The Guilty One

The Guilty One

El Futuro Inmediato: Vitualidad y Reality

     por Alien Carraz


     
      En el planeta Tierra, la existencia -cada día que pasa- pende más de un hilo gracias al descerebrado sentido común conque algunas sociedades “desarrolladas” (¡Já!) se empeñan en echarlo todo a perder, amén de otras nuevas amenazas que han surgido como consecuencia, y de otras que vienen desde todos lados, e inclusive, desde el subsuelo o desde más allá de la estratosfera. El mundo, es un lugar inestable y poco seguro donde cada uno -por naturaleza- tira para su territorio, su frontera, su nido, su casa o su cueva. Los grandes cambios que se atesoran en las sociedades más ricas tienen que ver con la tecnología y las modas.

     La primera, está al servicio de hacer la vida más placentera, aunque también sirve para construir mejores herramientas para matarse unos a otros o para que algunos creen riquezas incalculables o para que las desigualdades profundicen los abismos que separan a los más vivos de aquellos que son (y somos) la maldita mayoría de los que están condicionados a producir a través de un trabajo remunerado por planilla, o a la negra y sin prestaciones.

     La otra, la moda, está al servicio de la vanidad y el ego plástico, ese componente artificioso que nos hace mirarnos al espejo antes de salir a la calle vestidos de casi nada de lo que somos. Es, ese atajo a las frivolidades consumistas, a la coqueta vanidad de la intrascendencia, al hábito de la absurda fijación de convivir disfrazados.

     En Gringolandia (¡Cómo no!), la cuna de la democracia extravagante, se exhiben todos los extremismos que exacerban las vanidades. Desde la máquina de sueños de Hollywood y otras técnicas propias del marketing, el país del Norte expande la cultura del business y del amor al contado, pero, a la vez se auto envenena en la hipocresía y el doble estándar. A través del torrente de imágenes y películas que produce, es capaz de exhibir la violencia más horrenda y las bajezas humanas en todo su esplendor, pero, bastará que una artista (como hizo la Toya Jackson) enseñe una teta en un show de la tv, para que se enciendan todas las alarmas, apliquen multas, castiguen al programa y se ahoguen en un vaso hasta los bordes de una cultura de exhibicionismos puritanos y puritanismos exhibicionistas.

     El mismo presidente Obama, se ha obligado a rendirse a los fatuos y calculados intereses del mercado de su imagen política y ha tenido que pedir disculpas públicas por aparecer -mientras estaba de vacaciones- en una foto, disfrutando de un partido de golf, en los momentos en que el periodista  estadounidense James Foley era decapitado on line en Siria por un esbirro sociópata inglés del Estado Islámico. “El oficio de presidente es también cuestión de una puesta en escena”, declaró Obama, posteriormente.

     Es, justamente, esto de la “puesta en escena”, el camino que ha elegido una mayoría para conectarse con el mundo a través de un calculado despliegue de la “realidad”. Así, por ejemplo, la tv por cable nos vende realities de cualquier cosa. De personas que viajan “solas” por selvas “inexpugnables” y que lidian con animales ponzoñosos -básicamente mortales- mientras "hacen fuego" con un par de piedras y “fabrican” un refugio con ramas y con esto y aquello. También, hay otros realities que nos muestran a un cocinero tirano que “en directo” dirige a unos novatos y los insulta y los hace “llorar” y los humilla, y etc.

     Se podría nombrar realities relacionados a cualquier oficio que se les ocurra. Es una cosa agobiante la cantidad de las “realidades editadas hasta el más mínimo detalle” que se exhiben impúdicamente, como si todos nosotros fuésemos una manga de bobos o niños de pecho, o de esos que se tragan cualquier cosa que les den (siempre y cuando el sabor artificial sea deliciosamente gustoso).

     Si Cristo apareciera en la Tierra y lograra convencer a un productor de Hollywood para hacer un reality en “vivo y en directo” que apuntara a revelar su presencia...de seguro, la gente cambiaría de canal porque ya nadie tiene ganas de escuchar a un loco que se cree (aún, y 2.000 después) el hijo de un dios, y que se las da de humilde, que pasa por carpintero y que dice que su madre -una tal María- lo engendró a partir de una inseminación divina (y sin intermediario) desde el paraíso...
 
