The Guilty One

The Guilty One

Cómo Ser el más Grande sin Saber Leer ni Tampoco Escribir

por Alien Carraz


Todas la autoridades nuestras a cargo de cualquier oficina, departamento, alcaldía o ministerio, no podrían ejercer el cargo si no tuvieran –como mínimo- el cuarto medio rendido o alguna carrera que avalara que saben algo o que tienen suficientes habilidades (¿me estái hueviando?) respecto del puesto que ejercen.

Piñera, quiere que todo el personal ministerial en servicio activo en su Gobierno, sea un conglomerado de profesionales técnicos expertos, capaces de cachar todo lo que se debe  cachar, y a la vez, sean idóneos para crear, planificar, prever, organizar y hacer lo correcto, preciso y necesario, en vez de la “lamentable sarta de improvisaciones y equívocos” que los esbirros de la Doña (pronúnciese Bachelet)  se han mandado con tanto esmero en los últimos 4 años.

Con guitarra, la cosa cambia. Ya sabemos que los grandes oradores, esos que logran el puesto a punta de verborreas expertas y salivazos que lo salpican todo, muy pocas veces refrendan en la pega lo que abundaba en sus discursos.

La pregunta que yo me hago es ¿Cambia la cosa cuando los “servidores públicos” son lindos y bien tenidos, y en vez de haberse quemado las pestañas en algún post grado de cualquier universidad nacional, estos sabelotodo se fueron de máster en Harvard, Stanford o Cambridge? ¿Hay alguna garantía de probidad con estos muchachos tan bilingües y bien instruidos?

El planeta ha sido testigo de los grandes descubrimientos de connotados científicos devanándose los sesos por sacar al hombre de la oscuridad o la insanidad física con inventos notables como la electricidad por un lado y la penicilina por el otro. Otros hombres con otras inteligencias y sabidurías, ayudaron a extirpar el primitivismo y las tinieblas de las mentes para hacer de la filosofía el arte de pensar y buscar las respuestas acerca de la existencia,  el conocimiento, la belleza, la mente, la moral, la muerte… amén de otras tantas cosas.

Para consternación de todos nosotros y de aquellos que se entrampan por no haber estudiado alguna carrera, y que se limitan por no haber cursado el cuarto medio, déjenme contarles que el más grande de todos los sabios filósofos que ha puesto un pie en esta Tierra, Sócrates, NO sabía LEER ni tampoco ESCRIBIR .



Para entender la significancia de Sócrates entre los otros sabios de la época y de todas las épocas, basta leer lo escrito por el segundo más grande, Platón, con quien Sócrates y Aristóteles fundaron las bases de lo que es hasta el día de hoy la filosofía occidental:

“Doy gracias a Dios por haber nacido griego y no bárbaro, doy gracias a Dios por haber nacido hombre y no mujer, doy gracias a Dios por haber nacido libre y no esclavo,  pero por encima de todo  agradezco a Dios haber nacido en el siglo de Sócrates”.

Seguramente, a Piñera le importará un pucho lo de Sócrates. Y, a lo mejor, tampoco le interesará, a la hora de reclutar expertos para que nos saquen de este oscurantismo burocrático (y municipal), que, Thomas Alva Edison, inventor de la ampolleta y el fonógrafo (entre otros miles de  inventos) cuando niño alcanzó a estudiar en la escuela apenas 3 meses antes de ser enviado de vuelta a su casa acusado por el señor director de “estéril e improductivo”. Su madre se transformó en su maestra. De ahí en adelante todo fue un “hágalo usted mismo” para Alva Edison y con ello pavimentó su camino hacia la genialidad.

Posiblemente, Piñera, pensaría en grandes ingenieros si tuviera que lidiar con asunto aeronáuticos. Así también lo pensaba William McKinley, presidente de USA de la época, cuando confiaba en que la primera máquina voladora sería finalmente inventada por el gran ingeniero, astrónomo, físico e inventor Samuel Langley. Sin embargo, fueron los hermanos Wirbil y Orville Wright, unos autodidactas que nunca pisaron una universidad, los que a punta de cachativa y mucho esfuerzo, lograron desarrollar el primer avión y además construyeron el motor que lo puso a volar.

Hoy, en este siglo cibernético, se puede aprender a hacer casi cualquier cosa sin tener necesariamente que pasar por una escuela de especialistas. Es cuestión de escribir al principio la palabra “¿Cómo…” en el computador, y se desplegará un sinfín de posibilidades. Revise las respuestas que repiten la misma fórmula varias veces y…aplique. Así hicimos, mi mujer y yo, para construir nuestra casa de 100 m2 que estamos ya a punto de inaugurar y que nos quedó ¡hermosa, cómoda y confortable! Y que, además, nos costó menos de la mitad de lo que nos cobraba un constructor.

Una cosa es ser un ingeniero, científico, arquitecto o médico, y otra muy diferente es dirigir un ministerio. No hay garantía alguna, en términos de habilidad administrativa o política, en la gestión de un profesional universitario. De hecho, la gran pifia de Piñera en su primer mandato fue justamente confundir la “tecnocracia” con la administración gubernamental.

Sócrates, dijo sobre sí mismo: “Sólo sé que no sé nada”. 
¿Cuántos políticos se atreverían a decir tal cosa?




No hay comentarios: