5 pasos de mí. Se ajusta su mascarilla como para asegurarse que el aire que yo expelo no pueda conectarse de ninguna forma posible con el que ella respira.
Yo, vengativo y para puro joder, me ajusto el mío y la miro como si ella fuera la representación misma del covid-19.
Entonces, la vieja se apega al estante de las galletas y hace como que mira los envoltorios de algunas delicias de chocolate, pero que en una parte donde hay que buscar cuidadosamente para poderlo descubrir, trae adjunto un letrero que reza “Sabor a chocolate.
(¿Será lo mismo?)

Por mi cabeza pasan las imágenes del último discurso de Piñera y maldigo mi suerte de ser chileno.
Haciéndome el payaso, paso al lado de la horrorizada espécimen apegándome al anaquel contrario mientras la observo fijamente junto con un sugestivo entrecierro de mis ojos que es la viva insinuación de un violador dispuesto a todo por quitarle la ropa a los tirones y arrojarla al piso para satisfacer cada uno de sus más inmundos, bajos y kamasútricos instintos y de paso llenarla entera de coronavirusitos.
Con suerte la vieja no se desmaya.
Hay veces en que ser HdP resulta muy satisfactorio

La parte paranoica que el covid-19 impulsa al interior del cerebro me hace sentir que el aire dentro del supermercado es rancio y sucio. Las ganas de irme luego para mi casa me apresuran las piernas y las manos y me hacen cometer el error fatal de agarrar cosas que luego suelto como si apestaran.
Varias personas enmascaradas y enguantadas me miran desde una prudente distancia como si yo fuera un depredador con garras a punto de saltar sobre ellas.
Me restriego nuevamente la mezcla matavirus en forma de gel y les muestro mis manos. Quedo solo en el pasillo.

Por mi cabeza pasan las imágenes divertidas de la locura de ser humano y me cagué de la risa (prudentemente, para no asustar a las otras viejas que me saludaban con una leve inclinación de sus cabezas) recordando el momento en que, en el último partido de futbol que vi en vivo y en directo desde Argentina, los jugadores del Racing vs Aldosivi se saludaban al centro de la cancha chocando los antebrazos o haciendo “codito con codito” (al puro estilo covid-19). Un gesto de conciencia pandémica que parecía demostrar que, más allá de correr detrás de la pelota, los futbolistas son ciudadanos responsables y consecuentes con los tiempos de peste que estamos viviendo.
Sin embargo, la ilusión duró muy poco, porque tras aquellas muestras de civilidad importada, llegó el gol. Y con él, todo lo demás se fue a la cresta porque los “civilizados” empezaron con los abrazos eufóricos, los besos, los re-abrazos y más besos...Hasta salieron corriendo hacia la banca para estrecharse en un efusivo y nada de anti-pandémico abrazo grupal con los reservas...
¡Qué lindo es el fútbol!, ¡Qué pandemia ni que nada!, (¡Bésame el trasero, Covid!)


Fábulas de la Educación Chilena: Afrodita, la Diosa Griega del...¿Amor?

por Alien Carraz


Mi hijo, es un chico hermoso de 11 años. Es un burro encantador que no le hace caso a nada que tenga que ver con la lógica ni tampoco con el sobrevalorado sentido común. Nuestro “chiquillo de moledera” (como se decía en otros tiempos) es un animal soñador, un idealista con carnet de astronauta y bombero que aspira también a ser un asesino profesional o un ninja de esos que eliminan sin pudor a todo aquel que se interponga en su camino. Este enano siniestro y precioso adora a todos los animales y especialmente a los más feos y deformes. Tiene una colección de monstruos del tipo Godzilla y de enormes “héroes” transformer de plástico que pueden metamorfosearse en aviones o camiones y disparar bombas o lanzar rayos láser.

Además, es un especialista en la ciencia moderna de los asuntos cibernéticos y tiene una colección de juegos salvajes, de guerras o de policías y ladrones, en los que se mata a todo lo que se ve y se mueve, con una armas monstruosas que se pueden intercambiar por otras peores que asesinan por docenas en vez de una aburrida matanza de uno por uno.
¡Guau! Cuando empezó con estos juegos, mi mujer y yo quedamos de una pieza al ver la calidad gráfica que traen y el nivel de realismo que tienen. Primero, dijimos que ¡No, por ningún motivo! Después, tras leer un montón de cosas acerca de la conexión psicológica de un niño con este tipo de juegos más otras teorías del desarrollo cerebral infantil, le seguimos peleando a la autorización. Finalmente, decidimos aplicar la del “si no puedes vencer al enemigo, únete a él” y empezamos a jugar con nuestro adorado bebé con el fin de observar en detalle todo lo que ocurría con él durante las balaceras, las matanzas y el reguero de cadáveres.

