The Guilty One

The Guilty One

Bobadas de la Originalidad y el Desprejuicio

por Alien Carraz

    
   La ciencia, se ocupa de múltiples investigaciones, incluidas aquellas relacionadas con la creación de un cerebro biónico capaz de descifrar las complejidades de la neurosis; o la fabricación de músculos a partir de las hojas de una simple cebolla; o el descubrimiento de una cierta molécula que permite abrir los malditos cerrojos que conducen al interior del  virulento y mortal virus del Sida; o también, la fórmula para descifrar las claves emocionales que dan pistas para entender algo del estrafalario comportamiento social de los seres humanos. Es así que, algunos eruditos han aportado sus mejores esfuerzos científicos con el fin de dilucidar y comprender la mecánica mental de las personas cuando llega la hora de elegir a una pareja. El resultado de estas investigaciones (que a primera vista parecen una pérdida de tiempo monumental frente a las enormes necesidades que tiene la raza humana por resolver cuestiones urgentes de la sobreviviencia del planeta) indica que las mujeres, los hombres y los demás grupos de humanos que cargan ríos de hormonas, están más locos que una cabra y que sus descocados corazoncitos se desbocan preferentemente por aquellos animales humanos que aparentan tener un espíritu rebelde e inconformista, porque sus modos y fachas distan mucho de ser la aburrida imagen común del tino, la mesura y el buen juicio de la masa “correcta y adecuada”, y, a la vez, son los que tienden a romper los moldes, distinguiéndose de los demás en originalidad y desprejuicio. "Primero muerta que común y corriente", nos decía alguien que vio pasar la sencillez a 10 cuadras de su casa.

      Claro que, las posibilidades de tener éxito a través de la originalidad, pasan por ser -entre otras cosas- “rara, pero guapa” o “estrafalario, pero lindo”. Gracias a las modas implantadas por el cine, hay buenos ejemplos de que la fealdad mezclada con personalidad, carisma y desfachatez ha tenido sus momentos de gloria con personajes masculinos de las películas que son y fueron los más populares en todos los rincones del planeta: Jean Paul Belmondo, Charles Bronson, Anthony Quinn, Robert De Niro, Javier Bardem. O entre las mujeres, como Bette Davis, Susan Sarandon, Barbara Streisand o la incomparablemente “fea-hermosa”, Meryl Streep.

      Es que, después de todo, la belleza, es mucho más que una cara bonita, y la sensualidad es también mucho más que una exhibición de músculatura, curvas o protuberancias en un cuerpo perfecto. Con el paso del tiempo y la tiranía de las modas a través de la fotografía, las revistas, la tv y la publicidad, el erotismo se ha ido disfrazando de distintos ropajes, colores, mohines y desnudos, y las imágenes de modelos, artistas y personajes que erotizan o han erotizado a la gente, se vuelven una cosas raras, extravagantes y sofisticadas, que pueden verse hasta ridículas el día de hoy, pero que en otras épocas fueron la fuente de inspiración de las más encendidas pasiones.

      Los estereotipos de la belleza son las imágenes mutantes que nos sorprenden tanto como la pintura, por ejemplo, cuando los expertos en las sofisticadas dimensiones del arte nos abofeteaban con que las telas cubistas de Picasso eran la séptima maravilla. Unas obras de arte que se cotizaban en oro, a la vez que la gente común y corriente de la calle opinaba que “hasta yo pinto mejor que ese compadre” o que “mi hijo de 5 años hace cosas 10 veces más bonitas que ese payaso”. Sin embargo, la originalidad, la técnica y el "arte al interior del arte" (algo que sólo los peritos y entendidos pueden ver) nos pusieron en la línea de observar con espanto cómo ciertos pintores de rayas, manchones, cubos, cuadrados y otras formas indescifrables (amén de brochazos a diestra y siniestra) pasaban a engrosar la fila de los grandes maestros de la pintura.

      Así también, en el cine, ocurría con Anthony Quinn (el oscarizado actor méjico-americano) y su cara de boxeador zamarreado hasta el cansancio. Mientras las féminas suspiraban con su imagen de macho maldito -un neanderthal moderno- los hombres no dábamos crédito que tantas de nuestras mujeres sufrieran de repentinos calores y rubores, y se desfachataran hasta el paroxismo, con las hormonas en estado de exaltación, por aquel actor “feo y requete feo”, el que, entre otras cosas, embarazó a su última esposa (de las tantas que tuvo) cuando ya tenía 82 años de edad. Eran los tiempos en que el carisma, la gracia y el talento del "feo, hediondo y peludo" la llevaba. Anthony, se puso a bailar una danza griega en "Zorba, el Griego", y a las recatadas chicas de antaño se les saltaban los botones de las blusas y les corrían sudores por todos aquellos rincones donde la decencia pierde su nombre...irremediablemente.

      En las metrópolis de la moda se cuecen las imágenes de la belleza como el modelo de lo sensual y provocativo. En las calles, la gente abarrota las ofertas de las grandes tiendas, mientras que otra gente apela a su ingenio y a los pesos escasos para vestir a la moda de la ropa americana en fardos. Los trapos sirven para engalanar la originalidad de muchos y la extravagancia de otros. Los más raros con un “no sé qué” o los rebeldes con gracia, son los que tienen un innato talento y el conecte para inmiscuirse en el gusto de la gente y llenar las portadas con sus fachas y poses. Aunque, claro, no faltan aquellos que propician la “irreverencia idiota” y se pasan del lado del escándalo y el mal gusto, como la firma gringa “American Apparel”, la que se ha ido en la rodada hacia el abismo y se vio obligada a anunciar su bancarrota después de pasarse de lista con vitrinas y maniquíes exhibiendo ropajes con vellos púbicos a la vista, y todo para pretender seducir con una cierta “originalidad” que resultó en una cosa manifiestamente vulgar y sin gracia.  Al final, todo cae por su propio peso, y el mal gusto pierde casi siempre.


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