The Guilty One

The Guilty One

Chistologías Universales

El Cielo se Abarrota



     Después de comprobar que el Cielo se estaba llenando hasta los bordes de "pasajeros" llegados desde la Tierra, San Pedro, decidió aplicar de forma urgente un nuevo decreto para impedir que cualquier reciente fallecido pudiera hacerse muy fácilmente de un sitio en el Paraíso:

"Sólo podrán acceder al Cielo, todas las personas que hayan tenido una experiencia dolorosa, cruel o terrible al momento del fallecimiento"

No pasaron ni 10 minutos cuando arribó el primer "huésped". San Pedro, lo detuvo en la entrada: Antes de pasar, necesito que me relates tu experiencia frente a la muerte.

Bueno -dijo el hombre- debo contarle, señor, que lo mío fue muy doloroso. Hacía tiempo que yo sospechaba que mi señora me estaba engañando. Y por ello, un día decidí regresar a mi casa mucho más temprano que siempre para ver si podía pillarla in fraganti.

Al llegar a mi departamento en el 25° piso, mi mujer estaba enrollada en una toalla, tenía el pelo mojado, se notaba muy nerviosa y actuaba de manera sospechosa. 
Frenéticamente, me puse a buscar a su amante en la habitación, debajo de la cama, en el baño, en el closet, en la otra pieza...¡y nada!, no encontré a nadie. Cuando ya empezaba a arrepentirme de mis celos y estaba a punto de darle explicaciones a mi bellísima esposa, alcancé a ver las manos del maldito sinvergüenza, el que para esconderse se había colgado de la baranda de la terraza.
Como un loco, cogí la escoba y comencé a golpearle las manos hasta lograr que el infeliz se soltara. Para mi mala suerte, el desgraciado cayó sobre el toldo del segundo piso y no se murió. 
Desesperado, agarré lo primero que vi, una heladera con ruedas que tenía vacía para llevarla a reparar, y haciendo un esfuerzo supremo logré pasarla por encima de la baranda y se la arrojé encima al maldito.
En ese momento, y mientras disfrutaba de mi venganza, casi sin respiración por el esfuerzo, sentí un terrible dolor en el pecho y mi corazón no pudo soportar más tanta excitación y caí muerto.

¡Guau! -exclamó San Pedro- ¡Tu muerte fue verdaderamente terrible! ¡Puedes pasar!

Cinco minutos después, llegó el segundo candidato a las puertas del Cielo

Resulta -dijo el hombre- que estaba yo en la terraza de mi departamento del piso 26 haciendo mis diarios ejercicios en la barra, cuando de pronto, y al darme un impulso para saltar, se me resbalaron las manos y caí por el balcón. De milagro me pude aferrar a la baranda del piso de más abajo. Y cuando creí que la vida me daba una segunda oportunidad, de la nada pareció un demente asesino que me empezó a golpear las manos con una escoba. Asumí que mi vida se había acabado mientras caía en picada del piso 25 hasta el suelo, cuando de pronto, senti el golpe y me di cuenta que había caído sobre el toldo del segundo piso. Alcancé a disfrutar de mi buena suerte apenas lo suficiente como para ver un mueble que me cayó encima matándome al instante.

¡Vaya -exclamó San Pedro- lo tuyo sí fue terrible! ¡Adelante, por favor!

Unos pocos minutos después apareció un tercer aspirante al Paraíso. Era un hombre jóven y parecía muy confundido. ¿Y tú como moriste? -le preguntó San Pedro

Oiga, usted no me lo va a creer...Me acababa de meter desnudo en un mueble parecido a una heladera que había en la terraza y después no supe ¡qué mierda fue lo que pasó! 