En un principio, cuando jugábamos en pantalla dividida y nosotros contra él, nos daba unas palizas horribles en unos cuantos minutos. Poco a poco y después de muchas, pero muchas sesiones donde la metralla era lo único que se podía escuchar en medio de los gritos histéricos de mi querida señora, las imprecaciones cargadas a la saliva de un servidor más los groseros, vulgares y mediocres alaridos de triunfo del maldito abusador, fuimos mejorando en nuestras prestaciones y empezamos a matar enemigos de manera cada vez más eficiente, haciendo que el número de cadáveres aumentara progresivamente en las filas del enano, hasta el punto en que su siniestra risita burlona se empezó a transformar en una mueca de asombro...

Evidentemente, esta es una especie de novela ficción y la realidad es que, mi mujer y yo, nos aburrimos bastante rápido de ser asesinados inmisericordemente por este siniestro cabro de porquería. Nos dimos cuenta que usar todos los dedos al mismo tiempo en los controles es una tarea impropia de gente madura y responsable.

En fin, es un niño a toda regla y un pajarito que está en este planeta para divertirse de lo lindo al tiempo que nosotros, sus padres, nos vemos obligados a devanarnos los sesos buscando fórmulas y maneras de “enseñarle” las cosas de la vida para que el pájaro no se caiga del nido en su afán por volar a lo tonto y sin tomar en cuenta - para nada - las alturas desde donde se va a pegar el salto.
¡Cabro de mierda!

Mi hijo es juguetón por antonomasia. Gozó como chino cuando le dije que ¡por favor! no se pusiera tan leso (como el niño que estaba frente a nosotros en el supermercado y que le discutía a su mamá todo lo que ella le decía o le pedía) cuando le toque llegar a la edad del pavo y se le ocurra meterse para adentro, encerrarse en su pieza, no hablar con nadie, querer estar con los amigos en vez de con sus padres y todas las demás tonteras que hacen estos cabros cuando se arriman a los 12 o 13 años de edad.

Obviamente, y como es hijo nuestro, es más lindo que la cresta, más inteligente que la cresta y hasta más sano que la cresta.

Cuando lo pillé jugueteando con su pirula, sudoroso y con la cara roja por la excitación, logré dominar mi arranque pajero y moralista y me dediqué a darle algunas recomendaciones de cómo hacer para que el asunto sea divertido y no se vuelva una carga de consciencia o una lucha moral de esas que cuando niño nos hacen sufrir y ver fantasmas y demonios donde hay cosas que sólo son propias de nuestra naturaleza y que se despiertan de repente, así como la sed, el hambre o las urgencias de ir al baño.
Si te vienen ganas, diviértete, pero no le des demasiada importancia. Sólo trata de deshacerte de tus ganas rápidamente y no te quedes pegado en estirar el gustito. A la turula le gusta esclavizar a su dueño y obligarlo a pensar en ella todo el tiempo…”
¡Jajijija!...Una risita nerviosa fue la inmediata respuesta que le brotó a este incipiente pajero profesional. Claro que un minuto después me miró con esos ojos locos suyos que se ponen a parpadear cuando tiene ganas de llorar y me dio un abrazo: ¡Te quiero, papi!
Por el nudo de mi garganta no pasaba ni una gota de saliva. ¡Qué lindo es creer que uno es inteligente y que sabe mucho de educación paternal! (¡Já!)

Casi no me gusta recordar mis propios días de cabro chico porque obviamente hacía más embarradas que cualquier otra cosa. Por unanimidad del directorio familiar no me libraba del mote de “oveja negra” ni aunque me portara bien los restantes 364 días del año. Estaba marcado. Era un tonto rebelde sin causa, con el tino y la lucidez de un perro nuevo. No me da ninguna vergüenza confesarlo. De hecho, esta confesión me ha servido maravillosamente para no arruinarle la consciencia a mi hijo con las típicas boludeces que uno dice como “adulto”, “amo y señor del conocimiento” y con ese afán de querer corregirlo todo y tener la razón en todo. Me he convencido que reconocer debilidades, derrotas y otras carencias es fundamental para aprender a ser menos idiota. Es decir, uno, como idiota reconocido, deja de ser el modelo angustioso a seguir de un niño, y pasa a ser un buen prospecto para simplemente confiar, conversar, discutir, pelear y querer.

