The Guilty One

The Guilty One

Orden y Limpieza

por Quino

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La Vida según Quino



...Pienso en que la forma en que la vida fluye está mal. 
Debería ser al revés. Uno debería morir primero, para salir de eso de una vez.
   Luego, vivir en un asilo de ancianos hasta que te saquen cuando ya no eres tan viejo para estar ahí.
Entonces, empiezas a trabajar y trabajar por cuarenta años hasta que eres lo suficientemente joven para disfrutar de tu jubilación.
Luego, fiestas, parrandas, drogas, alcohol...diversión, amantes, novias, novios...¡todo!, hasta que estés listo(a) para entrar a la secundaria...
Después, pasas a la primaria y ya eres niño(a), luego bebé, y vas de nuevo al vientre materno y ahí pasas los mejores y últimos nueve meses de tu vida flotando feliz en un tibio líquido hasta que tu existencia se apaga en un tremendo orgasmo...

                                       ¡¡¡ESO SÍ ES VIDA!!!



El Humor de Verdaguer


“En Acapulco conocí a una hermosa muchacha con la que me divertía muchísimo en la playa enseñándole a nadar, hasta que llegaba la policía y nos mandaba al agua”

"Tengo tantos chistes para contarles que me siento como aquel sultán que cuando cumplió 20 años le regalaron 50 hermosas mujeres. Es decir, sé lo que tengo que hacer, pero no sé por dónde empezar"

"Un humorista amigo mío falleció en la mayor indigencia. Entonces, con otros colegas humoristas decidimos hacer una colecta para enterrarlo. Me dirigí a un señor en la calle y le pedí si podía donar $ 1.000 para enterrar a un humorista. El hombre me entregó $ 3.000 y me dijo "Tome, entierre a tres" 

La primavera, es esa época del año en que las mujeres comienzan a pensar en aquello que, los hombres, hemos estado pensado durante todo el invierno”.

“Era una muchacha bellísima que tenía una figura espléndida…¡qué ojos…qué pelo…qué boca…qué hombros!, etc, etc. Etc, etc, era lo mejor que tenía…”

Según las últimas estadísticas, en el mundo, hay cinco mujeres para cada hombre. De ser esto cierto, alguien lo está pasando fantástico con las cinco que me tocan a mí



La Maldita Cultura

por Alien Carraz



En este mundo de porquería hay muchísima gente que sufre los impúdicos ataques de un ego de dimensiones colosales, un virus violento y seductor, que imposibilita al organismo mental de disfrutar de las cosas comunes y corrientes como si fueran tal cual son, y que obliga al espíritu (encadenado al portador), a transformar las emociones y pensamientos en intrincados pasadizos por donde no se puede circular sin chocar con los muebles ni sufrir delirios de persecución o imaginar remodelados castillos en el aire como piezas de artillería siempre dispuestas a una guerra fratricida.
¿Se entendió?
Nada más pretencioso que la visión antojadiza de un puto experto afeminado tratando de explicar lo inexplicable como un cuadro tipo vómito surrealista que algún pintor con graves problemas emocionales ha desparramado sobre una tela…que la perspectiva, que el trasfondo psicológico de la obra, que la magia intrínseca del movimiento, que el azul destellando en el horizonte…¡paja pura! verborrea transformada en verso para los otros pretenciosos que también quieren aparentar, a pesar de no cachar nada de lo que significa la pintura ni tampoco tener la más mínima conexión cierta con ella.

Los medios de comunicación y sus programas envasados a las carreras, promueven distorsionados conceptos e imágenes del arte que no son más que sucedáneos de moda o jurel tipo atún o cualquier otra inmundicia disfrazada de belleza, como más de alguna de las obras cubistas de Picasso


                                                    ¿Le gusta?

“En gustos no hay nada escrito” dicen casi siempre los que confunden obras de arte con cualquier bazofia. Así también, Salvador Dalí, tuvo sus momentos de “gloria” y quiso exteriorizar sobre una tela aquello que ocurría al interior de sus pesadillas


                                (¿Le gusta?)

Ayer, y tras 103 años de joda por ser él mismo, por no dejarse seducir por los traicioneros pantanos de la fama ni los impúdicos anhelos de la lisonja, Nicanor Parra, se mandó cambiar a una mejor vida y nos dejó sumidos en pensamientos confusos y bajo la garúa de un llanto raro de esos que invitan a reír. Es que a Don Nica no se le puede tomar demasiado en serio porque él nunca lo hizo con nada ni con nadie, y mucho menos consigo mismo.
Parafraseando a Rodrigo Cortéz, tengo que decir que no sé nada de Nicanor Parra y que me carga cuando algún periodista, relator o cantante se refiere a él como el “antipoeta”, porque al utilizar este epíteto cargante nos quieren dar a entender que saben quién es, que lo conocen, que lo leen, que hay complicidad con él, que están muy al tanto de su obra...
Me causa envidia no haberlo conocido.



                                               Epitafio

De estatura mediana,
Con una voz ni delgada ni gruesa,
Hijo mayor de profesor primario
Y de una modista de trastienda;
Flaco de nacimiento
Aunque devoto de la buena mesa;
De mejillas escuálidas
Y de más bien abundantes orejas;
Con un rostro cuadrado
En que los ojos se abren apenas
Y una nariz de boxeador mulato
Baja a la boca de ídolo azteca
-Todo esto bañado
Por una luz entre irónica y pérfida-
Ni muy listo ni tonto de remate
Fui lo que fui: una mezcla
De vinagre y de aceite de comer
¡Un embutido de ángel y bestia!


Otra de Rodrigo

Extracto del libro de Rodrigo Cortés "Sí Importa el Modo en que un Hombre se Hunde"



...En el cielo hay millones y millones de estrellas(…) pero realmente a la vista, entre polución, astros débiles, contaminación lumínica y la propia atmósfera, apenas se ven unas pocas decenas. Y además esta noche hay nubes. Eso significa varias cosas. Una es que los poetas son poetas y no tienen ni puta idea de cómo es la realidad, esa es la primera cosa.Y la segunda es que el mundo, se mire como se mire, es una porquería de mundo: pequeño, mezquino y engañoso; así es el mundo y así es el cielo; y si uno no se puede fiar del cielo que es más o menos igual en todas partes, no se puede fiar de nada. Por eso, tengámoslo claro, no hay forma de tener un avión si no puedes pagar el hangar. Y ese es, precisamente, el tipo de cosas que ningún poeta de mierda encuentra tiempo para contar...

El Ejercicio de Condenar y Fusilar por Todo lo que No Sé y que Deduzco

Woody Allen, usted, yo



     No conozco a Woody Allen. No sé cómo es. No sé quién es. No sé si es un padre atento o descuidado, no sé si tiene animales, si hace favores o los evita, si los pide, si madruga o remolonea por las mañanas. No sé si es leal a su agente o le miente. No sé si es egoísta, miserable; si es afable y generoso. O afable, pero egoísta. O generoso, pero mal padre. Con animales. No sé nada de él. Y tal vez usted tampoco.

No sé nada de Woody Allen ni puedo saberlo, que es lo que le pasa al planeta entero. Puedo hacer como que le conozco por sus películas, si decido practicar un ejercicio de voluntarismo que otros llamarían adivinación; puedo amarlo u odiarlo por ellas, pero no puedo saber quién es. Puedo psicoanalizar sus escenas para un semanario de información general o para un programa de televisión, si me pagan lo suficiente. Si me gusta que me miren y me gusta escucharme. Puedo reducir a certeza cada indicio y labrar en mármol conclusiones a partir de cada línea de diálogo que sepa seleccionar y se ajuste a lo que querría creer de él. Como usted, como cualquiera. Pero no sé nada de él. Usted y yo podemos creer que sí y la realidad seguirá su curso inalterable, ajena a nuestra certidumbre.

«Los servicios de bienestar infantil de Nueva York y el hospital Yale New Haven de Connecticut investigaron las denuncias y concluyeron, por separado, que no hubo abuso. Pero pudieron errar. A veces suceden cosas que luego no pueden probarse»

Si creo que Woody Allen es víctima de una esposa despechada y sañuda es porque he decidido hacerlo. Si pienso que abusó de forma innombrable de una niña de siete años es porque, entre dos presunciones posibles, he escogido la segunda. Porque no puedo saber nada.
Los servicios de bienestar infantil de Nueva York y el hospital Yale New Haven de Connecticut investigaron las denuncias y concluyeron, por separado, que no hubo abuso. Pero pudieron errar. A veces suceden cosas que luego no pueden probarse. A veces alguien se libra injustamente de la condena que merece. Tales cosas pasan. Como a veces alguien acaba acusado por motivos espurios.

Soy director de cine. No es mucho ni es poco. Trabajo con actores. No sé cómo son en casa. Intento encontrar al más adecuado para cada personaje, porque esa es mi responsabilidad como director, ese es mi trabajo. Pido profesionalidad y compromiso, y no puedo ni debo pedir mucho más, porque mi oficio es el de tratar de convertir una película en la mejor versión posible de sí misma, manejar del mejor modo las voluntades diversas de varias decenas de profesionales y llegar al final de la jornada sin rebasar el presupuesto. Si puede ser.

Quizá una de las actrices sea profundamente inmoral y tenga aterrorizados a sus padres. Espero que no. Quizá uno de los actores sea atrozmente injusto con sus hijos y esté llenando sus almas de fantasmas. Ojalá no sea así, espero de verdad que no. Prefiero, como todos preferimos, trabajar con gente buena. Pero no puedo estar seguro de que nadie de verdad lo sea, ¿cómo podría estarlo?
A ninguno le pido -ni puedo pedirle, ni debería poder pedirle- un certificado de conducta sancionado por sus vecinos, ni me entrevisto con sus familiares y conocidos. Porque soy director de cine y ellos son profesionales, y mi competencia afecta a su conducta en el set, igual que ellos no pueden saber si trafico con drogas por las noches o si dono la mitad de lo que gano a la beneficencia: su deber en el set no es el de asegurarse de que yo sea una persona intachable en todos los órdenes, aunque ninguno aguantaría de mí, allí, un comportamiento improcedente.

«¿Firmaría un documento que me obligara a hacerme cargo de las consecuencias exactas derivadas de mi opinión, si la anuncio, a modo de juicio sumario?»

No es función de la policía determinar la ubicación de la cámara, ni la mía -por fortuna para todos- averiguar quién transgrede la ley.
La sociedad deposita en un juez funciones que ningún individuo debería soportar por sí solo. Un abogado tiene su propio mandato, como lo tiene el fiscal. Ninguno puede creer nada, la ley no se lo permite, no es su atribución hacerlo. Debe, en cambio, investigar. Averiguar. Determinar. Y probar.
Así que puedo -si quiero- creer cuanto desee creer, como puede hacerlo usted, de Woody Allen o de cualquiera, ¿quién va a impedírmelo?

Lo que me pregunto es lo siguiente: ¿estoy dispuesto a hacerme responsable de lo que crea de él, esté a favor o en contra; a hacerme plena y completamente responsable de ello? ¿Firmaría un documento que me obligara a hacerme cargo de las consecuencias exactas derivadas de mi opinión, si la anuncio, a modo de juicio sumario -por miedo a la prensa, por miedo a la sangre, por miedo al señalamiento, por inconsciencia-, a los cuatro vientos? Yo, que no soy abogado, que no soy juez. Que no soy Dios. Que soy, quizá, director, articulista, panadero. Presentador estrella. Bailarina. Actriz. Actor. ¿Lo haría? ¿Debería hacerlo?

«Desconozco si Woody Allen es un hombre bueno. Lo ignoro. Quizá lo sea. Tal vez sea un monstruo. Entre un millón de cazadores»

Si un músico no desea trabajar con un productor porque le da mala espina o una directora prefiere no contratar a un maquillador porque no le gusta lo que alguien le ha dicho de él, uno y otra pueden muy bien seguir su criterio. Con ponderación, espero, ojalá que de forma discreta si no tienen la plena certeza de estar en lo cierto. Con la elemental prudencia que su inteligencia les otorgue. Todos en nuestras vidas tomamos a diario decisiones y tratamos de emplear de la forma más juiciosa nuestro discernimiento. Pero si yo mismo, actor, directora, maquillador, músico, periodista estrella, opinadora, estoy dispuesto a acusar a alguien de forma irreparable y pública, a contribuir, con mis palabras, con mi actitud propaladora, a acabar con una carrera -¿una vida?-, a alentar una cacería sin ojos, o con miles de ellos, sin forma ni cerebro, sin gobierno, instintiva, justiciera, arrogándome una prerrogativa que la sociedad no me ha dado, fundándome en algo tan difuso y frágil como mi parecer, más me vale estar dispuesto a hacerme responsable, auténticamente responsable, personalmente responsable, de cuanto con mis actos provoque. U optar por esa quimera que ya nadie considera, la que ya nadie contempla: la de no tener opinión. La de no tener por qué tenerla. La de rechazar la obligación de blandir una siempre, como un estilete. La de ser prudente.
Desconozco si Woody Allen es un hombre bueno. Lo ignoro. Quizá lo sea. Tal vez sea un monstruo. Entre un millón de cazadores. ¿Lo sabe usted? ¿Puede saberlo? ¿Qué es lo que usted y yo sabemos?