                                                                                                                                                                 El Maletín Ninfómaníaco




     En el aeropuerto de la ciudad de México un hombre se sube a un avión cuyo destino es Nueva York. Desde su asiento observa a una mujer guapísima que viene por el pasillo en dirección suya, y cuando llega a su lado ¡lotería!, ella, le sonríe encantadoramente y le dice: ¡Hola, parece que viajaremos juntos!
Al estirarse ella para colocar su neceser en el compartimiento sobre el asiento, su pelvis, junto con un par de caderas maravillosamente redondas, casi le roza el rostro, al tiempo que un perfume exquisito lo embriaga completamente.
Una vez que la hermosa mujer ya está instalada a su lado, y conteniendo a duras penas su nerviosismo, le pregunta:  
¿De vacaciones o por negocios?
Ella lo mira muy sonriente y haciendo un mohín delicioso le responde:
De trabajo. Voy a la Convención Anual de Ninfomaníacas que este año nos reune en los Estados Unidos
El hombre traga saliva. Aquí, a su lado, está una de las mujeres más hermosas que ha visto en su vida y va a una ¡convención de ninfomaníacas! ¡Es que no se puede creer!
Luchando por aparentar una actitud correcta, y simulando una total naturalidad, le pregunta:
¿Y qué hace usted exactamente en esta convención?...si me permite saber
Ella, le mira con unos ojos alegres y sin una pizca de malicia, mientras sus labios rojos esbozan una sonrisa
No hay problema -responde ella- soy conferencista. Hablo desde mi experiencia y para desenmarañar muchos contrasentidos, leyendas y mitos que se dicen sobre el sexo en general.
¿De veras? -sonríe él nerviosamente- ¿Y como cuales mitos hay que desentrañar sobre el sexo?
Bueno -dice ella mirándole fijamente a los ojos- los mitos son muchos. Uno muy popular es que los hombres afroamericanos son los mejores dotados físicamente, cuando en realidad son los indios navajos los que poseen esta cualidad.
Aaahá...-balbucea él
Otro mito muy popular -continúa ella- es que los mejores amantes son los franceses. Sin embargo, los estudios indican que los que se llevan las palmas son de ascendencia griega. Así también -prosiguió entusiasmadamente- hemos podido comprobar que los mejores amantes en potencia, en todas las categorías, son de origen español.
Ahá...-repite él esforzándose por parecer muy calmo
De pronto, la mujer le toma del brazo y levemente turbada le dice: Usted me va a tener que perdonar. Estos temas me apasionan y...en realidad, he sido un poco imprudente. Acabo de conocerle y ya le estoy hablando de estas cosas
¡Por favor! -responde él- No hay nada de qué preocuparse
En ese momento, aparece un pasajero con un maletín en la mano y les pregunta: ¿Sabe alguno de ustedes de quién es este portafolios? Tiene escritas las iniciales KBF “M”
Es mío, muchas gracias -dice el hombre sonriendo, al tiempo que contemplando fijamente las iniciales, agrega:
Bueno, ya que he recuperado mi portafolios, aprovecho de presentarme: Mi nombre es Kawanka, que en lengua navaja significa “Fiera infatigable” y me apellido Popodópulos por parte de mi padre y Fernández por parte de mi madre.
La hermosa mujer lo mira con ojos chispeantes. ¡Qué interesante! ¿Y la “M” qué significa?, pregunta ella con un leve rubor en sus mejillas encendidas.
Ah -exclama él- es que mis amigos me llaman “Manolete”.
Y mientras ella y él hacen planes e intercambian miradas cómplices y los números de sus teléfonos, en los parlantes del avión se oye apenas una voz que anuncia:
“Se agradecerá a la persona que haya encontrado un portafolios negro. Tiene las iniciales KBF y una M entre comillas. Pertenece al señor Kent Bell Foster de la compañía “Metropolitan”. ¡Muchas gracias!”.





Agotamiento sexual




     Una profesora universitaria informaba a sus alumnos sobre el examen final que haría al día siguiente. Consciente de las dificultades para lidiar con un curso de 45 estudiantes bullangueros y desordenados, terminó su alocución diciendo que no habría excusas para quien no acudiese a dar la prueba, a menos que se tratase de un accidente grave, enfermedad o incluso la muerte de algún pariente cercano.
Un gracioso que estaba sentado al fondo de la clase preguntó con ese típico tono de cinismo:
- Profe, dentro esos motivos extremos justificantes... ¿podemos incluir el de excesivo cansancio por actividad sexual ininterrumpida durante toda la noche?.
La clase explotó de risas, mientras la profesora sin inmutarse esperó pacientemente a que todos se callaran. Entonces, clavó la mirada en el alumno, al tiempo que negaba con la cabeza
- ¡No, señor! Ese, no es un motivo de justificación suficiente. No veo cuál podría ser el problema para que usted no pueda rendir el examen. Perfectamente, podría escribir con la otra mano... o incluso, podría contestar de pie, si es que no se puede sentar. 




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