     Tanta “realidad” junta, sirve sólo para atragantarnos de mentiras y quedar descolocados frente a las cosas que verdaderamente importan para despertarnos como seres humanos...¿Sabe alguien, cuáles son esas cosas? ¡No, lamentablemente, nadie tiene la menor idea! Desde el principio de los tiempos, los representantes directos de los dioses y los “jefes” (llámese “aristócratas”, ricos, vivos, pillos, sinvergüenzas y corruptos), eran los únicos que “sabían” de aquellas cosas, pero se encargaban muy bien de mantener a la plebe en estado de ignorancia lo suficientemente maleable como para que el arte de manipularlos se pudiera llevar a cabo sin mayores dificultades y con una mínima inversión del tiempo que era necesario para gozar y beberse la vida al desnudo, y también quedaran horas libres para contar las ganancias.

     Hoy, miles de años después, seguimos igual de perdidos que al principio, aunque ahora tenemos todo tipo de adminículos digitales y otras sustancias tragables, fumables, inyectables e inhalables, para hacernos los despistados con la HdP realidad que amenaza con jodernos. De hecho, lo que parece más adecuado para lidiar con la existencia cierta que nos rodea, es adoptar la virtualidad para que sirva al propósito de filtrar todo aquello cargante e “innecesario” que viene, justamente, con la maldita realidad.

     En una película de hace algún tiempo, el personaje interpretado por Sylvester Stallone, viaja al futuro, y la heroína del filme, Sandra Bullock, se engancha con él. Cuando llega la hora de quitarse la ropa y alocarse, el ex-Rocky se prepara para darle una buena porción de todo su cariño, y sin embargo, ella, la chica del futuro inminente, se queda espantada ante la idea de hacer “cosas” que incluyan ¡horror de horrores! intercambios de fluídos, olores, sudoraciones y otras manifestaciones propias de los animales. En vez de experimentar todas esas “inmundicias”, la ardiente Sandra, le pasa una máscara cibernética que sirve para disfrutar de una sesión de sexo virtual, varias veces más delicioso -según le explica- que la otra “tontera”. Obviamente, y como Sylvester es gringo y representante del macho recio y bien dotado, se niega a los virtualismos y se abalanza sobre la espantada Sandra con la violenta intención de darle a los placeres en vivo y en directo, cuero contra cuero y “¡hasta el fondo Macondo o hasta atrás Nicolás!”, que es un manera no muy elegante de decir “¡Te quiero!”, pero sin cena, ni vino, ni versos, ni nada.

     Hace unos meses, la ex-tenista, Martina Navratilova, una chica con menos femineidad que el mismo Stallone, quiso sumarse a esto de los realities, y se decidió por hacer una petición de mano a su novia adorada, desde las gradas mismas de un estadio de tenis en USA repleto de gente. El sentido propio de esta declaración en público y frente a las cámaras de la tv, se puede interpretar de muchas formas. Pero, la que domina a todas las demás, es esa necesidad de transformar al virtualismo en una cosa cierta. Una buena parte de los presentes, que aplaudían como locos frente a las cámaras, serán los mismos que en la intimidad renieguen de esta exhibición fashion del lesbianismo. La gente, inmersa en el cofre de sus emociones y pensamientos, no es la misma que "exhibe sus pertenencias” a la tribu.

     Allá, afuera de nosotros mismos, casi todo es medio virtual. Hasta los líquidos que bebemos y los muchos frascos y tarros con cosas para comer, vienen hoy con una etiqueta, mayoritariamente artificiosa, que dice “100% natural”. Igualmente, las pócimas, que están para aliviarnos de las consecuencias de estar conectados con un ambiente contaminado, traen advertencias publicitarias de que están hechas también con productos 100% naturales. ¡Una apología al virtualismo y la falsía! Es la mentalidad abusiva y salvaje del cálculo financiero a través de los ingenieros comerciales y otros especialistas que descubren las fórmulas inescrupulosamente eficientes para incrementar las ganancias de sus empresas en base a exprimir al máximo a los consumidores, aplicando la misma regla económica de los bancos. Así, por ejemplo, por un depósito a plazo de 10 millones de pesos el banco da una "ganancia" anual de +/- $ 360 mil pesos. Ahora que, si uno quiere un préstamo de 10 millones de pesos con ese mismo banco, el total anual a pagar será +/- $ 1.020.000

     Y, ¡por favor! no me vengan con peroratas técnicas que sirvan para explicar las diferencias del costo administrativo entre poner o sacar 10 millones. Los amos economistas nos han construido un planeta que no perdona la pobreza.



No hay comentarios: