The Guilty One

The Guilty One

De la Vista al Mar a la Copa América

por Alien Carraz

Parte 2


     Mientras tanto, en las calles de Santiago se regodean los que roban, asaltan y también desnudan abiertamente las fragilidades del sistema, de la sapiencia y autoridad del Gobierno, de la policía, de la justicia y de los políticos. Nadie cumple cabalmente con su rol ni le pone el cascabel al gato y todos los días hay mucha gente de trabajo, muchas personas comunes y corrientes, que pierden violentamente su privacidad y sus pertenencias. Los números de los actos de delincuencia -para una sociedad petulante y presumida como la chilena- son de un nivel escandaloso, al igual que las paupérrimas cifras que dan cuenta de los casos resueltos. La gente desconfía cada día más de sus iguales y se refugia cada vez más entre rejas y múltiples cerraduras. Los ladrones pierden las proporciones del “robo tradicional” y se arrojan sin pudor ninguno en alunizajes perversos en contra de las vitrinas de los negocios. Ahora cualquiera de ellos carga una pistola automática del 38 y reparte plomo sin previo aviso mientras los carabineros tienen que esperar que las balas les lleguen antes de poder repeler los disparos y defenderse.

     Las señales que bajan del Gobierno hacia la delincuencia y sus víctimas, sólo alcanzan para confundir las reglas del juego del crimen en contra del orden, porque donde unos ganan en audacia, violencia y desenfreno, los otros se entrampan en una burocracia inoperante, en la indefensión y el desamparo. El baile de los que sobran se escucha también en los estadios donde se enquista la voz del hampa y sus desvaríos violentos. Es que desde la Argentina nos llegan los desmanes originales de la fauna patotera del futbol que el Chile copión y pirata se encarga de clonar con los criolllos aires del medio pelo delincuente y sus desahogos adictos al caos. La pasada de Pinochet por la historia de Chile sigue siendo un leitmotiv para los desmanes, y ahora que su lugarteniente se ha vuelto cenizas con traje de gala incluido, se encizañarán otros delirios para crear nuevos desencuentros.

     La doctrina de aplicar las leyes por conveniencias de Estado o la de dejarse arrastrar por las presiones recalcitrantes de aquellos que tienen nexos con los derechos humanos de unos en contra de los de otros que no tienen la culpa, empuja el carro de la justicia cuesta abajo en la pendiente, y los que azuzan las iras mapuches hacen su agosto porque el caos de la nebulosa histórica es la tierra fértil donde cuelan todas las venganzas, se difuminan todos los saqueos y se mimetizan todos los crímenes.
   


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