The Guilty One

The Guilty One

Una(o) que está Exhausta(o) de ser Mujer después que Nunca quiso ser Hombre

por Alien Carraz


      Chelsea, era Matthew, y Matthew, era un chico raro, un drag queen inglés, una reinona al que todos conocían como Miss Malibú. Un hombre que se transformaba en chica glamorosa con enormes tacones y meneando su cuerpo de modo ondulante y sensual como cualquier artista vedette del escenario que quiere lucir su condición de mujer hermosa y deseada por los hombres.

      Sus neuronas rosas en estado de ebullición entraban en cortocircuitos frente a su condición de hombre, porque, Matthew, como tantos otros que nacieron hombres pero que sueñan ser mujeres, buscaba desesperadamente metamorfosearse completamente en Chelsea y transformarse en una chica rubia y sensual con senos turgentes y un trasero capaz de “enamorar” a los hombres, incluso a aquellos que aman acariciar y hacer suyos todos los cuerpos, incluidos los de los y las transexuales primerizas, inexpertas y sensibles (¿O dije calentonas?).

      La vida de Matthew transformada en Chelsea, no fue para nada lo que él-ella pensó que sería. Empezó a descubrir que una chica sucedánea, una híbrido culona, podía estar únicamente en el escaparate perfecto para los hombres cachondos que buscan revolcarse en el placer y la lujuria donde no hay muestras de amor, ni flores, ni cenas ni invitaciones de familia. Lo más que ella podía conseguir de los hombres era despertar el deseo lascivo, las calenturas morbosas o el sexo escabroso y hasta violento.

      Desde hace algunas semanas, con 30 años encima y 7 años después de cambiar de sexo, Chelsea, quiere regresar a su antigua forma masculina. Ser deseada por hombres ansiosos y mórbidos, amén de sus mínimas posibilidades de llegar al altar de la mano de un chico buena gente, le hicieron darse cuenta que lo que seguía para adelante en su condición de híbrido femenino no tenía visos de ser alentador ni la felicidad asomaba en ninguna parte de su horizonte. Declaró sentirse extenuada(o) del diario esfuerzo por ser mujer, por desplegar su personalidad femenina frente a los hombres, por su cotidiana lucha para ser aceptada(o) e inclusive, por tener que maquillarse cada mañana y disfrazar las señales de su ambivalencia sexual.


      Cerca de US$ 20.000 cuesta un cambio de sexo en Inglaterra. Chelsea, alega estar en una situación mental y emocional crítica, y le pide al Estado inglés que se haga cargo de la cuenta porque la depresión y la ansiedad no le permiten trabajar. Sin embargo, los ingleses de la calle no están de acuerdo. Algunos alegan que si quiere ser hombre nuevamente que empiece por asumir su condición de transexual y deje de maquillarse y de andar luciendo las tetas para calentar a otros hombres. De esa manera (y sin pensar en conquistar a nadie) podrá conseguir un trabajo y equilibrarse emocionalmente (dicen). Otros, le piden al Estado que no se haga cargo de nada porque si le pagan a alguien por estar extenuada(o) en su condición de transexual arrepentida(o), entonces (grita uno) “¡que me paguen a mí que estoy cansado, agotado y extenuado de ser pobre!”.



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