The Guilty One

The Guilty One

Fábulas de Futbol

La Maldita Suerte
por Alien Carraz

        Definitivamente, tener SUERTE parece ser un requisito fundamental para soportar los vaivenes de nuestra incomprensible existencia sobre este planeta, una roca azul que se desplaza de manera demencial alrededor del sol a una velocidad igual a 108.000 kms por hora, y que también -para terminar por batirnos la masa enfefálica absolutamente- gira sobre sí misma a 1.670 kms/h, mientras que el Sol, a su vez, vuela a través de la galaxia a más de 70.000 kms/h. ¡Una locura absoluta!
     
      Se necesitan enormes cantidades, grandes dosis de SUERTE para sobrevivir -sin estrellarse- en estas circunstancias tan surrealistas e inverosímiles. Mientras algunos -en medio de este periplo demencial- disfrutan de las mieles de un azar que siempre sopla a su favor, hay otros que creen sufrir las maldiciones de la “mala pata” y se ven, las más de las veces, enfrentados a las vicisitudes y los altibajos de una existencia antagónica, cruel, casi conspiradora. Claro que esta suerte no es amiga íntima de las circunstancias, solamente.
    
      Es decir, no es que uno pueda tener buena o mala suerte sólo porque sí. La mala fortuna, es también, y además, el resultado del negativismo, esa viscosa oscuridad emocional en la que uno se desliza ocasionalmente (o muchas veces), y que por lo general se transforma en una odisea, un pérfido viaje a los rebotes cayendo por una escalera que baja hasta un abismo insondable muy parecido al infierno. ¿Se invita a la mala suerte? ¿Se atrae? ¿Puede uno ser un receptor natural de esta suerte perra? ¿Existe esa fuerza electromagnética, aquella energía negativa que producen nuestros pensamientos y que inclina la balanza de las cosas para el lado del error y la fatalidad?
     
      Un claro ejemplo de la repentina invasión de esta negatividad hipnótica en nuestra mente, está en la maldita inconsistencia que se apodera repetidamente de una buena parte de nuestros bien remunerados jugadores de futbol, esas estrellas de la pelota que cuentan lingotes y que pasean sus atléticas posaderas en coches de lujo y asientos de cuero. Esa inconsistencia (que algunos forofos y principiantes confunden con la mala suerte) es la irregularidad, la intermitencia; una especie de titubeo mental, técnico y táctico que ocurre por culpa del libre albedrío de los pensamientos y las emociones dentro de la maldita humanidad que cargan encima los 11 protagonistas a cargo de atajar, defender, distribuir o atacar con la pelota, y quienes no tienen nada más que hacer en la vida -¡Nada!- que no sea dedicar muchas horas del día -¡todos los cabrones días!- a la practica del control, el acarreo y el pase de la pelota, amén del desarrollo de las habilidades corporales, hasta el extremo de metamorfosearse en unos condenados atletas, unos dechados físicos, unas máquinas capaces de correr entre 10 y 12 kilómetros durante los 60 minutos reales que dura un partido.
      
      Los viejos zorros del futbol señalan que los despistes ocurren debido a los lapsos de “desconcentración” que sufren los jugadores. “Nadie puede estar concentrado al 100% durante los 90 minutos”, dicen. Lo peor es que muchísimos partidos se pierden por un ínfimo instante de dispersión mental, por el segundo en que la máquina comete el milimétrico error de cálculo, a dos metros del arco rival, y la pelota se va derechamente al poste en vez de al interior del rectángulo. A esta circunstancia, suena mejor llamarle “mala suerte” que equivocación, incompetencia o derechamente: una cagada mayúscula.
     
      La suerte, la mala suerte y la incompetencia se entrecruzan: "El delantero, que recibe de rebote la pelota rechazada por el arquero en el suelo, dispara al centro del arco desguarnecido. Justo en ese instante, su compañero de equipo -que está en la trayectoria de la pelota- en vez de hacerse a un lado, salta y la cabecea, desviándola por sobre el travezaño". La suerte está del lado del arquero tirado en el piso. La mala suerte está del lado del delantero que dispara, y la incompetencia está del lado del idiota que metió su cabezota.
      
      Duele la vista ver a alguna de las super estrellas cometiendo errores de principiantes. Es como si al Dr. House se le fuera la mano -por un despiste de bisturí- y dejara de barítono a un tenor en una cirugía de un varicocele en el testículo izquierdo. ¿Mala suerte? ¡Mis narices!




Cristiano Vs Irina


        El “Comandante Cristiano”, ha sufrido las pataletas propias de quien no encuentra mansedumbre en la porfía galesa de Bale a la hora de apuntarle al arco en vez de pasarle la pelota a él. La lucha de 7 años y más, que lo enfrenta a dormir a los saltos pensando en hacer más goles que Messi, es casi un viaje en la angustia que se disimula muy bien en las ceremonias públicas con un Balón de Oro para llevar a casa. Dicen que hasta Irina se cansó de estos delirios. Que ya estaba harta de tanta maldita tensión por culpa de la pelota, los balones de oro y los Egos monumentales (incluído el suyo propio, por supuesto).
      
