The Guilty One

The Guilty One

Acoso Sexual: Los Ñoños y la Feministéricas Creen que los Piropos son el Preámbulo de las Violaciones


Cuando Claudio Bravo se apareció en el aeropuerto con una facha digna de alguna estrella de esas que sólo se ven en las urbes sofisticadas del mundo, como Nueva York o Londres, la comidilla de la prensa chilena hizo su agosto desmenuzando los detalles de la vestimenta, especialmente del sombrero negro de ala ancha, de sus ajustados pantalones pitillos o de sus estilosas zapatillas negras y blancas. De inmediato, lo taparon con memes donde mezclaron su estilo con los excéntricos arranques fashion de un personaje estrambótico y parafernálico como Dimondo o con las recordadas postales de una diva fatal como la Joan Collins y sus grandes sombreros.

En las calles de la urbe metropolitana, muchas de nuestras mujeres, aquellas hermosas y bien dotadas por la naturaleza y la herencia, pasean sus divinas protuberancias embutidas en unas faldas que dejan poco a la imaginación o unos pantalones ajustados que enmarcan todos aquellos lugares donde la mente masculina tiende a volverse ardientemente imaginativa, o unos escotes que simplifican casi radiográficamente la posibilidad de que nuestro cerebro defina claramente cómo son, cómo están, cuántos cc y de qué turgencia podríamos estar hablando.

Las chicas citadinas de hoy son mucho más fieras que aquellos corderitos que aparentaban ser años atrás cuando la marea de gente en la calles –hoy un arcoíris multicolor- era una masa que no pasaba del gris, marengo, café, negro o azul marino.
Eran tiempos en los que casi todas las faldas cubrían púdicamente las rodillas y las boobies había que imaginarlas como quien recrea mentalmente el “paraíso” con la vista fija en la sección “melones de guarda” de la verdulería.

A pesar de las varias capas de enaguas, medias, telas, forros y espesos abrigos, los maestros de la construcción se las ingeniaban para sacar conclusiones acerca del producto al interior del envase y se mandaban sus floridos piropos que muchas veces no pasaban el filtro púdico de las buenas costumbres adscritas al manual de Carreño, aunque, generalmente, las mujeres no les hacían caso o las más de las veces se terminaban riendo una vez fuera del radio visual de los piroperos.
Las asesoras del hogar en tránsito a la panadería eran las víctimas perfectas de estos galanteos de quienes, colgados en los andenes, desataban a su paso salpicados coros de silbidos y otras parafernalias sonoras, mientras las pérfidas –gozando con disimulo el momento de gloria- se hacían las sordas o actuaban sus mejores poses de enojo o indiferencia.

Eran otros tiempos. A nadie se le hubiese ocurrido acudir a la justicia para formalizar una campaña municipal con el fin de establecer normas de comportamiento y poner multas o meter presos a quienes andan con el verso en la boca y clavan la vista en las formas femeninas expuestas en todo su esplendor.
¿No será que la justicia debe tomar cartas en este asunto y aplicarles la ley a todas aquellas féminas que no tienen el menor descaro en exhibir sus anatomías como si los hombres fuésemos invidentes estatuas de carne y no tuviésemos ninguna conexión espontánea con nuestro centro erótico y sensual ante tamaña exhibición de estos hermosos ejemplares femeninos con poco y nada cubriéndoles sus “cosas”?
¿No es un atentado en contra de la psiquis emocional masculina que las mujeres de hoy se hayan liberado hasta el punto en que la superficie de piel expuesta supere largamente a la cantidad de la tela sintética que la cubre?
Las huachitas-carnúas actuales invierten mucha plata, tiempo y esmero en la exhibición casi impúdica de sus exquisiteces en desmedro de aquellos sensualizados machos vía internet en estado-de excitación-perenne que a duras penas controlan la bestia que llevan dentro. Existe una íntima proporción entre el cutis exhibido y  las generalmente huachacas concepciones poéticas de los aduladores.

Mucha de la vanidad femenina que hoy circula por las calles es  altamente provocativa, a pesar del mensaje que nos regalan algunas de estas mujeres  que salen a protestar con carteles  en los que proclaman vestirse (semi en pelotas) para sí mismas y no para ser vistas, o que sus escotes (con casi todo afuera del envase) no es una invitación o que sus faldas a la altura de los glúteos tampoco las usan para que los hombres se queden lelos.

¿Será que ellas cuentan con que los hombres somos inconmensurablemente estúpidos?

Seguramente, si alguna de estas adorables criaturas me viese vestido como Dimondo, pero con una ropa que dejara entrever parte de mis intimidades (tal como ellas dejan entrever las suyas) no creo que ella piense que me visto para mí mismo, que no me interesa que otros me vean y que no persigo llamar la atención.


Evidentemente, aquí no hablamos de hostigadores, acosadores violentos ni delincuentes sexuales. Esas denominaciones pertenecen a un tipo de personas que no están capacitadas para circular donde caminamos todos y que deben estar recluidos donde cumplan castigo o donde reciban algún tratamiento que sirva para controlar y contener sus desvaríos.



