The Guilty One

The Guilty One

Diario de cosas que ocurren, de emociones y pensamientos



Estoy tratando de reconectarme con mi blog. Creo que paso por el trauma del idiotismo, una especie de lucha interna en la que no hay otro enemigo que el tarado que nos habita y que nos confunde con su bipolaridad. Han sido tiempos turbulentos donde la plata se vuelve el monstruo que ocupa toda nuestra imaginación y nos consume casi toda la energía. También está aquello de la inseguridad creativa, ese velo oscuro que no nos deja ver con claridad el propósito de nuestros afanes o que nos dice al oído cosas que nos perturban y nos dejan sin aplomo, sin esa certeza tan necesaria para absorber (y producir) la energía que nos empuja a seguir para adelante en vez de ponernos a pensar pendejadas y volvernos unos quijotes de porquería enfrascados en una lucha con putos monstruos imaginarios...

La felicidad, es como un orgasmo. Una oleada de placer que dura muy poco. Después viene la otra parte que no tiene ningún glamour ni gracia: ir por papel al baño y limpiarse
(Suena más feo de lo que en realidad es)...¿O no?
La vida ha estado divertida como siempre porque la mía la comparto con dos seres maravillosos + 2 allegados que tienen la gracia de ser lo que son, sin filtros, ni poses, ni cálculos. Aunque, claro, si uno se pone medio científico (o weón) y se pone a pensar que los animales también son tramposillos y tiene sus trucos para conseguir cosas de nosotros, uno puede concluir que tampoco son tan, pero tan auténticos como pareciera...¿O no?

Homero, es nuestro perro arrimado que haciéndose el weón se fue quedando y quedando hasta que casi sin darnos cuenta todos estábamos enamorados de él. ¡Pinche perro ladino! Es lindo el tonto, con sus orejotas enormes y esa mirada hermosa de ojos color de avellana que el muy pícaro sabe ponerlos como si uno fuera el ser divino que lo hace feliz...Derretirse es todo lo que uno puede hacer cuando Homero nos clava su mirada e inclina la cabeza como preguntándose ¿Es esto mi Dios?

Lorena, mi marida, está histéricamente enamorada de todo ser viviente que no sea humano, ratón o murciélago y, obviamente, adora al quiltro hasta el punto en que todo el asunto del amor pierde proporciones. Yo, me obligo a joderla conque sea más sensata porque el vivaracho del Homero sabe (o mejor digamos, ya aprendió) a sacarle el jugo al baboseo de mi chancha, y el fresco está siempre metido al medio en cualquier lugar donde ella y yo estemos juntos. No suelta nunca, y pide y pide y pide amor y más amor. ¡enfermo de cargante!

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Hoy quería escribir, pero me metí en un lío con una máquina (banco de sierra) y estoy hasta la madre con el asunto. ¡Mañana sí! (hablo conmigo mismo por si acaso)

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¡Horror de día de mierda! He amanecido con la ilusión de que mis conocidos (a quienes previamente les pedí que hicieran sus comentarios) apoyaran la causa de mi pequeño artículo acerca de los sufridos Bomberos de Chile, y...¡vaya cabrona sorpresa! ¡Nadie¡... pero ¡nadie del verbo nadie! fue capaz de poner una mísera palabra de aliento para nuestros voluntarios...¿Será que escribo como el forro y a todos les cargaron las cosas que dije? Ya no sé qué pensar. Ni siquiera mis conocidos más afines ni aquellos guerreros de las causas perdidas fueron capaces de tirar unas líneas...
Quedé marcando ocupado
Pongo el artículo aquí para ver si alguien me dice en la cara que es una porquería (o que estoy para el Nobel)...¡Madres, qué incómodo es sentirse incómodo e inseguro! 
Algunos de mis cuentos tienen 80 mil visitas...¿Cómo crestas voy a escribir tan mal así de repente? ¿Será que estoy influenciado por el weón de Alexis Sánchez que de repente empezó a jugar como si se le hubiera olvidado el fútbol? Y a Vidal ni siquiera lo ponen...¿Será una epidemia de mierda que se extiende como el sida?
En fin ¡chinguen a su madre! que sea lo que sea. Buscaré en Google alguna receta para el desánimo y me estaré cagando de la risa a eso de la 12 pm o quizás antes...
Bueno, aquí dejo el artículo:

La Heroica e Ingrata Labor de Ser Bombero en Chile



Bomberos de Chile, representa la imagen de la pésima memoria de los chilenos, de lo mal agradecidos que somos, de la poca vergüenza que tenemos a la hora de llamar a Bomberos para que nos salven la casa y, a la vez, pasar de largo cuando sus voluntarios, sus funcionarios “ad honorem” nos estiran la mano para que le demos una “lismosna” en las campañas que se ven obligados a hacer para conseguir herramientas e insumos,  no sólo para combatir las llamas, sino también para el otro sin fin de actividades en  beneficio de la gente que Bomberos hace diariamente en todo el país.

Muchos, defienden ese espíritu amateur, esa impronta generosa que tiene el voluntariado cuando se hace referencia a Bomberos de Chile. Sin embargo, en una sociedad despelotada como la nuestra donde la gente construye donde se le da la gana y las inmobiliarias meten mega-proyectos como quien hace goles de mediacancha, la labor de Bomberos es cada vez más acuciosa y sofisticada, y a la vez, requiere de mejores herramientas para solventar el combate en contra de los incendios, accidentes del tránsito y de otras catástrofes que asolan a un país sísmico, volcánico y susceptible a los maremotos, entre otras fatalidades en las que siempre está presente Bomberos de Chile.

Para todos los males que nos asolan, nuestra mente corre ágil hacia el número telefónico de Bomberos. La imagen de la abuela y el gato arriba del árbol refleja la conexión que hay entre la gente y Bomberos cuando se trata de pedir ayuda.
Me parece un total despropósito y una vergüenza que el Estado chileno no se haga cargo de sostener por ley la infraestructura de Bomberos de Chile y la renovación de su material de trabajo.

Es impresentable ver a estos hombres VALIENTES que, voluntariamente arriesgan sus vidas en el servicio público, parados a todo sol en las esquinas o en los peajes, extendiendo un tarro para que algunos, hasta de malas ganas, les tiren unas monedas para conseguir recursos.




1 comentario:

Alien Carraz dijo...

Wow¡ ¡Me ha encantado! Te felicito cordialmente. En realidad eres un gran escritor...¡Qué digo gran escritor! ¡Eres un fenómeno! ¡Felicidades!
Nota: ¡Vaya la loca coincidencia que tengamos el mismo nombre! ¡Increíble!