The Guilty One

The Guilty One

El Porno... 2

por Alien Carraz
Parte 2

  
          La alocada vida que llevamos hoy, inmersos en un planeta digital de lleno en el ciberespacio y bajo la metralla de imágenes que lo desnudan todo, es el caldo de cultivo desde donde emerge el deseo irrefrenable por satisfacer las ansias sensuales que nos consumen por dentro. Ansias que han estado siempre ahí, pero que sometidas al yugo de ciertos decadentes atavismos se habían mantenido semi ocultas bajo el alero protector y opresor de las faldas de las madres o soterradas bajo la tiránica autoridad de los patriarcas. Hoy, en gran parte de la roca azul, las sociedades se quitan las máscaras y salen del ropero sin miedo al escarnio y sí con muchas ganas de disfrutar de la libertad de ser uno mismo. Así, las chicas más decididas y vanguardistas se apuntan al placer erótico lésbico con la misma naturalidad que algunos machos liberan el flujo de las hormonas rosas y pavonean sus fantasías de su otrora oculto amor por otros hombres.

      La creatividad industrial le saca el jugo a esta liberación y se concentra en la creación de sofisticados artilugios y cachivaches para satisfacer los deseos más ardientes de una clientela erotizada hasta la médula, a la que ya no le basta con las escandalosas páginas del kamasutra y las mil y una formas de revolcarse, sino también requiere de “ayudas” mecánicas (verdaderas obras maestras del hule) e incluso de ciertos masoquismos y otras perversiones acrobáticas no aptas para amantes convencionales y ni siquiera para gimnastas con vocación de contorsionistas. Ahora que los condones se venden como goma de mascar en los boliches de cualquier esquina, la gente aprovecha el impulso para enamorarse y quitarse la ropa en los aperitivos.

      En el éxtasis de la liberación, las chicas optan por otras chicas y por experimentos sensuales que convocan tríos, cuartetos y hasta confusas peñas interraciales donde cada quien hace lo suyo y nadie está exento de que le toque por donde no lo espera (aunque ganas no le falten). Son los tiempos de un despelote a la romana y de vuelta a aquellos males venéreos que por suerte hoy se controlan con varias de las muchas píldoras del menú farmacéutico. Al Sida, ya nadie le da bola, porque la gente se pasó del temor, al condón y de éste a la inconsciencia. El sífilis y la gonorrea han regresado con nuevos bríos, y no da para chistes el sexo en la juventud, porque entre imberbes calentones no aplican precauciones y porque las autoridades sanitarias ya quitaron la publicidad y los carteles con luces rojas de alerta que invitaban al horror del Sida, en vez de hacer igual que las iglesias que nunca abandonan el marketing y sostienen perpetuamente sus panfletos del temor a Dios, así como, igualmente, hacen las señales del tránsito que te advierten siempre de una curva peligrosa algunos metros más adelante.

      Una parte importante de la gente joven de hoy asume riesgos cada vez más audaces y peligrosos porque combina su bisoña inteligencia emocional y el sexo, con alcohol y drogas sintéticas  que aportan al desatado deseo de la carne y a la anestesia de la razón. Un cóctel maldito que abarrota las farmacias, clínicas y centros de rehabilitación.

     Gracias al caos libertario de la extrema democracia de internet contribuyendo a desatar los delirios entre la mocedad ansiosa y siempre dispuesta para la fiesta y los desatinos, una multitud de chicas independientes, con un audaz espíritu aventurero y el cutis amable a las caricias de otras féminas, se lanzan a la vida con la vista fija en el porno y dejándose ir en temerarios actos lésbicos que incluyen prácticas raras, descocadas y explosivas, como el “squirt”, que es la invocación a desechar a los hombres y su “cosa” para adentrarse en las eyaculaciones vía las caricias propias, ajenas y/o mecánicas (de esas que vibran y ronronean), dentro de la zona más erógena de la vagina y/o donde se alojan el clítoris y el “imaginario” Punto G.

      Para muchas mujeres emancipadas, una de las razones que invocan al auto placer y al lesbianismo, es la enorme ignorancia de los hombres respecto de la física funcional de la vagina y sus semi ocultos botones que descargan el verdadero y más intenso flujo al placer y al “squirt”. Mientras el clítoris posee hasta 10 mil terminaciones nerviosas que le dan una sensibilidad deliciosa, el pene se conmueve y erotiza con apenas 4 mil. Así las cosas, el macho sigue porfiadamente conectado a la creencia que con lo suyo tiene dominado el reino de las féminas, mientras que éstas, a su vez, sienten que ya están hasta la coronilla con los desplantes idiotas del hombre, su 'analfabestialsmo' sexual y su falta de sensibilidad.

      Lo bueno es que, para nosotros, los "analfabestias", estos creativos del hule ya nos tienen galerías de chicas inflables -cual Barbies calentonas- que se entregan a los “placeres del amor” sin emitir un juicio ni decir una palabra ni pedir nada a cambio. Todos estamos de acuerdo en que nunca será lo mismo, pero también no es menos cierto que, después de todo, el sexo no pasa de ser un estado febril de la carne y de la mente, en vez del sublime espacio romántico con el que fantasean algunas mujeres "madurillas" en edad de merecer, al igual que las otras imberbes impúdicas (de la cofradía de Justin Bieber), que recién dan sus primeros aleteos justo antes de lanzarse al vuelo que las  lleva a perder la ropa y esa virginidad cargante que acarrean con el himen, aunque mucho más al interior de sus cabezas.



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