Pretender aplicar multas como gestos judiciales punitivos hacia las personas que piropean es igual a caer en la histeria de castigar a los padres que les gritan a sus hijos o que les ponen su “tatequieto” cuando hay merecimientos que los mismos padres consideran suficientes.
Entre la gente “normal”, nadie ama más a un niño que sus propios padres, como nadie ama más a los padres que sus propios hijos.

La ley ha fracasado con muchas cosas y fracasará nuevamente en este tipo de aventuras donde es el sentido común, la educación y la propia sociedad en su conjunto los llamados a nivelar la convivencia hacia las buenas costumbres. Nivelar hacia abajo en la convivencia es empezar a poner letreros que prohíban por ley escupir en el suelo, mear en las esquinas, pedorrearse en los ascensores, cagarse de la risa en los velorios o pegar los mocos debajo de las mesas.

Se podría entender que un pusilánime como José Antonio Kast o un populista del Alto Las Condes como Lavin o algún udi de esos que fueron monaguillos, abracen y gestionen estas causas potifruncis adheridas a un planeta mojigato y vendehumo donde la tontera, el alarde y la pretensión siempre están presentes para deformar cualquier atisbo de sentido común. Perseguir demonios imaginarios con una cruz ungida en salpicadas bendiciones de un representante terrenal de algún dios o del hijo de un dios y amigo de Magdalena, parece una práctica alucinada que conduce hacia donde campean los mitos y leyendas o los desvaríos y la histeria.

Los infractores a la ley, acosadores, sitiadores, hostigadores, tocadores y similares, deben ir a la cárcel y recibir su castigo. Los piroperos, deben cuidar los versos que salen de sus bocas para que algunos y algunas -que ven violadores  y monstruos en todas partes- no los confundan con delincuentes sexuales.

Lo que sí, es que la "profesión" de piropero distinguido es un arte muy difícil de ejecutar. En no más de unos pocos segundos, el galanteador debe considerar si es el momento apropiado, usar el tono justo y  aplicar gracia e ingenio; también, dentro de esos mismos segundos,  debe tomar en cuenta si la dama en cuestión va acompañada por alguien que pueda ser su padre, su tío, su hermano, un amigo o el bendito dueño de su corazoncito (y de todo lo demás...generosamente expuesto). 
Y después de ese análisis flash -e inmediatamente- de su boca deben salir los graciosos, divertidos y chispeantes versos que conecten la imagen divina de la piropeada con algo parecido a una flor, un ángel o al paraíso o a las estrellas. Nada de culos ni, tetas.
¿Es mucho pedir?



Joaquín Sabina, el Poeta más Lúcido que he Conocido Jamás

He viajado por el mundo oscuro y luminoso arriesgando el pellejo sin la menor consciencia en el filo del abismo como si no hubiese un mañana y vivir o morir fuese la misma cosa. 
Joaquín, siempre ha estado de mi lado y la ironía de su voz ha sido mi música de rescate cuando he tenido ganas de mandar todo a la mierda y dejarme vencer por el alfa idiota que cargo dentro



Ni ángel con alas negras
ni profeta del vicio
ni héroe en las barricadas
ni ocupa, ni esquirol
ni rey de los suburbios
ni flor del precipicio
ni cantante de orquesta
ni el Dylan español
Ni el abajo firmante
ni vendedor de humo
ni juglar del asfalto
ni rojo de salón
ni escondo la pasión
ni la perfumo
ni he quemado mis naves
ni sé pedir perdón
Lo niego todo
aquellos polvos y estos lodos,
lo niego todo
incluso la verdad
La leyenda del suicida
y la del bala perdida
la del santo beodo
si me cuentas mi vida,
lo niego todo.
El tiburón de Hacienda
confiscador de bienes
me ha cerrado la tienda,
me ha robado el mes de abril.
Si es para hacerme daño
sé lo que me conviene
he defraudado a todos,
empezando por mi.
Ni soy un libro abierto
ni quien tu te imaginas
lloro con las más cursis
películas de amor
Me echaron de los bares
que usaba de oficina
y una venus latina
me dio la extremaunción.
Lo niego todo
aquellos polvos y estos lodos,
lo niego todo
incluso la verdad
La leyenda del suicida
y la del bala perdida
la del santo de oro
si me cuentas mi vida,
lo niego todo.

Cuando la Pelotudez alcanza la Dimensión Desconocida




Una de las cosas interesantes que se puede aprender con el paso de los años (de bastantes años) es la de redescubrir la niñez y esa deliciosa sensación que es no tomarse demasiado en serio. Parafraseando a un gran jugador inglés caído en desgracia, diré que “he sido un idiota la mitad de mi vida, y la otra mitad la he malgastado en creerme inteligente”. 

Esto viene a colación porque cuando uno se enfrasca en el oficio de escribir artículos, comentarios o críticas sobre las incapacidades de las personas que están en el puesto para cumplir con el trabajo que prometieron en sus campañas cuando andaban de generosos, calificados, competentes y sabelotodos, muchas personas, amigos, parientes y allegados de estos asalariados “prometedores” (por lo buenos para las promesas), saltan a desenvainar improperios de grueso calibre como balas dum-dum para defender la causa de los suyos.