Rodrigo Cortés
Director de cine, actor, escritor y guionista

Cómo Ser el más Grande sin Saber Leer ni Tampoco Escribir

por Alien Carraz


Todas la autoridades nuestras a cargo de cualquier oficina, departamento, alcaldía o ministerio, no podrían ejercer el cargo si no tuvieran –como mínimo- el cuarto medio rendido o alguna carrera que avalara que saben algo o que tienen suficientes habilidades (¿me estái hueviando?) respecto del puesto que ejercen.

Piñera, quiere que todo el personal ministerial en servicio activo en su Gobierno, sea un conglomerado de profesionales técnicos expertos, capaces de cachar todo lo que se debe  cachar, y a la vez, sean idóneos para crear, planificar, prever, organizar y hacer lo correcto, preciso y necesario, en vez de la “lamentable sarta de improvisaciones y equívocos” que los esbirros de la Doña (pronúnciese Bachelet)  se han mandado con tanto esmero en los últimos 4 años.

Con guitarra, la cosa cambia. Ya sabemos que los grandes oradores, esos que logran el puesto a punta de verborreas expertas y salivazos que lo salpican todo, muy pocas veces refrendan en la pega lo que abundaba en sus discursos.

La pregunta que yo me hago es ¿Cambia la cosa cuando los “servidores públicos” son lindos y bien tenidos, y en vez de haberse quemado las pestañas en algún post grado de cualquier universidad nacional, estos sabelotodo se fueron de máster en Harvard, Stanford o Cambridge? ¿Hay alguna garantía de probidad con estos muchachos tan bilingües y bien instruidos?

El planeta ha sido testigo de los grandes descubrimientos de connotados científicos devanándose los sesos por sacar al hombre de la oscuridad o la insanidad física con inventos notables como la electricidad por un lado y la penicilina por el otro. Otros hombres con otras inteligencias y sabidurías, ayudaron a extirpar el primitivismo y las tinieblas de las mentes para hacer de la filosofía el arte de pensar y buscar las respuestas acerca de la existencia,  el conocimiento, la belleza, la mente, la moral, la muerte… amén de otras tantas cosas.

Para consternación de todos nosotros y de aquellos que se entrampan por no haber estudiado alguna carrera, y que se limitan por no haber cursado el cuarto medio, déjenme contarles que el más grande de todos los sabios filósofos que ha puesto un pie en esta Tierra, Sócrates, NO sabía LEER ni tampoco ESCRIBIR .



Para entender la significancia de Sócrates entre los otros sabios de la época y de todas las épocas, basta leer lo escrito por el segundo más grande, Platón, con quien Sócrates y Aristóteles fundaron las bases de lo que es hasta el día de hoy la filosofía occidental:

“Doy gracias a Dios por haber nacido griego y no bárbaro, doy gracias a Dios por haber nacido hombre y no mujer, doy gracias a Dios por haber nacido libre y no esclavo,  pero por encima de todo  agradezco a Dios haber nacido en el siglo de Sócrates”.

Seguramente, a Piñera le importará un pucho lo de Sócrates. Y, a lo mejor, tampoco le interesará, a la hora de reclutar expertos para que nos saquen de este oscurantismo burocrático (y municipal), que, Thomas Alva Edison, inventor de la ampolleta y el fonógrafo (entre otros miles de  inventos) cuando niño alcanzó a estudiar en la escuela apenas 3 meses antes de ser enviado de vuelta a su casa acusado por el señor director de “estéril e improductivo”. Su madre se transformó en su maestra. De ahí en adelante todo fue un “hágalo usted mismo” para Alva Edison y con ello pavimentó su camino hacia la genialidad.