      El ADN de la chica -una estructura (de carne, huesos y contratos millonarios) deliciosamente bien organizada- apunta a las cumbres borrascosas del éxito infernal y la exhibición de piernas, caderas, glúteos y bubis (amén de ropa) sobre las pasarelas más chics y sofisticadas del planeta, donde no se consigue 'american clothe' (en fardos) ni de broma. En ella, habita un carácter de mujer de empresa que no tiene sitio en la maternidades, los pañales con caca o en los tés con la suegra. Lo suyo, es el planeta exhuberante, refinado y cosmopolita de la moda, y no las gradas de los estadios en donde prima el olor a sobaco y los gritos destemplados.
     
      “Odio a las zorras que piensan que son los trozos de mierda más sexys sobre la tierra, cuando en realidad simplemente parecen haber salido del culo de una vaca”, escribió en su momento Irina en una red social, dirigiendo sus flechas envenenadas a una supuesta amante de Cristiano. Otros faranduleros, con la frialdad simétrica de quienes no creen en nada ni en nadie, especulaban que lo de Irina & Cristiano fue el cálculo de una relación basada en la conveniencia, mucho más que en el amor. Mientras que a la modelo (como novia del astro deportivo) le llovieron los contratos, Cristiano (con el aporte acompañador del talante y la belleza física de la modelo rusa), logró implementar para sí mismo la imagen perfecta de un modelo de hombre, de una estrella, de un millonario y de un seductor.





¡No Gracias, No Voy a los Estadios!



     Definitivamente, el futbol no es todo en la vida para un tipo como yo que se despierta pensando en encender la laptop para rechequear la hora de los partidos importantes y programar el día para que el trabajo no se interponga en los horarios destinados al regocijo de ver futbol. Claro que siempre está la opción de grabar los encuentros cuando lo de verlos en directo se vuelve una tarea imposible. Si todo fuera futbol en mi vida, iría a los estadios.

      Es que, como oriundo natural de la América de todos (o sea, el Continente) le he perdido absolutamente el gusto a toda la cargante cadena de desafortunados eventos que significa abandonar la comodidad de mi pantalla full HD para salir a la inseguridad de la calle y tener que lidiar con la insolente realidad de un tráfico indecente, el loco frenesí de la vía pública en dirección al estadio, el desquiciado manejo de los descerebrados que tratan de adelantarme (y que cuesta un huevo, rabias y reiterados riesgos de topones, no dejarse), la fila interminable para cruzar la boletería y llegar a los estacionamientos, el temor siempre latente que un psicópata del otro equipo me raye el auto (o me lo robe), o el de encontrarme a un animal con cara de perro rabioso, enorme y musculoso, ocupando el asiento que tiene mi número...


      Son demasiadas porquerías para ir a ver un partido en el que tienes que estar absolutamente concentrado, con la vista clavada en la pelota y una mirada periférica como para vislumbrar las demás cosas que ocurren sobre el campo de juego. Todo pasa tan rápido que si pestañeas ¡te jodiste! No vas a saber de detalles sino hasta cuando estés de vuelta frente a tu maravillosa pantalla full HD, y tumbado en la cama con el control en modo repetición revivas cada jugada importante, cada foul, cada gol, cada codazo, para saber con alguna claridad qué pasó verdaderamente. Porque ¡oye! en el estadio te medio enteras de todo y nada, y dependerá de lo que alcanzaste a ver, de los murmullos, de los insultos o de las vociferaciones y rugidos de las gradas, hacer tus cálculos para imaginar si lo del penal fue o no fue, o si el agarrón ocurrió adentro o afuera del área, o si la pelota entró o no entró, o si esto y si lo otro. Lo único que tienes claro es el resultado.  

      Lo peor viene después cuando hay que pasar por todo el despelote de salir del bendito estadio, rogando que el auto aún esté donde lo dejé (a esas alturas ya ni me importa que tenga algún rayón, sólo que esté ahí). Luego, viene lo del semáforo en rojo y unos tipos con cara de asesinos a sueldo gritando consignas violentas, vestidos con las camisetas del equipo contrario y con ganas de pegarle a cualquiera que cargue alguna señal que le identifique como hincha del cuadro enemigo...Para salvar mi integridad física, piso el acelerador a fondo, me paso la luz roja, y esquivo a duras penas al policía que dirigía el transito y al que sólo le alcancé a ver la cara de espanto mientras se tiraba al suelo para esquivar las ruedas de mi coche. Más tarde, en la estación de policía, nadie atiende mis explicaciones ni cree en delincuentes con camisetas del otro equipo. Me ponen una multa del porte de una casa, con todos los agravantes (incluso con aquello de ¡intento de fuga y manejo peligroso!)

      Lo fabuloso del despertar de toda esta pesadilla a las 12 pm de un Domingo, es que apenas abro los ojos, mi mirada se clava en mi hermosa pantalla Full HD, e inmediatamente, toda mi vida cobra sentido. Me doy cuenta que soy un hombre afortunado que posee un  sentido común muy propio de la gente regularmente sensata, que soy un a-fi-cio-na-do al futbol y no un fanático de porquería que arriesga el pellejo por ir a meterse a un maldito estadio, y que mi vida de amigo con ventajas es placentera y agradable, que tengo mi estatus...y que, además, tengo 1/2 docena de cervezas deliciosamente frías en la refri.





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