Son personas apasionadas cuyos torrentes sanguíneos están constantemente en alerta amarilla como las entrañas mismas del Villarrica. Generalmente, la pasión explosiva nubla buena parte del sentido común y la perspectiva. Lo que emana de la boca de un rabioso en estado de ebullición puede ser tan ininteligible como deschavetado, o lo que es peor, la saliva termina por caerles en sus propias caras.

Algunos dirán que “lo que se es” asoma cuando uno pierde el control. Aunque, también, puede ocurrir todo lo contrario y el que emerge sea uno que es completamente desconocido para nosotros. El animal salvaje que llevamos dentro no es siempre el fiel representante de lo que somos.
De hecho, la ley contempla este aspecto psicológico-emocional de un acusado cuando, por ejemplo, en un estado de cólera infinita comete un crimen. “Estado crepuscular”, le llaman.

En fin, el asunto es que para quien escribe el artículo, es un buen resultado que le caigan encima señoras indignadas con lenguas viperinas (o dedos venenosos) en vez de señales de indiferencia o comentarios hipócritas como esos saludos de besos en la mejilla con la boca para el lado que se regalan dos viejas que se caen mal.
Lo malo está en el verbo, el tono, el carácter, la actitud. No hay que ser huachaca para hablar de fútbol, por mucha patada, escupitajo, zancadilla, insulto, dedo en el poto y otras porquerías que ocurran en los partidos. La perspectiva es bueno sostenerla para que la joda de entenderse no se descarrile hacia un abismo que imposibilita cualquier intento de construir un puente de acercamiento entre las partes.
Claro que, me parece bien “explotar” de vez en cuando. Soltar la mierda es una forma de liberar esa tensión que se acumula hasta el punto de enfermar la mente y el cuerpo. La caca al ventilador es una mala práctica. La grosería es una herramienta extremadamente delicada que puede ser usada en cualquier contexto siempre y cuando sea armónica con los dichos y esté de lleno en el flujo de la conversación y tenga pertenencia con ella.

Ya sabemos que en Chile uno puede ser tildado de “weón”  y no enojarse, o de repente ser llamado “weón” y querer agarrarse a puñetazos. Tal como dijera nuestro filósofo costumbrista, Bombo Fica, “Chile, es una tierra rica en weones”. Sin embargo, no a cualquiera se le puede tildar de tal si el que dice la palabra no la sustenta con una cierta gracia y complicidad + otros componentes propios de la relación que nutran y encajen perfectamente en la comunión del sujeto que la dice con el sujeto que la recibe.
Doña Raquel, una ácida comentarista y fiel creyente de Don Nelson (el señor buena gente que sueña con grandes cosas por venir desde la inercia), me tilda de “pelotudo” sin tener idea si sé algo de fútbol o cuáles son las dimensiones de las pelotas que celosamente guardo en la intimidad de mi hogar. Yo, podría indignarme y mi señora también (es que ella es la única que conoce la verdadera dimensión de mi pelotudez).

Pero, ante la perspectiva de enrabiarme y desenrabiarme, tendría que empezar por aceptar que hay veces en que me tomo demasiado en serio. Que mi ego me encarcela. Que soy incapaz de liberarme de ese Yo que se cree la raja y que está siempre ansioso por demostrar lo inteligente que es.

En fin, son cosas del destino… (como decía mi compadre cuando no tenía argumentos para defender sus pelotudeces).

Lo que finalmente quiero decir es que el mundo sigue siendo la olla común donde pululan los mismos weones que se vienen y nos vienen matando desde hace cientos de miles de años. Nada casi ha cambiado en el espíritu del fuego interior, la esencia, del ser humano que ama el poder.
Con Trump y Putin a la cabeza de la imbecilidad de los que están al mando, no tenemos garantía ninguna de seguir vivos en los próximos meses.
Hasta Kim Jong-un me parece menos tonto que el par ese.

Proporcional y comparativamente, Piñera, es un lujo.




Pentecostalismo: La Explosión Terapéutica de la Fe



Más allá de la existencia -o no- de dioses, ángeles o demonios, la Fe es la madre de los remedios que sana el espíritu de aquellas almas que sufren el dolor y la tristeza del desamparo, el desamor o la mala suerte de haber nacido en la pobreza o en la inestabilidad de un carácter frágil o de un organismo enfermizo. Otros, aman al dios que habita en sus corazones porque están atrapados en la belleza de la vida y sólo sienten emoción y felicidad  por creer.
Creer porque sí, sin cuestionar ni “cientificar” nada de lo que sostiene la verdad escrita o palabreada en referencia a su dios, es un salto mortal a un imposible maravilloso que está ahí para sacarnos del hoyo, equilibrarnos y darnos esperanzas. Es el combustible que da la mejor llama y que mantiene el motor encendido a pesar de cualquier abismo en el camino.
Desde esa perspectiva, cualquier dios es un regalo fabuloso. Cualquier religión es el puente que nos ayuda a cruzar sobre aguas turbulentas.

