The Guilty One

The Guilty One

La Ciencia nos Deja sin Dioses

por Alien Carraz

                 De acuerdo a ciertas estadísticas que se parapetan detrás de los últimos avances de la ciencia, hay varios dioses que no han sido capaces de pasar por el sofisticado tamiz del rigor científico. Esto, es algo que ha terminado por arruinarles la fe a muchos atribulados fieles incondicionales, los que finalmente se han tenido que rendir al convencimiento pleno que muchos de los actos, referencias históricas y maravillosos hechos de su "divinidad" no eran sino la repetición milenaria de una misma leyenda, la que a fuerza de amasijarla y atornillarla en el obnubilado centro emocional de sus creencias, pasó a transformarse en un dogma, una verdad irrefutable y hasta en un paraíso de esos que uno alcanza a través de actos violentos y demenciales, y en los que, tras cruzar la delgada línea de la vida, te esperan, ansiosas, 100 hermosas vírgenes desnudas.

      Ya no es necesario cambiar el cinturón de cuero por uno hecho de granadas, para enterarse que las 100 sílfides no estarán al otro lado del bombazo, pero sí estarán en algún cómodo y discreto lugar nocturno (que también es diurno y vespertino) para aquellos pudientes y famosos que han aprendido que a este lado de la línea se respira mucho mejor, y que la religión es un asunto para las Relaciones Públicas de los domingos o frente a las cámaras, pero no para meterla a la cama cuando la piel y ciertos apetitos claman por batallas cuerpo a cuerpo.

      Son muy pocos los dioses confiables que nos van quedando. Los que subsisten a los tiempos, al Gran Colisionador de Hadrones y al Bosón de Higgs, son los que sostienen su longevidad y reputación con magnanimidades, misericordias, absoluciones, milagros y otras estrategias del marketing celestial. Estos dioses, se las arreglan para seguir vigentes porque cuentan con el inestimable concurso de una cofradía de embelesados fieles capaces de seguir -mucho más allá de las fronteras de la lógica- los designios de algún libro milenario al que se le atribuyen todo tipo de sabidurías y hechos milagrosos y una herencia divina que no admite discusión y que está ahí, crípticamente, para ser absorbida como el único alimento espiritual y también la única vía directa al edén eterno al otro lado del desigual, corrupto, violento y contaminado despelote que se respira diariamente en este pedazo de roca.

      La otra estrategia que han logrado perpetuar los encargados de sostener los imperios místicos aquí en el suelo, se basa en el horror y en el temor al dios divino y en la restricción y censura (vía pecado mortal) a la libertad individual, por ser ésta el principio fundamental de todos los vicios y de la "degradación" del hombre (Adán y Eva, incluidos). El libre albedrío es un concepto antojadizo, una frase de campaña que sirve para equilibrar las fuerzas entre la opresión emocional de que casi todo lo que se te viene a la mente (y a la piel) es pecado, y tus derechos individuales a ser tú mismo, que son bastante menos de los que uno pudiera imaginarse. Y si se trata de una "hembra" (como, peyorativamente, llaman a las mujeres los machistas más talibánicos y fundamentalistas) su libre albedrío se parece mucho más a la esclavitud que a otra cosa.

      En los vastos imperios de las religiosidades, existen doctrinas que carecen del más mínimo sentido del humor y que despliegan un oscuro manto de estrechas y tiránicas concepciones éticas y morales, junto a degradantes principos y fundamentos de opresión sobre la masa de fieles acostumbrada a la oración, al temor, a la estrechez y la pobreza.

      Siempre he sospechado de los dioses que no se ríen y mucho más de aquellos que les representan aquí en la Tierra, y que desde los púlpitos nos hablan a los gritos como si la bondad y la misericordia (junto con las enseñanzas de los evangelios) fueran más un asunto de disciplina rabiosa que de conexión divina y amor al prójimo. ¿Será porque fieles y descreídos hemos vivido tropezando con la misma piedra desde Caín y Abel que los evangelizadores han perdido la paciencia y el don de la palabra, y hoy se inclinan más por la metralleta verbal que las parábolas y las seducciones?

       Lástima que los dioses vivan tan ocupados en sus menesteres divinos y que ninguno de ellos, que tienen aquí en el planeta Tierra fastuosos templos de oración (y adoración), bancos, propiedades mutimillonarias, oro y piedras preciosas, biblias propias y fieles por miles de millones, se dé maña en querer aliviar el sufrimiento de los suyos bajando de su tronos allá en su paraíso hasta poner los pies sobre el suelo para conectarse en vivo y en directo con la gente, sus miedos, sus pasiones, sus tontos humanismos y sus infinitas estupideces.

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