Posiblemente, Piñera, pensaría en grandes ingenieros si tuviera que lidiar con asunto aeronáuticos. Así también lo pensaba William McKinley, presidente de USA de la época, cuando confiaba en que la primera máquina voladora sería finalmente inventada por el gran ingeniero, astrónomo, físico e inventor Samuel Langley. Sin embargo, fueron los hermanos Wirbil y Orville Wright, unos autodidactas que nunca pisaron una universidad, los que a punta de cachativa y mucho esfuerzo, lograron desarrollar el primer avión y además construyeron el motor que lo puso a volar.

Hoy, en este siglo cibernético, se puede aprender a hacer casi cualquier cosa sin tener necesariamente que pasar por una escuela de especialistas. Es cuestión de escribir al principio la palabra “¿Cómo…” en el computador, y se desplegará un sinfín de posibilidades. Revise las respuestas que repiten la misma fórmula varias veces y…aplique. Así hicimos, mi mujer y yo, para construir nuestra casa de 100 m2 que estamos ya a punto de inaugurar y que nos quedó ¡hermosa, cómoda y confortable! Y que, además, nos costó menos de la mitad de lo que nos cobraba un constructor.

Una cosa es ser un ingeniero, científico, arquitecto o médico, y otra muy diferente es dirigir un ministerio. No hay garantía alguna, en términos de habilidad administrativa o política, en la gestión de un profesional universitario. De hecho, la gran pifia de Piñera en su primer mandato fue justamente confundir la “tecnocracia” con la administración gubernamental.

Sócrates, dijo sobre sí mismo: “Sólo sé que no sé nada”. 
¿Cuántos políticos se atreverían a decir tal cosa?




La Prensa, la Política y el Fútbol

por Alien Carraz


En Chile, la prensa es generalmente, escandalosa, exagerada, amarillista, inexacta, inescrupulosa y hasta iletrada. Más que informar, tiene como objetivo vender.
La prensa, ofrece y promueve –además de algunos visos de cierta realidad- escándalos, copuchas, murmullos, chimuchina, cahuines y supuestos. Ni se inmuta para decir cualquier cosa que, a unas cuantas horas, ya es otra, y que al día siguiente puede ser hasta todo lo contrario.
Vivimos inmersos en una sociedad consumista donde existe una maquinaria publicitaria monstruosa e impúdica, la que no tiene moral ninguna a la hora de representarnos las maravillas de un X producto sin importar en lo más mínimo que tales cualidades NO existan. Lo verdaderamente importante no es defender el nivel del consumo sino extender el consumo a como dé lugar y de la forma que sea.

Coca Cola, por ejemplo, se gasta en el mundo decenas de millones de dólares en publicidad para convencernos que es “La Chispa de la Vida”, cuando todos sabemos que es un brebaje de porquería que no sirve para otra cosa que para darnos la ilusión de quitarnos la sed o la de integrarnos (ilusoriamente) a un paquete gringo en tono paraíso donde hay jolgorio y chicas deliciosas que comparten con uno mientras bebemos con fascinación el mismo brebaje que también sirve para destapar el inodoro o para quitarle el óxido a un clavo del seis.
¿Somos tan weones los seres humanos consumistas?

Gracias a la prensa, sabemos todo lo que pasa, aunque aquello que “pasa” no es necesariamente lo que en verdad ocurre. Es decir, no sabemos casi nada de la realidad porque el “virtualismo” ya es parte integral del juego de las noticias y de la vida misma a través de las redes sociales, del whatsapp o de los anuncios publicitarios en cualquier esquina…

                                                                                                
Por alguna razón que me resulta inexplicable, la prensa tiene especial predilección por la política. En una sociedad que mayoritariamente está cada vez más lejos de la parafernalia, el doble estándar y el discurso del que hacen gala los políticos, no se entiende bien que la prensa le dé cabida con tanto esmero y dedicación a ese palabrerío decadente que no es otra cosa que un discurso repetido millones de veces y cuyo propósito de fondo es hablar maravillas de sí mismo (y de su conglomerado) culpando a todos los otros o a cualquiera de ellos, de todos los males que nos aquejan.  Un juego cansino, fome y predecible. Como un partido de fútbol malísimo, pero que el relator se afana en transformar en un gran encuentro a través exagerar y ponerle color a las acciones de un juego intrascendente en el que la pelota va y viene, sube y baja, pero nunca llega a las porterías, porque a esas alturas ya todos sabemos que se está cocinando un 0-0. 