Lo dicho: yo, no creo en dioses

En Chile, un país que mayoritariamente “dice” profesar la fe católica, ha ido paulatinamente dándole la espalda a la Iglesia Católica, al Vaticano y a la figura del Papa. Demasiados incidentes con curas de alto rango (y también de los comunes y corrientes) adictos al sexo, más otras debilidades de esta religión que tienen que ver con la tozudez, la intransigencia y/o la inflexibilidad (para no decir la falta de sentido común) para adaptarse a los tiempos que corren y conectarse con la hiper-tecnologizada realidad que se ha infiltrado en todo el quehacer de la vida, especialmente, entre la juventud, que, ya está más que harta del doble estándar, el cinismo, la hipocresía y otros vicios que aplican los curas, políticos, empresarios y los conservadores de siempre para relacionarnos con todo lo que nos venden.

Cada vez son más fieles los que abandonan la fe en esta iglesia y se pasan a las filas de otros templos donde la experiencia religiosa tiene que ver con menos atavismos y hay otra libertad para desencadenar las fuerzas de la fe. Los creyentes de la iglesia Pentecostal, buscan el contacto directo con el espíritu santo a través de ejercicios catárticos y trances. Para algunos especialistas, el culto pentecostal es una forma de chamanismo ya que se producen los mismos procesos de encarnación del espíritu en personas que se transforman en instrumentos de sanidad.

Rodrigo Moulan, periodista, antropólogo y estudioso del tema, señala que “en términos cualitativos, el pentecostalismo se caracteriza por ser un culto carismático con manifestaciones extraordinarias y sobrenaturales, por así decirlo. Los pentecostales van al encuentro de la presencia del espíritu santo que, obra, sana y produce milagros y liberaciones espirituales en el contexto del culto”…
“Ayuda a administrar las cargas de la vida que las personas (marginales) tienen. Si bien están en la última posición en la escala social, tienen el privilegio de ser tocados por el espíritu santo que les ayuda a superar sus problemas. Además, en términos identitarios, refuerzan un sentido de autoestima. Si la sociedad los desprecia, el espíritu santo los elige y dios los ama, son sus hijos”.

El Pentecostalismo, posee “una estructura ritual construida de modo tal que propende a la manifestación de la emocionalidad. La ceremonia parte con una oración personal en que se explicitan las necesidades individuales. Estas peticiones avivan estados de angustia porque los fieles recuerdan episodios con mucha carga negativa. Esto genera un proceso catártico que es el llanto, que libera la carga de cortisol (hormona esteroidea producida por el estrés) que se ha extendido por en cuerpo y que cae al flujo sanguíneo. El llanto libera y la gente se relaja. Sobre eso viene música alegre. El primer momento es el quebrantamiento…dios dice que los ha tocado. La estructura melódica llama a la activación y a cambiar el estado emotivo…”

Rodrigo Moulan, destaca la alta participación de las mujeres (marginales) en las ceremonias “son personas doblemente marginadas por su posición en la estructura social y familiar. Buscan fortalezas ante cargas como el maltrato, la violencia y los problemas familiares”.

El Pentecostalismo es hoy el fenómeno religioso  de mayor crecimiento en Chile, en América y en el mundo con números que ya hasta superan al cristianismo en ciertas regiones. Su fuerza está en que cultiva una forma de religiosidad que pone el centro en la experiencia libre y directa con el espíritu y que además, ritualmente, concentra manifestaciones cuyas características fundamentales son terapéuticas y sanadoras.



Los Ateos también Creen y tienen Pesadillas con Dioses y otros Monstruos




Nací en una familia católica. No diremos que ni mis padres ni mis hermanos ni yo eramos practicantes (o sea, fieles) de esta religión. Éramos apenas esporádicos visitantes de la iglesia y ocasionalmente íbamos a misa. En mi casa no había ninguna biblia  o algún nuevo testamento que tuvieran señales de ser leídos a diario o semanalmente o siquiera una  vez al mes.
Lo que sí, es que el temor a Dios estaba siempre presente en mi mente y en la de todos nosotros.

Sin embargo, aún siendo niño, me costaba una enormidad digerir ciertas “verdades irrefutables” sobre Dios y la Biblia que incluían las mismas palabras que hoy aparecen en la búsqueda de Google sobre la creación del Universo:
«En el principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era soledad y caos, y las tinieblas cubrían el abismo; pero el espíritu de Dios aleteaba por encima de las aguas. ... Vio Dios que la luz estaba bien, y apartó Dios la luz de las tinieblas; y llamó Dios a la luz «día», y a las tinieblas la llamó «noche».
¿Quién podría hoy tragarse esta versión de la creación del Universo que no sea un fanático religioso de la Biblia o algún obnubilado creyente católico-apostólico-romano?

