The Guilty One

The Guilty One

Tacto rectal

  por Alien Carraz

       
      De aquella "película" extranjera “El Dedo de Mou en el Ojo de Tito”, hemos dado el salto cualitativo a la producción nacional “El Dedo del Dr. Jara en el Poto de Edson”. Una súper producción original de esta larga franja que muestra en toda su plenitud nuestra inequívoca vocación melón&melame, ese “Vértigo” que nos sume en los barroquismos yercopuchentos y el gusto por la “revolvida” gratuita de la caca con el palito. Se nos acusa de violadores impertérritos y de ser los más odiados de la América del Sur, después de los argentinos, los rioplatenses, los gauchos, los bonaerenses y de otras tribus adictas al mate y sometidas por la dinastía Kirchner.

     La foto de Jara y el dedo es la instantánea del segundo que queda retratada en el forever, como si el dedo hubiese estado en las nalgas de Cavani por un largo rato, como un beso con lengua o como el análisis profundo de un experto en mermeladas que no sólo introduce el dedo para sacar muestras del sabor, sino también, lo deja instalado en el interior con el fin de averiguar sobre la consistencia, la temperatura y otros divinos placeres propios de la técnica, la táctica y, especialmente, del tacto profesional.


     A los uruguayos, no les gusta la competencia (arriba aparece Maxi Pereira con su dedo amorosamente adherido a las nalgas del  jamaicano Garath McCleary en esta misma Copa América). Nos han dado cátedras inmisericordes de todas las triquiñuelas barriobajeras del futbol con la llamada, idealística y socarronamente, “garra charrúa”, y se han hecho de campeonatos mundiales más una porrada de Copas América gracias a ese talento fenomenal de los celestes (y su arsenal de triquiñuelas) para ablandar las carnes y el espíritu combativo de sus oponentes, sobretodo, de aquellos que se dejan hacer o que simplemente se entregan a su suerte sin sacar las garras, ni meter los dedos.

     Pero, como el negocio de la Conmebol y sus secuaces no es otro que ingresar fondos vía paraíso fiscal o giro doloso, y sus sentencias están sometidas a las influencias de los peces gordos que tienen lugartenientes que hablan al oído y aprietan las tuercas que despiertan los favores, al Dr. Jara le pasaron la cuenta de sus toqueteos y le asignaron 3 (y luego 2) partidos de castigo. Una muestra de la doble moral, el cinismo y la hipocresía que atragantan al futbol en los despachos donde mandan los de cuello y corbata, que, como Grondona -y vía telefónica- asignan culpas, reparten utilidades o tramitan sobornos. Que una patada intencional, aleve y peligrosa tenga menos castigo que un "raspón" en una pícara caricia con un dedo, es una señal inequívoca de que estamos de lleno en la confusión y muy lejos del sentido común y la justicia.