Claro que hay que tener mucho cuidado, porque estos gallos son pillos como la naturaleza misma: donde ven debilidad y mucho compadrazgo con el jefe, inmediatamente inventan oportunidades para meter verso, ablandar corazones y conseguir cosas sin que importe mucho lo del código, sea este moral, ético o inclusive legal. Y si el objetivo parece que no les resulta, entonces aplican la técnica de hacerse lo que hoy se conoce como la víztima.
¡Pinches cabrones!

Por otra parte, y adentrándonos en la realidad de la Educación en Chile para estos chicos, nos topamos con la cruda realidad que algunos miembros del Ministerio de Educación, directores y directoras de colegios y educadores(as) a cargo de las aulas de nuestros hijos, viven ajenos a los tiempos que corren y a las verdaderas necesidades educativas de los niños.

Tanto así que, a mi hijo cuando tenía 9 años de edad, se le pidió en la escuela, como tarea para la casa, hacer una reseña, una especie de exposición, acerca de la Mitología Griega, y más específicamente, sobre la “Diosa Afrodita”.

Para refrescarles la memoria a algunos padres que, posiblemente, al igual que este servidor, estudiaron la mitología Griega como quien ve un capítulo de una serie de historia fantástica con seres-dioses extravagantes y otras personalidades propias de la imaginación más desbordada, les dejo retazos (Wikipedia) de esta perla educacional solicitada a un niño de 9 años:

“…Afrodita nació del mar, cerca de Pafo (Chipre) después de que Crono cortase los genitales a Urano con una hoz adamantina y los arrojase tras él al mar…Los genitales fueron luego llevados por el piélago durante mucho tiempo. A su alrededor surgía, del miembro inmortal, una blanca espuma y en medio de ella nació una doncella ya adulta…”

“…Debido a su inmensa belleza, Zeus temía que Afrodita fuera la causa de violencia entre los otros dioses. Por ello la casó con Hefesto, el severo, cojo («rengo») y malhumorado dios del fuego y la fragua… La infelicidad de Afrodita con su matrimonio hizo que buscase la compañía de otros, intimando algunas veces con Adonis, aunque su preferido era Ares…”

Hefesto fue informado del adulterio que su esposa mantenía con Ares por Helios. Planeó entonces atraparlos con una red de cadenas invisibles que había dispuesto sobre el lecho, capaz de inmovilizarlos. Ares sabía que Hefesto retornaría al hogar al salir el sol, así es que prevenidamente dispuso de su secuaz favorito, Alectrión, para que le avisara. Pero Alectrión se quedó dormido. Efectivamente, el sol salió, y las redes cayeron sobre Ares y Afrodita «en plena ocasión», y quedaron inmóviles. Hefesto enfurecido llamó a todos los demás dioses olímpicos para burlarse de ellos («las diosas se quedaron en casa, todas por vergüenza»); y contrariamente las burlas cayeron sobre Hefesto: algunos dioses adoraron la belleza de Afrodita, otros comentaron que con gusto tomarían el lugar de Ares.”

“…Un aspecto universal del culto a Afrodita y sus predecesoras que muchos mitógrafos de los siglos XIX y XX han omitido, es la práctica de la prostitución religiosa en sus santuarios y templos…”

¿Qué me dicen? ¿Se dan cuenta de la importancia fundamental que Afrodita puede tener en la educación de un niño de 9 años?

Si se considera a la cultura griega como la “cuna de la civilización occidental” y, a su vez, su mitología formaba parte de la religión griega ¿Qué diablos tiene que ver mi hijo de 9 años con tamaño despelote? ¿Qué educación es esa? ¿Quién dijo que Afrodita es un tema cultural para un niño? ¿Quién es el descriteriado del Ministerio de Educación que orienta las enseñanzas “culturales” hacia las aulas de los colegios para que el tema de Afrodita pueda ser abordado por un niño de 9 años?