En el fútbol como en la política -aunque con nombres diferentes- está “técnicamente” permitido el engaño, el fingimiento, la zancadilla, el “foul” táctico y un sinfín de otras triquiñuelas que, en la calle –donde circulamos los comunes y corrientes- serían suficientes para  pasar por  sucios, tramposos y hasta por delincuentes.

Lamentablemente, la política es un mal necesario e imprescindible. Su maldita utilidad fundamental está centrada en “el ejercicio de las estructuras del poder, con el propósito de resolver, equilibrar o minimizar el choque de intereses que se producen dentro de una sociedad”.
(¡Linda verborrea!)

Lo que contamina y corrompe los fundamentos de este ejercicio, es la cantidad de ego y avaricia que se despierta casi naturalmente en las esferas del poder.
La especulación no tiene límites en el juego de informar como tampoco en el fútbol y mucho menos en la política donde el objetivo de aportillarse unos a otros es muchísimo más importante que resolver los verdaderos problemas que atañen a la gente.
Entre Piñera y Guillier se dijeron porquerías que en la calle alcanzarían para provocar palizas fenomenales, pero que en política no son más que bazofias que se practican en comité NO para insultar al contrincante (acuérdese que luego, sin cámaras, se van en puros abrazos) sino sólo para impresionar al baboso del voto, NO sólo para que éste vote por el que insulta mejor sino también para que NO vote por el insultado que no supo sacarse el pillo.
¡Está de cajón!, dirá usted. Sí, claro. Pero, ¿No le parece penca el procedimiento?

En fin, ¿Para qué me meto en weás?, decía un amigo mío al que le encantaba desmenuzar la caca con un palito.


Fábulas Cristianas: Cuando la Santidad Protege a sus Demonios

por Alien Carraz


La fe, es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”, explica Pablo (Hebreos 11:1). Un concepto que pone de manifiesto que la emoción intrínseca que impulsa la fe es la creencia en cualquier cosa, persona o deidad que se haya implantado en el consciente colectivo de la gente por la razón o la fuerza o por amor o por miedo. O también, por todo junto.



Los dioses conocidos que pueblan la Tierra, hoy, son alrededor de 4.200
CUATRO MIL DOSCIENTOS dioses y su equivalente en CUATRO MIL DOSCIENTAS RELIGIONES.

O sea, en términos futbolísticos, la religión católica, con Jesús, la Virgen María, el Papa, la Biblia, el Vaticano y unos 2.350 millones de creyentes incluidos, viene a ser como el Real Madrid de las religiones.

El Islam, con Alá, Mahoma, el Corán, la Meca y unos 1.350 millones de fieles, sería como el Barcelona (con Messi incluido).

El Hinduismo, levemente más atrás, y con un número cercano a los 1.050 millones de fieles, se presenta como una de las  religiones más antiguas del mundo (1.400 a 1.500 años antes de la creación del cristianismo). Su complejidad es abrumante y es casi imposible seguirle la pista, a menos que usted sea un culto creyente nepalés o indio y tenga la capacidad para no perder la fe en una religión que ha llegado a tener hasta 330 millones de dioses. Aunque, Brahma, está primero en la lista de todos ellos.



                                                      Brahma

Imposible sería describir el resto de las 4.200 religiones que se reparten por todos los rincones del planeta y otras muchas que han surgido últimamente, como, por ejemplo:
Nuwaubianismo (un derivado del islamismo de raza negra y su creencia de que son descendientes de extraterrestres, los annunaki )
Iglesia de la Eutanasia, cuya máxima y único mandamiento es “No procrearás”
Iglesia de los Subgenios, una orden de fieles herejes y blasfemos con dedicación exclusiva a la libertad absoluta (¿?)
Secta de Osho, fundada en USA por un gurú llamado Bhagwan Shree Rajnees (quien, con la astucia imprescindible que se requiere para triunfar en el mercado de la fe, se cambió tamaño nombre por el de Osho). Este nuevo empresario religioso alcanzó gran popularidad entre los gringos ricos de Oregon, promoviendo un culto en el cual la pobreza material es la gran vía de la elevación espiritual. Como buen político de última generación, tenía muy claro que en este negocio no es requisito ser tan, pero tan consecuente. Por lo tanto, y gracias a este estupendo convencimiento, más el gentil auspicio de sus fieles, amasó para sí mismo una enorme fortuna, hasta el punto de hacerse fotografiar rodeado de riquezas  y conduciendo alguno de sus 94 Rolls Royce.
Su máxima patudez ha sido insistir, a quien quisiera escucharle, que su ostentación no era para beneficio propio sino para demostrar la fatuidad del materialismo de la sociedad estadounidense… (¡Já!)