Mientras más leía los titulares del periódico que diariamente llegaba a nuestra casa, más dudaba de las peroratas de los curas hermanos en mi colegio de Mercedarios sobre la existencia de Dios, sobre su misericordia, sobre su omnipresencia o sobre el cielo y la divinidad del Paraíso.

La riqueza, la pobreza, las guerras, el hambre, el dolor y la muerte de millones de seres humanos en manos de unos cuantos monstruosos dictadores me hacían hervir la sangre frente a las imágenes del Papa, el Vaticano, la Capilla Sixtina, el cáliz de oro y las otras refulgentes riquezas de la iglesia.

Lo que más me dolía era aquello de la “misericordia de Dios”. En mi mente, el hambre y la miseria del Mundo se contradecían con la piedad, la bondad o la compasión de aquel de dios y de todos los otros benditos dioses bien asentados en sus tronos. La naturaleza, despiadada y salvaje, tampoco me parecía ser la creación de algún dios clemente, amoroso, compasivo, tierno y bondadoso. 

Muchas veces, muchas, siendo un joven estúpido y rebelde, sintiéndome solo y desesperado, me detuve frente a las puertas de algunas iglesias y sin embargo no fui capaz de entrar porque algo en mi interior me decía que allí no había nada cierto que pudiera servirme de inspiración o de alivio.

Mi abuelo en su lecho de muerte repitió al oído de mi madre -segundos antes de fallecer- una frase que caló hondo en mi corazón: “Mijita, en este mundo estamos solos, solos, solos”.
El tata estuvo postrado en cama por mucho tiempo afectado de un cáncer a la garganta que no le permitía hablar.

No soy ateo para nada. Mi fe está puesta en algo superior que habita en mí mismo y que tiene que ver con un universo místico muy mío. Una conexión espiritual que es parte intrínseca de la estructura de lo que soy psíquicamente. No es un vínculo con dioses. Es una emoción, una voz, una explosión, una llamarada, el hilo de plata de Lobsang Rampa, un cordón umbilical con lo insondable a través de la intuición. Se podrían usar muchas palabras para describir algo que en realidad no tiene cómo describirse. La fe es un asunto demasiado profundo y misterioso como para transformarla en una reseña o alguna explicación.

Millones de personas expertas y eruditas niegan de la existencia de asuntos que tienen que ver con la parasicología (psicoquinesia, telekinesia, precognición…), lo paranormal, incluidas la telepatía o la clarividencia. Alegan que la ciencia no ha sido capaz de probar fehacientemente ninguna de esas cosas. Sin embargo, estas mismas personas no tienen ningún problema en asegurar la existencia de algún dios propio (de los millones que hay y que han habido) y depositar toda su fe en ellos sin que técnica ni científicamente exista prueba alguna de que tales dioses sean o hayan sido reales (¿?)

El mundo es un sitio misterioso, y a la vez un ínfimo grano de arena en medio de un inconmensurable espacio infinito (valga la redundancia). La vida –entre todas las especies que le habitan- es dura, cruel y, a la vez, una espesa batalla por la sobrevivencia. Todas las criaturas –con la excepción del ser humano y algunas pocas especies “inteligentes”- viven entregadas a la suerte de ser depredadores o presas.
La belleza del planeta es, a su vez, mágica y sobrecogedora. 

Sin embargo, me llama la atención la “retorcida mentalidad” que es posible encontrar en la naturaleza respecto de algunos seres vivos, por ejemplo, y que es algo que me hace rechazar de plano cualquier planteamiento de la creación del mundo por algún dios gentil, amable y misericordioso.

Así, la hormiga carpintera de Tailandia tiene un panorama de horror en su vida porque corre el peligro de ser transformada en un zombi debido al espeluznante ataque de un hongo llamado O. Unilateralis, el que es capaz de controlarla y hacer que ella haga exactamente lo que este hongo le ordene.

Pero, lo más extraordinario y espeluznante de este hongo es que no invade el cerebro ni tampoco lo daña para manipular a la hormiga. Lo que verdaderamente hace es transformarse en una especie de titiritero de su víctima. Para lograrlo, le invade el sistema muscular de tal forma, que, es capaz de dirigir los movimientos de las piernas y mandíbulas de su huésped y conducirla hacia algún lugar donde se den las mejores condiciones ambientales para que el hongo pueda reproducirse. Luego, la hace instalarse en la parte inferior de alguna hoja sobre el suelo para finalmente maniobrar los músculos de la mandíbula de la hormiga –ya zombi- y hacer que su boca muerda la hoja para con ello dejarla anclada sobre ella hasta su muerte. Del cuerpo de la hormiga emergen fibras creadas por el hongo que se afianzan firmemente a la hoja dejándola completamente “amarrada”
Sobre la cabeza de la hormiga muerta habrá crecido una especie de ornamenta que lleva las esporas del hongo que le servirán para contaminar a otras hormigas y repetir todo el proceso.

Ni al guionista de Walking Dead o Alien o de cualquier otra película de monstruos terrenales o alienígenas se le habría ocurrido una idea tan espeluznante.