En el año 2017, el Ministerio de Educación compró para los alumnos de 3er año básico, 250 mil copias de un libro llamado “Detectives en el Museo: Descubriendo Misterios en la Pintura” y que trae en su interior un cuadro que es un tríptico pintado por el Bosco en el año 1500 y cuyo nombre es “El Jardín de las Delicias”. En el paisaje humano expuesto en esta pintura, que puede ser una versión del infierno y el paraíso para algún experto en arte o un crítico de esos que escriben reseñas incomprensibles en los textos especializados, se puede ver todo tipo de cosas bizarras, eróticas, derechamente sexuales y no aptas para la observación, comprensión y análisis de ningún niño de ninguna edad.

fragmento del tríptico

“… La tabla central es el Jardín de las delicias propiamente dicho y mide 220 cm de alto por 195 de ancho. La pintura representa un espacio opresivo y asfixiante poblado por una multitud de seres humanos y animales. Así, aparecen muchos hombres y mujeres, blancos y negros, completamente desnudos (con una sola excepción) y con signos de indiferenciación sexual (salvo pechos femeninos y genitales masculinos muy poco marcados), que en su mayoría están en grupos, pero también aislados. De forma explícita y rotunda, se representan todo tipo de relaciones sexuales y eróticas, sobre todo heterosexuales, pero también homosexuales, onanistas y de otros tipos. Asimismo, también se representan relaciones sexuales y eróticas entre animales y plantas. Los animales son tanto reales como fantásticos y pueden presentar un tamaño normal o ser de grandes dimensiones en relación a los humanos. Algunas aves, como el petirrojo, son también símbolos eróticos. Las plantas son numerosas, algunas muy crecidas, entre las que destacan las fresas, que junto con las cerezas, las frambuesas y las uvas, entre otras, aluden a los placeres sexuales. De hecho, en la Edad Media, "coger fruta" equivalía a tener comercio carnal y al tiempo, las frutas, en su paso rápido de la frescura a la putrefacción, simbolizaban la fugacidad del placer.”

Entonces, uno se pregunta ¿¡Quién demonios es el encargado de establecer los contenidos culturales en el Mineduc que van dirigidos a las escuelas donde estudian niños que no están capacitados para recibir “enseñanzas” con Afrodita de protagonista o para tener al surrealista bacanal del “Jardín de las Delicias” como parte de su “bagaje cultural"!?


Fábulas Ciudadanas para Leer en el Baño: Los Delincuentes del Marketing

por Alien Carraz


La empresa del retail y/o de servicios en Chile, está llena de trucos y faramañas que son parte del espíritu carterista de nuestros criollos ejecutivos comerciales que han estudiado en las universidades para ser campeones, pero que luego (tras empaparse de la realidad del mercado y pasarse a la marea roja de los vivos) se dedican a “mejorar” las fórmulas que permiten a sus empresas obtener otros dividendos (amparados por los impúdicos recovecos de la ley y en otros laberintos de la letra chica) por encima del lucro y las ganancias regulares, que ya son muchas. Tanto así, que varias de las empresas que empezaron como tiendas en Chile (¡vaya si no ganan plata!) ahora son también Bancos de Consumo: Ripley, Falabella, Paris, etc.
Ganan plata como bestias porque siempre cuentan con el inepto sentido común de nuestra mente consumista, esa porción de nuestra glotona indiosincrasia nacional que está siempre atenta a las ofertas y que va por la vida ansiosa por acumular cosas materiales.

Somos lo que consumimos.

Los estudios de mercado nos tienen medidos, calculados, desmenuzados hasta la mínima célula, y sus afiladas garras -que sólo saben hacer cariño del malo, como esos bandidos pervertidos que les corren mano a las féminas en el metro- no sueltan la presa porque ésta se ofrece mansamente al juego de creer que la plata siempre alcanza para embarcarse en otra adquisición en cuotas.

Todos, recibimos varias llamadas diarias de distintas empresas que, sin pedirnos permiso, nos invaden en nuestra privacidad (y en contra de nuestros derechos) haciéndonos ofertas de portarnos a otra compañía de tv-internet-teléfono o para ofrecernos créditos pre-aprobados o para proponernos seguros de vida o para (desde nuestro banco) tratar de meternos tarjetas de crédito o cosas por el estilo.

El marketing en Chile es, en general, no sólo inapropiado, grosero e invasivo, sino derechamente ilegal. Especialmente, en lo que se refiere al teléfono. La publicidad en internet es un despropósito en sí mismo. Cada vez que me topo en el supermercado con la marca de un producto de esos que te entorpecen ver lo que hay en una página web o en un video ¡ni cagando lo compro!
De hecho, veo el logo de la marca y me da rabia…

¿Entonces (si es que no soy el único que está mal de la cabeza) cuál es el afán de la publicidad de entrometerse en las páginas de internet y prácticamente arruinarnos la concentración sobre lo que uno quiere hacer o ver? ¿Es esta misma estrategia impúdica y atrofiada la que termina por imponer su ley hasta lograr doblegar nuestra voluntad como si se tratara de una hipnosis colectiva? ¿Es el principio de lo subliminal: Ya sabe, aquello que en apariencia no toca nuestro estado consciente pero que definitivamente influye en nuestra conducta?

Según algunos especialistas, mientras la maquinaria comercial alcanza niveles científicos para influir en la voluntad de la gente, nosotros vivimos pajareando y nos hemos vuelto flojos para analizar en consciencia el mundo que nos rodea. 
Somos como la hoja a merced del viento. Somos los veletas que vamos adaptando nuestras conductas a la voluntad de aquellos que dictan las normas (sean éstas buenas o malas, prácticas o derechamente incómodas, útiles o directamente erróneas, vivarachas o absolutamente tontas).

Al final, terminamos pagando por todo y nos hacemos parte de la masa al igual que al ganado que lo van cambiando de potrero en potrero. Los que alegamos no somos tantos y es fácil que nos tilden de “rayados”, “rebeldes sin causa” o el mote más usado para descalificar a los que defienden sus derechos: “conflictivos”. Acá, donde hay una población importante de adultos mayores, los llaman “jubilados ociosos” o “viejos recu”.

Claro que hay algunos que, con todo el derecho del mundo a protestar y exigir de las autoridades que cumplan con su trabajo, fijan su atención y concentran sus esfuerzos en aquellos asuntos que, a pesar de tener alguna importancia, NO son los fundamentales que resguardan el bien común ni protegen la vida ciudadana ni ayudan a la solución de problemas de fondo ni tampoco nos permiten empujar VERDADERAMENTE el carro que obliga a estos encargados a cumplir con las obligaciones básicas de la pega que hacen con el sueldo que les pagamos.

 Si tuviésemos consciencia del planeta que nos circunda, sabríamos perfectamente que Algarrobo es un paraíso, una especie de salvavidas para aquellos muchos que ya no soportan su estresante existencia en medio del cargante estilo de vida que impone Santiago al planeta de ansiosos que lo habita sobre la cargante carpeta de asfalto y cemento, en medio del aire contaminado, el tráfico inclemente, la inseguridad, las urgencias…todos los males típicos del caos metropolitano donde se apiña la gente…

Cierta gente, las ratas de ciudad, adoran vivir en las urgencias; aman el choclón y el despelote, sienten en la guata la adrenalina de ir sorteando autos en los tacos y disfrutando del veloz paisaje donde hay miles y miles de rostros que no se ven. 
El influjo de la calle, los escaparates, los colores, la moda citadina serpenteando en todas partes o la primavera-verano que saca a relucir las delicias de las féminas que se marketean para enseñar sus atributos, es la vida tipo de la urbe que despliega sus avideces y obliga a pensar rápido, a calcular con la cpu a toda potencia, a lamparear con muchos megapixeles, a sacar conclusiones a la velocidad de la luz…

Acá, hay veces en que ni pienso. Me siento frente al mar y mi mente se va de viaje adonde sólo Walt Disney o Julio Verne serían capaces de seguirme. Y si alguien cree que es porque tengo todo el tiempo del mundo, déjenme decirles que es todo lo contrario. Mi día se inicia a las 4:00 am y se termina a las 10:00 pm. No paro de hacer cosas, pero no invierto en tacos, ni colas, ni respiro porquerías, ni malgasto mi energía, ni vivo en alerta, ni la existencia me empuja…ni sufro de ansias por hacerme de cosas hermosas, exquisitas y deliciosas que no necesito

Acá, me ha dado por la tierra, el aire, el agua, las plantas, mis tomateras, mis lechugas, mis pinturas, mis diseños, los muebles que hago, mis escritos, los paisajes, la quebrada… y sobretodo, mi familia, esas criaturas divinas que me conectan con lo mejor que puedo llegar a ser.

Acá, he aprendido –a pesar de ser un idiota típico y monumental- que puedo mejorar. Es que me dan ganas de ser mejor.

Allá, soñaba mucho más con ser un hijoeputa,"inteligente" y bueno para ganar plata.