Como persona sensible, pensante, medio cínica, medio generosa, medio egoísta y sospechosamente buena gente, me declaro escandalosamente sorprendido de la vulnerabilidad humana de tanta gente con respecto de sus dudas y temores existenciales.  A pesar de mis debilidades y miedos, especialmente sobre aquello por venir después de la muerte, me declaro incompetente para inscribirme en ninguna de las 4.200 religiones, y mucho menos a rendirle pleitesía a un señor llamado Francisco.


Francisco, argentino de nacimiento y Papa, jefe máximo de la Iglesia Católica, quien, muy lejos de la supuesta santidad de su investidura, amparada por la institución que lo cobija (más una gran mayoría de los 2.350 millones de fieles que lo reverencian),  viene a Chile como el representante terrenal de un dios divino, pero,  a la vez,  se niega a dar un  espacio de consuelo y mea culpa –presencialmente- a muchos de aquellos fieles de su iglesia que fueron abusados sexualmente de forma oportunista, vil y despiadada por algunos miembros de casi todas las jerarquías de esa misma iglesia y que –valga la redundancia- él preside y pastorea como Sumo Pontífice y Vicario de Cristo en la Tierra.

"Es necesario que las (simples) palabras de perdón, vergüenza y dolor que ha expresado el Papa durante su visita a Chile se transformen en acciones concretas, para erradicar de las filas de la Iglesia a todos quienes se han aprovechado de la asimetría de poder que les da su ministerio y han abusado sexualmente de niños, niñas, jóvenes y personas vulnerables. Y también a todos quienes han encubierto activa y pasivamente estos abusos".
(Declaración efectuada por la agrupación de las víctimas de abusos del sacerdote Fernando Karadima).

¿Qué principios de lealtad con sus fieles, de amor al prójimo o de “amor cristiano” puede haber en este representante máximo de esta iglesia, quien antepone intereses institucionales y calculados gestos proteccionistas, por sobre la obligación moral, católica (en su presunción divina) y en justicia con aquellos niños y jóvenes que perversamente  han sufrido el abuso, la humillación y el agravio por parte de quienes son miembros de esa iglesia y que están allí, juramentados  ante su dios, para protegerlos, orientarlos y entregarles amor y sabiduría?

Resulta del todo impresentable que una religión que presume caridad, divinidad y misericordia, no sea capaz  de abrir su corazón a sus feligreses. Es como una madre que no sabe amar a sus hijos o que es incapaz de conectar su corazón con el niño que carga en su vientre.

Francisco, calla calculadamente y les da la espalda a las víctimas de estas perversas agresiones. Con ello, entrega señales inequívocas de que existe descaro, cinismo, arrogancia y soberbia en la iglesia católica, porque refleja la incapacidad de sentir vergüenza por su ineptitud,  abulia e indiferencia a la hora de intentar romper la inercia de los abusos sexuales que recurrentemente están ocurriendo entre sus miembros y en contra de niños.


El Peligro de las Cabezas Huecas que Disparan al Bulto

por Alien Carraz


          La dificultad de tomarse demasiado en serio radica en que hay un ego exacerbado que siempre está presente en las emociones y los pensamientos y, por consecuencia, en la actitud y en las palabras que salen de la boca. He luchado toda mi vida por abandonar al farsante que llevo dentro, aquel tonto sometido a la exaltación pretenciosa que quiere pavonear sobre sí mismo algo que no es o que no tiene. Lo he repetido muchas veces: hoy en día vivimos insertos en un planeta impostor y mercantil que no se inmuta en lo más mínimo ante la irrelevancia de la verdad o la tergiversación de la realidad. Así, por ejemplo, las etiquetas de algunos productos enlatados o en cajas que consumimos cotidianamente como alimento, traen impresas una verborrea publicitaria que se parece a los discursos de un vendedor de automóviles usados, y que entre los ingredientes descritos en ellas se incluyen unos caracteres químicos que son como un listado de una fórmula para hacer dinamita o algún veneno para matar cucarachas.


