The Guilty One

The Guilty One

Del libro de Johnston: “Cómo se Hizo Donald Trump”



     En 1988, el periodista estadounidense David Cay Johnston viajó a Atlantic City para entrevistar a Donald Trump, multimillonario y negociante, dueño de casas de juego y magnate inmobiliario.
El personaje le pareció un “fenómeno central de la cultura estadounidense”. 30 años más tarde, Trump es el presidente de ese país.
En 2016, no mucho antes de las elecciones, Johnston publicó el libro “Cómo se hizo Donald Trump”. Para ello echó mano de toda la información acumulada en su acucioso seguimiento del personaje durante tres décadas.
Documentos, entrevistas, artículos. Lo hizo –según dice- para que sus compatriotas votaran sabiendo que, a todas luces, Trump no calificaba para presidente del país más poderoso del mundo. Pero igual lo eligieron.

Se trata de una investigación exhaustiva e implacable sobre la conducta y el estilo de Trump en los negocios, pero que también –es inevitable- lo desnuda como ciudadano e individuo. Y no parece un tipo de fiar. Y lo muestra, sobre todo, como un ideólogo y propagandista de sí mismo.
Podemos ver -siempre con datos y fuentes comprobables en la mano- cómo piensa y actúa Donald Trump en todos los ámbitos. Con el dinero y con las mujeres. Su racismo y misoginia no son novedad.

El actual mandatario no está feliz con el trabajo de Johnston y lo ha amenazado muchas veces con demandarlo.
Mi libro se ha publicado en 10 idiomas”, señala por su parte el autor, “y nadie ha señalado ningún error”.

Una máxima de Johnston es: “si tu mamá te dice que te quiere, verifícalo”.
Una máxima de Trump es que en los negocios (y en todo aspecto de la vida) un arma imprescindible es la venganza: si te golpean, golpea más fuerte.
Caliente o fría, igual es uno de sus platos favoritos.

No le falta sadismo: ha confesado disfrutar con la desdicha de sus enemigos, rivales o contradictores, sobre todo si la ha provocado él mismo. Aunque sean sus parientes. Y agrega “me encantan los perdedores, porque me hacen sentir satisfecho de mí mismo”.

Vanidoso, ignorante y mentiroso, Trump se las ha arreglado para salir bien parado de los muchos entuertos judiciales con miles de millones de dólares en juego en los que se ha involucrado gracias a su habilidosa deshonestidad. Sus impuestos son todo un tema. Su capacidad de intimidar y manipular a las personas, también. Leer “Cómo se hizo Donald Trump” es, al mismo tiempo, un ejercicio de cómica incredulidad. La desfachatez de este “adolescente narcisista de setenta años” (como lo han llamado) consigue hacernos reír de indignación (extraña mezcla).

Muchas veces, Trump difundió noticias falsas de sí mismo. ¿Cómo? Telefoneando a periodistas y fingiendo ser un tal John Baron o John Miller, supuesto portavoz de Mr. Trump y dispuesto a revelar intimidades de su patrón. Por otra parte, y hace un par de décadas, hizo este mismo truco narcisista, insinuando que tenía una aventura amorosa con la cantante y modelo italiana Carla Bruni.

A veces, Johnston –que en el 2001 obtuvo el premio Pulitzer de periodismo por otra investigación- suena tan farsante como el personaje de su libro. Dice que él y Trump se parecen en algunas cosas, pero que la gran diferencia es que él venera la honestidad, mientras Trump sólo venera el dinero, el poder y el “triunfo” a como dé  lugar: Trump, siempre quiere más.
Por ahora, observémosle -con el alma pendiente de un hilo- cómo gobierna a los Estados Unidos (y a una buena parte del mundo) desde la Casa Blanca.


La perspectiva que se abre tras cada nueva aparición de Trump en la escena política es un aviso que nos señala que la estabilidad de los Estados Unidos frente al resto del planeta se ve seriamente amenazada porque gracias a estos gestos son mucho mayores los daños que las fortalezas y porque el tono supremacista de Trump, su ignorancia, su falta de tacto, su prepotencia y ese estilo de “Emperador Global del Mundo” son la fuente de inspiración de los más peligrosos detractores y enemigos de los Estados Unidos siempre dispuestos a inmolarse con tal de llevarse por delante a cualquier estructura o monumento, a cualquier ciudadano o a cualquier símbolo que represente a cualquier icono de la cultura estadounidense.

Igualmente, y al interior del país norteamericano, crece un sentimiento anti trumpista que puja por conseguir la destitución del presidente, ojalá antes de que éste consiga enfrascar a los Estados Unidos en alguna guerra absurda como, por ejemplo, con Corea del Norte.
La inteligencia emocional de Trump es peligrosa, aún peor que la de Kim Jon-un.



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