Lo que sí, es que este es un plan demasiado sofisticado, perturbador y macabro como para llegar a creer que esta naturaleza tiene algo de divino en su creación. Ni los 7 días con sus 7 noches –como pregonan algunos sobre la creación del mundo- serían suficientes para inventar una madeja de tamaña monstruosidad (más todo lo demás): O sea, el Universo con Adán&Eva incluidos.





Las Antiguas y Modernas Oscuridades del Alma Humana


El Juicio Fatal del Gallo que Ponía Huevos
Si existe un apelativo agresivo, incriminatorio y temible en el contexto social-religioso para determinar la condición de una persona, “hereje”, es uno de los más horribles que se ha utilizado históricamente para justificar todo tipo de persecuciones, acusaciones, enjuiciamientos, atropellos y crímenes desde los tiempos de la Inquisición y hasta el día de hoy.
La Iglesia Católica (¡era que no!) estuvo durante la Inquisición directamente involucrada en la persecución, encarcelación, tortura y ¡quema! de personas por el hecho de negar la fe católica o de desaprobar el accionar de la iglesia o simplemente por tener la fe puesta en otra religión o leer o poseer libros que esta iIglesia consideraba contrarios a sus principios.
Algunos historiadores católicos, como E. Peters y H. Kamen, sostenían que los datos revelados sobre la Inquisición y la participación de la Iglesia Católica eran tendenciosos y que sólo buscaban desprestigiarla. Sus argumentos señalaban que existía una marcada exageración en los datos y los actos de torturas y quema de “brujas, brujos o herejes” (como se les llamaba a cualquiera que practicara rituales no aceptados por la iglesia católica) porque la cantidad de estas personas asesinadas no pasaba del 30% de lo señalado en las estadísticas históricas de la época.
Para graficar el “error” de tales números, el Simposio Internacional sobre la Inquisición (1988)  ocurrido en el Vaticano, concluyó que la participación de la iglesia católica y la Inquisición fue “muy menor” a la señalada. De hecho, aportó lo siguientes datos sobre las personas asesinadas y quemadas en hogueras, acusadas de “brujería”:
Alemania: 25.000, Polonia-Lituania: 10.000, Suiza: 4.000, Dinamarca-Noruega: 1.350, Reino Unido: 1.000, España: 49, Italia: 36
(¿Le suena a muy pocos?)

O sea, si los números aceptados por el Vaticano correspondieran apenas al 30% de lo señalado por las estadísticas no católicas, entonces estaríamos hablando de masacres de personas en cantidades escalofriantes. A pesar de todo el horror que nos pueda hacer sentir esta triste realidad de esta manifestación de la condición humana, la iglesia católica insiste en que lo señalado por quienes han estudiado este período de la Inquisición y la llamada “Leyenda Negra de la Iglesia Católica”, han sacado los hechos fuera del contexto histórico porque la caza de brujas y/o la persecución de herejes (¿incluida la tortura y la hoguera?) era “un acto aceptado por la mayoría de las sociedades” (¿?)

Así las cosas, en el año de 1474, y cuando la “cacería de brujas” estaba en todo su apogeo, en Basilea, Suiza, se llevó a juicio a un gallo cuyo pecado había sido el de poner un huevo.
La sociedad de la época bajo el yugo fiscalizador de la Inquisición, estaba horrorizada de la existencia de este gallo que ponía huevos. La conexión inmediata de este acto de anti-natura debía tener relación directa con “la brujería y sus siniestros rituales negros”. La gente aseguraba que las brujas utilizaban el huevo para elaborar ciertas pócimas perversas de las cuales saldrían criaturas monstruosas o que también serviría para invocar al demonio mismo en persona.

Durante el juicio en el que, evidentemente, nadie abogó por el pobre gallo, las acusaciones se sucedieron sin ningún contrapeso y al plumífero se le condenó a ser quemado vivo, porque el fuego era –según los delirios de la época- el único método para borrar para siempre la maldad que había usurpado el cuerpo de la criatura. Acto seguido, lo amarraron a una estaca sobre una pila de leños y le prendieron fuego hasta convertirlo en carbón.

Triste destino el del pobre gallo. Nada de esto hubiese ocurrido si el animal hubiese estado poniendo huevos en otra época, en este siglo, por ejemplo. Primero, porque no hubiese sido condenado por una monstruosa Inquisición ni tampoco por una triste sociedad sometida a sus delirios. Y, segundo, porque cualquier conocedor de gallináceos se hubiese dado cuenta que el gallo ponedor de huevos no era sino una ruda gallina marimacha de esas que gustan de hacer cosas de gallos y que también le sueltan su quiriquiquí al sol cuando se levanta. 




Lo que es Bueno Distinguir entre la Espiritualidad y la Religión

(apuntes y sobre-apuntes sobre un escrito que descubrí en alguna parte en la nube)


     Tengo que partir confesando que no creo en un Dios X que está apuntalado por alguna biblia e instalado allá en algún cielo con Paraíso incluido. Lo que sí puedo asegurar es que siento algo místico que está vivo en mi interior. Podría llamarlo de muchas maneras, partiendo por alma o espíritu.
     Creo que es importante tener en cuenta el hecho de que muchas de las cosas negativas que uno le atribuye a todas las religiones son en verdad características de algunas religiones (en especial, del judaísmo, el cristianismo y el islam), pero no de otras (como el taoísmo o el budismo).

