The Guilty One

The Guilty One

La Maldita Cultura

por Alien Carraz



En este mundo de porquería hay muchísima gente que sufre los impúdicos ataques de un ego de dimensiones colosales, un virus violento y seductor, que imposibilita al organismo mental de disfrutar de las cosas comunes y corrientes como si fueran tal cual son, y que obliga al espíritu (encadenado al portador), a transformar las emociones y pensamientos en intrincados pasadizos por donde no se puede circular sin chocar con los muebles ni sufrir delirios de persecución o imaginar remodelados castillos en el aire como piezas de artillería siempre dispuestas a una guerra fratricida.
¿Se entendió?
Nada más pretencioso que la visión antojadiza de un puto experto afeminado tratando de explicar lo inexplicable como un cuadro tipo vómito surrealista que algún pintor con graves problemas emocionales ha desparramado sobre una tela…que la perspectiva, que el trasfondo psicológico de la obra, que la magia intrínseca del movimiento, que el azul destellando en el horizonte…¡paja pura! verborrea transformada en verso para los otros pretenciosos que también quieren aparentar, a pesar de no cachar nada de lo que significa la pintura ni tampoco tener la más mínima conexión cierta con ella.

Los medios de comunicación y sus programas envasados a las carreras, promueven distorsionados conceptos e imágenes del arte que no son más que sucedáneos de moda o jurel tipo atún o cualquier otra inmundicia disfrazada de belleza, como más de alguna de las obras cubistas de Picasso


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“En gustos no hay nada escrito” dicen casi siempre los que confunden obras de arte con cualquier bazofia. Así también, Salvador Dalí, tuvo sus momentos de “gloria” y quiso exteriorizar sobre una tela aquello que ocurría al interior de sus pesadillas


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Ayer, y tras 103 años de joda por ser él mismo, por no dejarse seducir por los traicioneros pantanos de la fama ni los impúdicos anhelos de la lisonja, Nicanor Parra, se mandó cambiar a una mejor vida y nos dejó sumidos en pensamientos confusos y bajo la garúa de un llanto raro de esos que invitan a reír. Es que a Don Nica no se le puede tomar demasiado en serio porque él nunca lo hizo con nada ni con nadie, y mucho menos consigo mismo.
Parafraseando a Rodrigo Cortéz, tengo que decir que no sé nada de Nicanor Parra y que me carga cuando algún periodista, relator o cantante se refiere a él como el “antipoeta”, porque al utilizar este epíteto cargante nos quieren dar a entender que saben quién es, que lo conocen, que lo leen, que hay complicidad con él, que están muy al tanto de su obra...
Me causa envidia no haberlo conocido.



                                               Epitafio

De estatura mediana,
Con una voz ni delgada ni gruesa,
Hijo mayor de profesor primario
Y de una modista de trastienda;
Flaco de nacimiento
Aunque devoto de la buena mesa;
De mejillas escuálidas
Y de más bien abundantes orejas;
Con un rostro cuadrado
En que los ojos se abren apenas
Y una nariz de boxeador mulato
Baja a la boca de ídolo azteca
-Todo esto bañado
Por una luz entre irónica y pérfida-
Ni muy listo ni tonto de remate
Fui lo que fui: una mezcla
De vinagre y de aceite de comer
¡Un embutido de ángel y bestia!


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