      Todos compramos estos alimentos y los comemos sin saber a ciencia cierta qué es lo que tragamos. Estamos entregados a la creencia ingenua que todo está bien porque las burocráticas autoridades sanitarias nos indican que ellos hacen su trabajo y que “tienen muy clara la inocuidad” de los estrafalarios nombres químicos impresos en las etiquetas. Pero, como básicamente no sabemos nada de los aparatos mecánicos y electrónicos que usamos, y tampoco de las cosas envasadas que nos llevamos a la boca, paulatinamente hemos ido perdiendo la conexión de nuestros sentidos con todo lo que nos rodea y, especialmente, con la naturaleza de las cosas. De hecho, muchos niños de las metrópolis de hierro y cemento no sienten ni vislumbran a un pollo como un animal vivo que sale de un huevo que ha puesto una gallina, sino como un paquete tipo sachet que se compra entero o por presas en un supermercado.
      Esto, no tiene demasiado de alarmante. Es apenas otro más de esos pasos acelerados por la acción del hombre en el camino de su propia evolución en la era industrial y tecnológica, en medio de una carrera de masificación a través de la modificación genética y en pos de satisfacer las demandas alimentarias de la gente y del planeta entero donde haya poder adquisitivo. La intuición, las evidencias, los cambios climáticos, las conclusiones alarmantes de una mayoría de los científicos y los números que corroboran estas señales negativas -todo al unísono- indican que el planeta en general -y bajo la batuta de los imperios políticos y económicos que dictan las tendencias- no va por buen camino.
      Cuando uno observa lo que sucede en Estados Unidos con los triunfos políticos de un personaje de la extravagancia bufonesca de Donald Trump, es posible predecir que la fuerza vital, la energía de la inteligencia ciudadana, anda dando de botes en algún vacío insondable, tal como la bolita aquella en una cabeza hueca. La gente tiene necesidades que nacen de la incertidumbre y el desasosiego. No hay confianza en las fuerzas políticas y gubernamentales, ni en el Estado ni en la Cia ni en el FBI ni tampoco la hubo en Obama. La gente estaba cansada de lo mismo con lo mismo y prefierió verse reflejada en un candidato anti-clásico -un deslenguado transgresor y millonario, hecho a sí mismo- que en un político típico, de escuela, sostenido en la retórica clásica y una verborrea ídem.
      El mundo, corre el peligro que un tipo de esta laya se haya hecho con el poder y acreciente e intensifique las rivalidades y odiosidades de una exacerbada parte del planeta en guerra permanente contra los Estados Unidos. Al igual que su discurso arrogante y pendenciero de acabar con el Isis en un tiempo mínimo, pueda servir más para reactivar los planes maquiavélicos de las falanges violentas del islamismo, incrustadas subrepticiamente dentro del territorio estadounidense, y también repartidas en muchas capitales del mundo.
      La mentalidad de Trump se adjunta a la de aquellos perfectos oportunistas sin escrúpulos que tienen un plan rompedor de moldes para impresionar a los impresionables hastiados de las promesas de siempre y ansiosos de cambios y nuevas promesas (sin importar mucho si parecen delirios). Lo de Trump es como el idiotismo que se nos revela acerca del “idealista” aquél (llámese sociópata o terrorista), Salah Abdeslam, perpetrador del ataque en Paris. Su abogado lo describió con todas sus letras: “Es un pequeño idiota de Molenbeek (Bruselas) involucrado en delitos menores; es más un seguidor que un líder. Tiene la inteligencia de un cenicero vacío. Es el ejemplo perfecto de la generación del “Grand Theft Auto” que cree vivir en un videojuego. Cuando le pregunté si había leído el Corán, me dijo que había leído algunas interpretaciones en Internet”. 
      O sea, todo aquello de ¡Alá es Grande! que se utiliza para matar a discreción y a personas indefensas, justo en el momento de apretar el botón o descargarles impúdicamente ráfagas de metralleta, no es más que una frase de campaña, un grito de guerra, una bazofia que tiene la conexión con algún dios como la de un martillo con la cabeza de algún clavo.