     La religión es espiritual y la espiritualidad también puede ser considerada religiosa. Una tiende a ser más personal y privada, mientras que la otra se inclina por incorporar rituales públicos y doctrinas organizadas.

Las líneas entre una y otra no pueden a menudo ser claras o distintivas en función de la interpretación:

-La religión es una fundación creada y establecida por el hombre con la intención de usufructuar del temor, la ignorancia y la incertidumbre de las masas con el fin de ejercer el control del clan, tribu, etnia, raza, pueblo, reino, etc, inculcando la moral, golpeando los egos o lo que sea que hace. Todas las religiones organizadas, estructuradas, no hacen sino eliminar a Dios de la ecuación porque actúan como intermediarios directos de un dios particular. Usted confiesa sus pecados a un miembro del clero, asiste a iglesias elaboradas para rendir culto, le dicen qué rezar y cuándo hacerlo. Todos estos factores, a la postre, lo alejan de Dios y desvirtúan su relación con él.
-La espiritualidad es nacida en una persona y se desarrolla en la persona. Pudiera ser detonada por una religión, o pudiera detonarse por medio de una revelación. La espiritualidad se extiende a todas las facetas de la vida de una persona. La espiritualidad es elegida, mientras que la religión es a menudo forzada desde la niñez. Ser espiritual es más importante y tiene mucho más sentido que ser religioso.
La verdadera espiritualidad es algo que se encuentra profundamente dentro de uno mismo. Es una manera de amar, aceptar y relacionarse con el mundo y la gente que lo rodea. No se puede encontrar la espiritualidad, obligadamente, “creyendo” de una cierta manera ni en el temor a una cierta  "divinidad". Muchos caminos llevan a la espiritualidad, pero todos nacen en el interior de uno mismo.
Considere lo siguiente a favor del camino espiritual:
No hay una sola religión, sino cientos
Sólo hay un tipo de espiritualidad

La religión es para aquellos que quieren seguir los rituales y las formalidades
La espiritualidad es para aquellos que quieren llegar a la ascensión espiritual sin dogmas

La religión es para los que están dormidos
La espiritualidad es para los que están despiertos

La religión es para aquellos que requieren la orientación de los demás
La espiritualidad es para los que prestan oídos a su voz interior

La religión tiene un conjunto de reglas dogmáticas e indubitables que deben seguirse sin cuestionarlas
La espiritualidad te invita a que busques la razón de todo, para cuestionarlo todo y decidir tus acciones y asumir las consecuencias

La religión amenaza y aterroriza
La espiritualidad da la paz interior

La religión habla de pecado y de culpa
La espiritualidad anima a "vivir en el presente" y no a sentir remordimiento por lo que ya ha pasado - Eleva el espíritu y se aprende de los errores

La religión reprime a la humanidad, y nos hace regresar a un falso paradigma
La espiritualidad trasciende todo y hace que uno sea fiel a uno mismo

La religión es inculcada desde la infancia, como la sopa que no deseas tomar
La espiritualidad es el alimento que buscas, que te satisface y que le es agradable a tus sentidos

La religión no es Dios
La espiritualidad es la conciencia infinita y todo lo que es - Es Dios

La religión inventa
La espiritualidad descubre

La religión no investiga y no cuestiona
La espiritualidad lo cuestiona todo

La religión se basa en la humanidad, una organización con reglas
La espiritualidad es divina, sin reglas

La religión es causa de división
La espiritualidad es causa de unión

La religión te busca a ti para que tú creas
La espiritualidad causa que tú busques

La religión sigue las enseñanzas de un libro sagrado
La espiritualidad busca la santidad en todos los libros

La religión se alimenta del miedo
La espiritualidad se alimenta de la confianza

La religión se vive en tus pensamientos
La espiritualidad vive en tu conciencia

La religión es una dialéctica
La espiritualidad es lógica

La religión alimenta al ego
La espiritualidad te hace trascender

La religión te hace renunciar al mundo
La espiritualidad te hace vivir en armonía con él

La religión es adoración
La espiritualidad es meditación

La religión es continuar la adaptación a la psicología de una cofradía
La espiritualidad es la individualidad

La religión sueña con la gloria y el paraíso
La espiritualidad te hace vivir aquí y ahora

La religión vive en el pasado y en el futuro
La espiritualidad vive en el presente, en el aquí y ahora

La religión vive en el confinamiento de su memoria
La espiritualidad es libertad consciente

La religión cree en la vida eterna
La espiritualidad te hace consciente de todo lo que es

La religión te da promesas para la otra vida
La espiritualidad te da la luz para encontrar a Dios en tu ser interior, en esta vida, en el presente, en el aquí y ahora

          Eres Todo Aquello que Es

Fábulas Climáticas de la Internet y Otros Delirios


     

      
      Qué duda cabe que la Internet es un arma tecnológica con posibilidades extraordinarias para conseguir aprendizaje y conocimiento. Obviamente, como toda herramienta al alcance de cualquiera, existe en contrapartida el peligro de ser usada para hacer el mal e inclusive para deteriorar el comportamiento social de la gente, incitando al caos, al odio, a las malas prácticas, al engaño y la falsedad.

