The Guilty One

The Guilty One

Corazón de Mujer

por Alien Carraz



No había motivos para dudar. Sin embargo, Manuel, estaba preso en medio de una tormenta de emociones que lo hacía temblar de rabia y a la vez engendrar oscuros pensamientos.
Él, no la quería, y punto. No había nada más que hacer ni que decir. Ella, era una mujer estúpida como todas las que alguna vez se habían cruzado en su vida y que no cesaban de ponerse a su alcance como si fuera un castigo bien merecido por llevar una vida al filo del abismo y nunca hacerse cargo de nada ni de nadie y preferir la loca aventura de echarle siempre para adelante, sin mirar atrás y sin importar el dolor que dejaba su paso en la vida de otras mujeres que se entregaron a la tonta y triste experiencia de quererlo, amarlo, sentirlo, gozarlo y luego depender de él …

¡Qué estúpido es depender de alguien! –se dijo, escupiendo al viento con rabia.

Sentado en la roca al borde del abismo, contempló el paisaje de luces de la ciudad allá abajo a cientos de metros de distancia. Sentía desprecio por los débiles. Odiaba a los cobardes que se aferran a las cosas como si dentro de ellos no hubiese nada capaz de sostenerlos.

¡Maricones! ¡Eso es lo que son…unos putos maricones!

¿Y eso qué tenía que ver con ella? – su cerebro buscó una salida para su propia pregunta
¡Eso -se dijo- tenía que ver con la idiota que se deja embarazar como si no supiera que su tonta vida se va a echar a perder de ahora en adelante… y todo por andar de enamorada…de calentona … inventándose un puto amor de película…entregándose a un sueño poético de mierda …

¡Qué imbécil! 

Le dieron ganas de abofetearla. La imaginó desnuda, ardiente, ansiosa, exquisita…Y luego la vio gorda, panzona, deformada por un bicho de porquería metido en su barriga y que, una vez afuera, acabaría con su belleza, le chuparía la sangre, la leche…le desfiguraría las tetas…esas tetas deliciosas que le encanta besar y mirarlas…que todavía son ardientes y dulces…que todavía son de ella la gata salvaje que adora que se las bese…que ama ver la cara de su hombre cuando las contempla con un éxtasis casi infinito…

¡Maldita mujer tonta! –volvió a escupir con furia 

¿Amar…querer? ¡Nada! ¡Vivir, gozar y vivir! Echarle para adelante porque la vida misma es un sueño que no dura sino hasta el sueño que viene! ¡No hay eternidad…no hay garantías…no hay tiempo para quedarse pegado en una puta emoción dolorosa…¿¡Para qué!? ¿Con qué fin? ¿Para qué voy a sufrir echando de menos algo o a alguien que no me pertenece?

¡Mujer tonta! –repitió, apretando los puños

La vio nuevamente…desnuda…feliz…con esa risa loca que le hacía hervir la sangre…La vio correr por la playa dando brincos mientras su risa apagaba el sonar de las olas y llenaba el aire de una música sublime y ardiente…esa risa que acallaba el hablar del mundo…de la gente, de los pájaros, del mar…

¡¡Idioootaaaa!! –su grito, atravesó la noche como una daga filosa que se clava en la carne

Allá abajo, sentada en la fría banca, ella acunaba sus brazos como si meciera a un bebé. Le pareció ver una dulce carita preciosa que la miraba como sólo un niño es capaz de contemplar a su madre.

El viento helado la hizo estremecerse. Miró a lo largo de la calle que se alejaba hasta perderse en la oscuridad, acomodó la mochila en su espalda y con el miedo de llevar el corazón alegre pero el alma compungida, dio el primer paso, el más difícil que había dado nunca en sus 15 años de vida, y se adentró en la noche…



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