      Sabemos que todas las respuestas del mundo están a un clik de distancia, tanto las correctas como las falsas y equivocadas. La Internet es igual a la pistola cargada que se puede usar para defender la vida como para destruirla. Lamentablemente, los seres más oscuros, las mentes perturbadas que disfrutan del engaño o que desprecian a los demás o que culpan al  mundo de los males y las limitaciones que los aquejan, encuentran en el ciberespacio (y desde la intimidad de un ordenador) el sitio perfecto para descargar sus rabias, desvaríos y venenos.

      Allí, la lucha entre el bien y el mal encuentra un nuevo escenario para sus batallas. Pero, éste es un escenario extraordinariamente complejo donde la capacidad virulenta de las armas de ataque y defensa mutan de un día para otro. Mientras el mal hace surgir los monstruos entre virus, troyanos y gusanos desde todos los rincones del ciberespacio, los buenos dedican sus mejores esfuerzos en contrarrestarlos y eliminarlos.

      Lastimosamente (como dicen en algunas partes de Centroamérica), ya sabemos que el ser humano, especialmente al tope de la escala de las ambiciones, la riqueza o el poder, es un bicho raro, una “cosa” compleja tan determinada como inestable, un ser de la era tecnológica que, emocionalmente, aún no ha sido capaz de superar el sesgo animal que lo habita, esa parte del instinto de macho alfa que lo hace apuntar al dominio por encima de los demás y a costa de lo que sea. Su incapacidad de conformarse con lo que es y lo que tiene, sumado a sus ansias de lo ajeno en la conquista de nuevos territorios (sean éstos de extranjeros, vecinos, amigos o parientes) le ha llevado a echar a perder la armonía de las cosas, especialmente de su ambiente, lo que sumado  al abanico de sus ambiciones, ha terminado por transformar todo en una carrera mortal hacia la autodestrucción.

      Se entiende que este es un tema cargante, pero estas advertencias deben de repetirse día tras día. De otra forma, cada uno de nosotros se ve cotidianamente enfrentado a las debilidades que le calzan, y casi sin darnos cuenta, muchos caemos y volvemos a caer en los mismos errores (o en la indiferencia, como resultado de la ignorancia, y viceversa) que han contribuido a ponernos a todos en esta encrucijada. ¿Sirve de algo andar de loro hinchapelotas repitiendo estas frases como amenazas del futuro? Es que la Internet está llena de agoreros que predicen las catástrofes del fin del mundo. Una gran mayoría de ellos se ha encargado de hacer que la gente ya no crea en las consecuencias del caos, del cambio climático, ni tampoco en los cacareos de los ambientalistas. De hecho, hasta se ríen de ciertos anuncios de una nueva era glacial por venir y también de la corriente del Niño, de la Niña o de las predicciones de los “expertos” climáticos de la tele que anuncian lluvias torrenciales para una semana después (y que casi siempre son un vaticinio equivocado).

De hecho, días atrás, tenía que poner una extensión de la techumbre para transformarla en una especie de cobertizo. El “maestro” carpintero, me dijo que vendría a la mañana siguiente a hacer los hoyos y dejar puestos los postes con cemento que sustentarían el techo. Le informé que en la tele habían anunciado lluvias muy fuertes para los próximos 3 días. Se rió. Cuando le puse cara de interrogación, se volvió a reír y me dijo que “esos del tiempo en la tele son gallos que cantan cuando faltan como 3 horas para que salga el sol o 3 horas después que salió. No les haga caso, jefe” -remató.

Efectivamente, no llovió al otro día, pero el “maestro” tampoco apareció. Dejó los palos, las planchas de madera prensada y todo lo demás, afirmados contra un muro. Lo llamé y me contó una película en donde él era la víctima de todo. Le dije que el anuncio de lluvia de los expertos seguía “firmemente” en pie. Se rió. Le insistí que sería mejor que viniera a guardar los materiales porque las planchas de madera prensada se arruinarían con el agua. “Y déjese de reír tanto y venga a hacer la pega”, le dije y me juró de guata que vendría en la mañana temprano.

Tampoco llovió al día siguiente como menos aún asomó el susodicho. El hombre, con una voz apenas audible en el teléfono (que bien merecía un oscar por su fenomenal interpretación de un cadáver viviente con amigdalitis), igualmente soltó la talla:
“No vaya a salir sin impermeable, jefe”, dijo, y me recordó a la voz de Marlon Brando en “El Padrino” en su lecho del hospital después que lo cosieron a balazos.

¿Me van a creer?... De nuevo salió el sol esplendorosamente al día siguiente y el maestro care’raja no apareció por ninguna parte.